La jornada de la Crida, el acto que abre oficialmente las Fallas de València, terminó ante la Virgen de los Desamparados, en un gesto cargado de simbolismo y tradición. Tras un día que comenzó de madrugada con la Macrodespertà y continuó con el acto central en las Torres de Serranos, la comitiva fallera puso el broche final con una visita y entrega de flores a la patrona.






De la pólvora al recogimiento
La Crida es ruido, emoción y pólvora. Miles de personas se concentran cada año frente a las Torres de Serranos para escuchar el mensaje de las falleras mayores y dar por iniciadas oficialmente las fiestas.
Pero la jornada no termina con los discursos ni con el espectáculo pirotécnico. Tras la intensidad del acto institucional, llega el momento más íntimo y solemne: la visita a la Basílica para ofrecer flores a la Virgen.
Esta tradición convierte la Crida en un acto que combina espectáculo y devoción, fiesta y recogimiento.
La segunda cita ante la patrona
La visita tras la Crida es la segunda de las tres ocasiones en que las falleras mayores y sus cortes de honor acuden ante la patrona durante el ciclo fallero:
- Exaltación
- Crida
- Ofrenda
En cada una de estas citas se refuerza el vínculo entre la fiesta y la tradición religiosa que forma parte de su historia.
La imagen de las máximas representantes falleras entregando flores ante la Virgen simboliza la continuidad de una costumbre que se mantiene generación tras generación.
Un cierre simbólico a una jornada inolvidable
La Crida es el gran pistoletazo de salida de las Fallas. Comienza con el estruendo de la Macrodespertà, sigue con el acto oficial en las Torres y culmina con este momento de recogimiento.
Ese contraste entre la multitud y el silencio, entre la pólvora y las flores, resume la esencia de la fiesta: una celebración popular que también conserva su dimensión espiritual.
Con la visita ante la Virgen de los Desamparados, València no solo abre oficialmente sus Fallas. Las consagra.