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El enigma de las sillas perforadas y su relación con la leyenda de la Papisa Juana
¿Qué eran estas sillas?
En la Edad Media existían dos sillas singulares, de mármol, con un orificio circular en el centro del asiento. Se encontraban en el Palacio de Letrán, el centro papal antes del traslado definitivo al Vaticano. Estas sillas han sido documentadas desde al menos el siglo X y aún pueden verse hoy en museos de Roma.


Conocidas como “sedes stercorariae”, su propósito exacto ha sido objeto de debate durante siglos. Su diseño inusual, con un asiento abierto, ha dado lugar a múltiples interpretaciones, tanto simbólicas como escatológicas… y legendarias.
¿Un ritual para verificar el sexo del Papa?
Uno de los mitos más persistentes que rodea estas sillas es el supuesto ritual de verificación de género del nuevo Papa. Según versiones populares que comenzaron a circular entre los siglos XIV y XV, una vez elegido el pontífice, debía sentarse en una de estas sillas mientras un cardenal o diácono verificaba táctilmente que era, efectivamente, varón.
Este rito apócrifo habría surgido después de la difusión de la leyenda de la Papisa Juana, como una forma de “prevenir que se repitiera el error”. El inspector, al comprobar la virilidad del elegido, habría exclamado la frase:
“Duos habet et bene pendentes”
(“Tiene dos, y cuelgan bien.”)
Aunque no hay registros oficiales ni litúrgicos de que semejante práctica formara parte del ceremonial de entronización papal, la fuerza simbólica de esta imagen contribuyó a alimentar la leyenda medieval, reforzando la supuesta existencia de Juana.
¿Cuál es el origen real de las sillas?
Los historiadores modernos tienden a rechazar esta interpretación literal o ritualista. En cambio, se proponen varias explicaciones más razonables y menos legendarias:
1. Simbología de la humildad
Las sillas podrían haber formado parte de un ritual romano heredado, destinado a recordar al Papa que, a pesar de su dignidad, sigue siendo humano. La postura incómoda, la forma abierta del asiento o la posición frente a otros prelados podrían simbolizar la humildad del nuevo pontífice ante Dios y la Iglesia.
2. Relación con el Antiguo Testamento
Algunos estudiosos han sugerido una conexión con el simbolismo del “desecho del trono”, como se refleja en ciertos pasajes bíblicos que aluden a lo efímero del poder humano. El hecho de sentarse en una silla con una abertura podría recordar que todo poder terrenal es pasajero.
3. Función higiénica o doméstica reutilizada
Otras hipótesis apuntan a que las sillas eran asientos comunes de baño o “latrinas de mármol” que fueron reutilizadas o reinterpretadas a lo largo del tiempo. El uso de elementos antiguos (romanos o bizantinos) era común en la Edad Media, y la iconografía cristiana muchas veces recicló materiales con nuevos significados simbólicos.
📜 ¿Por qué vincularlas a la Papisa Juana?
La leyenda necesitaba elementos visuales o rituales “reales” que le dieran credibilidad. Las sillas perforadas ofrecían el pretexto perfecto para explicar cómo, a partir de entonces, la Iglesia se aseguraba de que el Papa fuera hombre.
Así, estos objetos tangibles reforzaron un relato ficticio, dando la ilusión de historicidad a una historia que, de otro modo, habría sido vista como simple fábula.
🧩 Conclusión
Aunque la idea de un ritual genital tras la elección papal carece de base documental sólida, la existencia de estas curiosas sillas ha sido un fertilizador perfecto para el imaginario popular. Como ocurre con muchos mitos medievales, la mezcla de elementos reales, simbolismo ambiguo y narración poderosa dio origen a una historia que ha perdurado por siglos.
Hoy en día, las sillas perforadas son un símbolo más del misterio, el poder y la teatralidad que envuelven la historia del papado y de la legendaria Papisa Juana. ¿Representan un ritual olvidado? ¿Una sátira transformada en tradición? ¿O simplemente un ejemplo de cómo la historia y la leyenda se confunden en el tiempo?