24 de mayo de 2025
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La tormenta después de la tormenta: la crisis del FLA, el apagón mediático y el ninguneo a los medios valencianos

Sin fondos del FLA ni participación en las campañas de la DANA, los medios de comunicación valencianos denuncian abandono institucional y temen por su supervivencia.


A veces, las tormentas no vienen del cielo. Vienen del silencio, de la falta de respuestas y de la desconexión crónica entre quien decide desde un despacho en Madrid y quien informa desde un bar de Alzira, una rambla de Orihuela o un polígono de Castellón. Lo que estamos viendo con el Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) no es solo un problema de tesorería. Es una sacudida que está dejando a toda la Comunitat Valenciana —sí, así, sin acento— con el agua al cuello, y no precisamente por la DANA.

Porque no, esto no va solo de millones. Va de principios, de respeto institucional, y de un derecho tan básico como olvidado: el derecho a estar informado, desde lo local y para lo local.

El FLA: esa cosa invisible que sostiene (o derrumba) todo

Si alguien pensaba que el FLA era solo una sigla burocrática más, que se prepare para la ducha de realidad. Este fondo extraordinario, que debería haberse activado para evitar que las autonomías colapsen como castillos de arena mojada, sigue sin llegar. Y en Valencia, la cosa no pinta bien. Más de 1.455 millones de euros en deuda comercial, según ha reconocido el president Carlos Mazón, y un horizonte financiero que parece sacado de una película de catástrofes… sin presupuesto para los efectos especiales.

La consecuencia inmediata es clara: servicios públicos en la cuerda floja. Pero lo que desde la Asociación de Medios Digitales de la Comunidad Valenciana (AMDComVal) han querido dejar cristalino es que esta crisis financiera también impacta, de lleno, en el ecosistema informativo. Ese que muchos dan por sentado, hasta que desaparece.

De la emergencia climática a la emergencia comunicativa

Cuando en febrero se anunció a bombo y platillo que el Gobierno central lanzaría una campaña institucional sobre la respuesta a la DANA, parecía una buena noticia. Por fin algo de coordinación, visibilidad y pedagogía pública. Pero pasaron los días, las semanas… y nada. Silencio. No hubo contacto con los medios valencianos. No hubo ni un “hola, estáis invitados”. La campaña, al parecer, se cocina íntegramente desde Madrid. Porque claro, qué necesidad hay de incluir a quienes estuvieron sobre el terreno cuando el agua lo cubría todo, ¿no?

La desconexión es tan llamativa que ha acabado provocando lo que nadie quería: una fractura entre lo local y lo nacional en la gestión de la comunicación pública. O lo que es lo mismo, el enésimo ejemplo de cómo se margina a los medios de proximidad mientras se privilegia a los de siempre.

Los medios valencianos: los que estaban cuando nadie más

Hay cosas que no se pueden fingir. Y una de ellas es estar presente cuando el caos manda. Los medios digitales, comarcales y autonómicos de la Comunitat no solo informaron durante los peores momentos de la DANA: fueron parte activa de la gestión del caos. Repartieron información útil, filtraron rumores, y mantuvieron a los ciudadanos conectados. Todo eso, con recursos justitos y mucha voluntad.

Y ahora, tres meses después, ven cómo se les ignora olímpicamente en una campaña que debería contar con ellos desde el minuto uno. ¿Dónde está el reconocimiento? ¿Dónde está la coherencia?

El problema no es solo simbólico: es económico (y estructural)

Más de 200 familias viven del ecosistema informativo local solo en los medios asociados a AMDComVal. Hablamos de periodistas, sí, pero también de técnicos, cámaras, editores, diseñadores, y personal de redes. Todos forman parte de una cadena que mantiene vivo el derecho a saber, y que ahora se tambalea entre la falta de financiación, la centralización institucional y un olvido que empieza a parecer deliberado.

Porque aquí no se trata solo de moral. Se trata de sostenibilidad del sector. De supervivencia pura y dura.

Las campañas institucionales: ¿al servicio de quién?

Desde AMDComVal no lo podrían haber dicho con más claridad: si las campañas institucionales se hacen con dinero público, deben incluir a todas las voces. No vale con emitir cuñas desde Madrid y dar por hecho que el mensaje llegará igual a una alquería de l’Horta o a una pedanía de Elche. No funciona así. La eficacia comunicativa necesita arraigo territorial, conocimiento cultural y canales de confianza. Justo lo que los medios locales ofrecen. Y justo lo que se está dejando fuera.

La petición es simple, lógica y, la verdad, bastante moderada para el cabreo que arrastran:

  • Activación inmediata del FLA extraordinario.
  • Criterios transparentes y equitativos para repartir las campañas institucionales.
  • Participación efectiva de los medios valencianos en la comunicación sobre la DANA y similares.

Nada de privilegios. Solo justicia informativa.

Una desconexión que debilita la democracia

Puede sonar grandilocuente, pero es así. Cuando se margina a los medios locales, se debilita el tejido democrático. Se entorpece el flujo de información veraz y cercana. Y se le da alas a los bulos, a los rumores y a la desinformación.

Además, se manda un mensaje muy peligroso: que informar desde lo local no importa. Que solo cuentan los grandes medios con redacción en Madrid y voz impostada de boletín oficial. ¿De verdad queremos ese modelo?

La respuesta del Gobierno central: ausente sin aviso

Hasta el momento, ningún representante del Gobierno de España ha ofrecido una explicación convincente sobre por qué se ha dejado fuera a los medios valencianos de esta campaña clave. No hay datos, no hay criterios, no hay voluntad visible de corregir. Y lo que es peor, ni siquiera parece que haya conciencia del problema.

Mientras tanto, desde la Generalitat se lanzan mensajes de alarma —como el propio Mazón ha hecho—, pero las soluciones no llegan. El FLA sigue bloqueado. Y los medios, a la espera. O mejor dicho, al límite.

No es una guerra Madrid-Valencia… es algo más profundo

Conviene aclararlo: esto no es un conflicto entre capitales. Es una cuestión de modelo comunicativo. De entender si queremos un país con una red viva de medios diversos, plurales y adaptados a cada territorio, o si preferimos el monólogo en prime time de los mismos de siempre.

Y la DANA, como tantas otras crisis, ha sido solo el catalizador. Lo que revela es un problema de fondo: la fragilidad de los medios locales ante las decisiones unilaterales del poder central.

¿Y ahora qué?

Desde AMDComVal ya han dado el paso de hacer pública su denuncia. Han movido ficha. Ahora toca esperar —una vez más— a que alguien en Madrid levante la cabeza del Excel y mire lo que está pasando en Valencia.

La pregunta es: ¿será demasiado tarde cuando lo hagan?


¿Estamos a tiempo de reconectar la información institucional con quienes de verdad conocen y entienden el territorio?


¿Te gustaría que este artículo fuera acompañado por una infografía con los datos del FLA, un mapa de los medios digitales valencianos excluidos o una ilustración del ecosistema mediático de la Comunitat? Puedo generarlo ahora. Solo dime.

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