23 de abril de 2026
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Viñetas prohibidas: El rastro de la censura que moldeó la infancia de varias generaciones

El Archivo General de la Administración (AGA) custodia uno de los capítulos más curiosos y, a la vez, opresivos de la historia reciente de España: la censura sistemática del cómic. Lo que hoy recordamos como aventuras heroicas, en su día fueron objeto de una vigilancia minuciosa, burocrática y, en retrospectiva, a menudo surrealista. La “tijera” del régimen no solo recortaba páginas; reescribía la mentalidad de toda una generación a través de la tinta china y el lápiz rojo.


El Archivo General de la Administración revela cómo la Junta de Censura vigilaba hasta el más mínimo detalle de tebeos como ‘El Capitán Trueno’ o ‘Carpanta’, borrando escotes y suavizando cualquier crítica social.

Redacción | ValenciaNoticias.com Jueves, 23 de abril de 2026

Durante décadas, el cómic en España no era un simple entretenimiento; era una herramienta de influencia pedagógica bajo sospecha. Antes de alcanzar los quioscos, obras maestras y tebeos populares debían superar el filtro de la Junta de Censura. Los expedientes conservados en el AGA son ahora un testimonio gráfico de un proceso donde los motivos del “tachón” rozaban lo absurdo: escotes cubiertos por exceso de sugerencia, peleas suavizadas por “excesiva violencia” y críticas sociales diluidas para no incomodar al sistema.

Grandes nombres de la historieta española como Víctor Mora, Antonio Hernández Palacios, Carlos Giménez o Enric Sió se vieron obligados a lidiar con directrices que rozaban la censura creativa más absoluta. Prohibiciones tan concretas como el uso de la palabra “dinamita” o la imposición de castigos ejemplarizantes para los villanos eran el pan de cada día. Incluso el hambre de Carpanta fue objeto de vigilancia, al ser interpretada como una crítica velada y peligrosa a la situación real del país.

Un tesoro para la libertad de expresión

Hoy, la visita a estos expedientes en el AGA es un viaje a la resistencia de la creatividad frente a la norma. Anotaciones manuscritas en las pruebas de imprenta, tales como “Corregir esta postura” o “Eliminar arma blanca”, son ahora documentos históricos de valor incalculable. Gracias a su conservación, este legado gráfico sobrevive y es reivindicado en obras como La puerta de la memoria, que nos ayuda a entender que, en la España de la censura, el tebeo también fue un campo de batalla por la libertad.

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