No hay un día que no pensemos en la comida, desde la banalidad que representa un antojo hasta lo importante que es prevenir el hambre. Para la sociedad, el alimentarse, además de ser considerado un acto placentero, es una necesidad básica y una prioridad vital para el organismo humano.
Dentro de lo que es la alimentación saludable, hablaremos del concepto de la misma respecto a la tercera edad, que resulta fundamental para su bienestar y su calidad de vida. Este criterio lo sigue a rajatabla la residencia La Saleta Alaquas, con una alimentación local, tradicional y saludable como uno de sus pilares fundamentales. Para ello, ofrece doble opción de menús, dietas personalizadas según necesidades y texturas modificadas. Además, escuchan las propuestas y cocinan de forma casera, para que los usuarios se sientan como en casa.
En primer lugar, cabe destacar la diferencia entre nutrición y alimentación, ya que la primera hace referencia a los mecanismos biológicos, metabólicos y de absorción celular de los nutrientes en el organismo humano. Por su parte, la alimentación contempla el aspecto social en el que las personas se organizan y se desarrollan para cubrir la necesidad alimentaria, bajo las recomendaciones nutricionales establecidas como óptimas y necesarias.
Con el paso del tiempo, los alimentos procesados se han identificado como responsables de comorbilidad, ya que poseen sustancias dañinas para la salud como el azúcar, el sodio o las grasas trans. Además de su bajo aporte nutricional, se producen a gran escala, ya que el nuevo estilo de vida limita el tiempo para cocinar y preparar alimentos. Por lo que es necesario implementar estrategias, como la de la residencia La Saleta Alaquas, para reducir el consumo de bebidas y alimentos industrializados, y así, dejar de lado las enfermedades asociadas a una mala alimentación, que sigue siendo la primera causa de morbimortalidad.
Una dieta inadecuada, el sedentarismo y la poca información sobre los alimentos, contribuyen al deterioro de la salud nutricional, pero también existen otras determinaciones sociales de la salud implicadas en el estado nutricional de la población adulta. La principal problemática son las enfermedades crónicas no transmisibles como consecuencia de la malnutrición. Y es que, las diez primeras causas de muerte y enfermedad están asociadas al estilo de vida y a la alimentación, tales como la diabetes mellitustipo, las enfermedades cerebro-vasculares, la hipertensión arterial y los tumores malignos, acortando la esperanza de vida y empeorando la calidad.
Las enfermedades crónicas son irreversibles y conllevan un tratamiento continuo y una dependencia farmacológica. Además, cuando no se lleva un seguimiento médico adecuado, generalmente se desarrolla alguna discapacidad, mermando el estado físico y mental de quienes las padecen. Por ello, una alimentación saludable resulta indispensable.
Factores alimenticios en la tercera edad
La población adulta mayor aumenta a gran velocidad, por lo que se prevé que para el año 2050 existirán casi 395 millones de personas de más de 80 años, es decir, aproximadamente cuatro veces del número total actual.
A pesar del aumento de los años de vida, cuando se habla de esperanza de vida saludable, ésta se reduce considerablemente, ya que existe una gran posibilidad de que la vejez venga acompañada de la aparición de enfermedades asociadas a una mayor dependencia, que afectará a la calidad de vida de la población envejecida.
Ante esta situación, debemos ser más conscientes y mirar el envejecimiento con mayor empatía como fase natural de la vida. La forma en que envejecemos y vivimos este proceso no sólo depende de la estructura genética, sino también, y de manera notable, de lo que se ha hecho durante la vida.
En edad adulta, debemos prestar mayor atención a la actividad física y a la nutrición. Asimismo, las elecciones alimentarias y los factores del estilo de vida deben adquirir mayor importancia para aquellas personas que lidian con una enfermedad crónica. Durante la adultez, el enfoque se debería centrar en preservar la salud, mantener un peso saludable y demorar o prevenir el inicio de las enfermedades crónicas. Para ello, es fundamental consolidar hábitos con el fin de conservar la salud.
Algunas de las recomendaciones alimentarias básicas para adultos son:
- Consumir más frutas y verduras, granos integrales y fibra así como productos lácteos bajos en grasas
- Limitar la ingesta de grasas saturadas, evitar las grasas trans y aumentar el consumo de pescados, carnes magras y aves
- Seleccionar más alimentos ricos en nutrientes y menos alimentos con deficiencias nutricionales
- Limitar el consumo de azúcares, en especial las bebidas azucaradas y los postres basados en granos
- Mantener una baja ingesta de sodio
- Practicar alguna actividad física de manera regular
- Equilibrar la ingesta de energéticos con el gasto de los mismos para mantener o lograr un peso saludable
“Calidad de vida”
El término “calidad de vida” empezó a utilizarse a principios de la década de los 60 como una reacción a los criterios economicistas y de cantidad que se rigen en los llamados “informes sociales” o estudios de calidad de vida.
Analizar la calidad de vida de una sociedad significa alcanzar las experiencias subjetivas de los individuos que la integran, lo que implica conocer cómo viven y qué expectativas de transformación de estas condiciones desean, además de evaluar el grado de satisfacción que consiguen. (Peña Pérez, et. al, 2009)