Una propuesta vecinal surgida desde San Marcelino y otros barrios del sur de València plantea recuperar parte del patrimonio histórico de la huerta y convertirlo en un nuevo atractivo turístico y cultural de la ciudad.
La iniciativa pone el foco en alquerías, barracas, acequias y otras construcciones tradicionales que todavía permanecen en diferentes zonas del sur de València, algunas de ellas deterioradas, vandalizadas o directamente en estado de ruina.
Entre los ejemplos difundidos aparecen una alquería situada entre Camí Real y Turianova, una antigua cebera de San Marcelino, la conocida barraca del Tío Tonet, en La Torre, y varios elementos vinculados a la red histórica de acequias.
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Recuperar el patrimonio antes de que desaparezca
Los impulsores de la propuesta reclaman que estas construcciones sean limpiadas, acondicionadas y, cuando sea posible, abiertas al público.
La idea sería organizar visitas y promocionar este patrimonio como una alternativa turística basada en la historia de la huerta valenciana y en la identidad de los barrios del sur.
La propuesta sostiene que alquerías y barracas poseen un importante valor histórico y etnológico y advierte de que, si no se actúa, algunas podrían terminar desapareciendo por el abandono y el deterioro.
Un modelo de turismo diferente
La iniciativa también plantea utilizar este patrimonio para fomentar un turismo más cultural, tranquilo y vinculado a la historia local.
Los vecinos que promueven la idea contraponen este modelo al turismo de ocio nocturno que, a su juicio, genera molestias en determinados puntos de la ciudad. Se trata, por tanto, de una reivindicación que combina la conservación patrimonial con la búsqueda de nuevas formas de atraer visitantes.
Uno de los planteamientos consiste en que los ingresos obtenidos mediante visitas u otras actividades relacionadas con estos espacios pudieran reinvertirse en su propia conservación y restauración.
Alquerías, barracas y acequias del sur de València
La huerta valenciana conserva todavía numerosos elementos que explican cómo se organizó durante siglos el territorio que rodeaba la ciudad.
Las alquerías servían como viviendas y explotaciones agrícolas; las barracas se convirtieron en uno de los símbolos más reconocibles de la arquitectura tradicional valenciana, mientras que las acequias constituyen una parte esencial del histórico sistema de regadío.
Sin embargo, el crecimiento urbano y décadas de transformación del territorio han dejado algunos de estos elementos rodeados de carreteras, nuevos barrios y solares.
Desde San Marcelino reclaman ahora que ese patrimonio deje de permanecer olvidado y se incorpore a la oferta cultural de València.
La propuesta queda sobre la mesa: recuperar lo que todavía permanece en pie antes de que una parte de la historia de la huerta desaparezca definitivamente.







