29 de abril de 2025
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Vuelo de 14 horas termina en un inesperado apagón de 15 horas en Valencia

Un vuelo de 14 horas y un apagón de 15

El trayecto entre Shanghai y Pekín toma apenas dos horas en avión. A esto se suman otras 12 horas para llegar desde Pekín a Madrid. El tren de alta velocidad (AVE) a Valencia iba a completar el viaje en menos de dos horas, marcando el final de unas cortas vacaciones para Claudia y su hijo de 6 años. Sin embargo, su regreso se transformó en una prolongada odisea de 15 horas llenas de apagones, incertidumbre, preocupación y algo de miedo, en un día sin precedentes en España. A veces, lo más deseado es sencillamente «llegar a casa y darse una ducha».

Alto en su recorrido, Claudia pensó inicialmente que se trataba de una incidencia común. Sin embargo, pronto supo la verdadera causa: “La gente decía que se había ido la luz. El maquinista habló por megafonía informando que era un problema de Adif y que recibiríamos más información”. La situación en el tren se deterioraba rápidamente. “Nos avisaron que apagarían el tren para ahorrar batería”, por lo que las puertas permanecieron cerradas causando un calor sofocante en los vagones. Finalmente, las abrieron en un intento de ventilar. Sin embargo, no era posible bajar del tren, y el acceso a los baños se permitió tras insistentes demandas de los pasajeros. “No había agua. Imagina el olor, todo lleno de orina”.

La cafetería del tren pronto se colapsó, aunque al menos se distribuyeron dos botellas de agua. Posteriormente, se inició el desalojo por vagones. Afortunadamente, el tren se detuvo cerca de un apeadero de Adif, donde decenas de pasajeros esperaron la llegada de los servicios de emergencia. “Descendimos por una escalera hasta una plataforma con un vestuario y dos baños”.

La situación mejoró ligeramente, pero no para todos por igual. Algunos pasajeron tenían cobertura, otros acceso a mensajería instantánea, mientras que los más desafortunados estaban incomunicados. Claudia, sin su tarjeta española, no podía enviar mensajes ni hacer llamadas. La situación se complicaba cerca de Castillejo de Iniesta (Cuenca). “Llegó la Guardia Civil. Algunas personas intentaron hacer autostop en la autovía”.

El hambre comenzó a hacerse sentir. “Alguien trajo pan y algo de jamón, e improvisamos unos bocadillos”. Permanecieron allí hasta las nueve de la noche. “La Guardia Civil nos ofreció acercarnos a un área de servicio si alguien iba a buscarnos”. Quienes no tenían esa opción debieron quedarse en el tren de Ouigo.

Finalmente, todos fueron llevados al área de servicio La Estrella; aunque al llegar al restaurante, no había luz. Desde allí, quienes lo desearon pudieron trasladarse a un polideportivo en Iniesta. Su alcalde, Javier Monsálvez, organizó un dispositivo para asistir a las familias. “Fueron muy amables, repartieron bocadillos, sábanas y colchones. Una vecina incluso me ofreció su casa”.

El cansancio y el desfase horario llevaron al sueño en el polideportivo de Iniesta. “A las dos de la mañana, mi hermano me despertó: ‘Venga, que nos vamos a casa’, fue lo primero que me dijo, y lo primero que recordé este martes al despertar en Valencia”.

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