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Javier Palanca admite riesgos en una futura superinteligencia, pero cree que el escenario planteado por Jacob Coxon sigue estando más cerca de la ciencia ficción
La advertencia de que una inteligencia artificial podría llegar a provocar la desaparición de la humanidad antes de 2030 ha reabierto el debate sobre hasta dónde pueden llegar estas tecnologías. Javier Palanca, investigador de la Universitat Politècnica de València, considera que ese pronóstico es demasiado alarmista, aunque reconoce que existen motivos reales para seguir de cerca la evolución de sistemas cada vez más capaces.
Las declaraciones llegan después de que el ingeniero Jacob Coxon, antiguo desarrollador relacionado con ChatGPT y hasta ahora investigador en una empresa de inteligencia artificial, haya abandonado su puesto alertando del riesgo de una futura superinteligencia fuera de control.
De Terminator a un riesgo real
El temor a máquinas que superan a los humanos forma parte desde hace décadas de películas como Terminator, pero el rápido desarrollo de la inteligencia artificial ha trasladado parte de ese debate al mundo académico y tecnológico.
Palanca considera que Coxon “ha sido un poco alarmista”, aunque admite que existe preocupación sobre qué ocurriría si una IA llegara a superar ampliamente la capacidad humana.
La clave estaría en que el sistema fuese capaz no solo de aprender, sino también de mejorarse a sí mismo de manera continua.
Si eso sucediera, advierte el investigador, sería difícil prever cuál podría ser su evolución.
El verdadero problema puede estar en quién controla la tecnología
Para Palanca, otro de los puntos importantes no está únicamente en lo que pueda hacer una inteligencia artificial, sino en quién la desarrolla y bajo qué controles.
La investigación en IA nació en gran medida dentro del ámbito universitario, pero buena parte del desarrollo más avanzado se concentra actualmente en empresas privadas.
Eso dificulta conocer con precisión qué tecnologías están creando y a qué velocidad avanzan.
El profesor de la UPV reconoce que establecer reglas eficaces se ha convertido en uno de los grandes retos actuales.
Europa apuesta más por las normas
El investigador señala que muchas de las empresas más potentes del sector se encuentran en Estados Unidos y China.
Europa, en cambio, ha seguido una estrategia más orientada hacia la regulación, la supervisión y el establecimiento de límites.
La dificultad consiste en lograr que esas normas reduzcan riesgos sin bloquear las ventajas que también ofrece esta tecnología.
No todo son amenazas
Palanca insiste en que la inteligencia artificial ya está aportando herramientas útiles en numerosos ámbitos y que sus posibilidades van mucho más allá de los escenarios catastróficos.
Entre sus aplicaciones se encuentran el entretenimiento, la automatización de tareas y diferentes usos cotidianos que ya forman parte de la vida diaria de millones de personas.
Con los conocimientos actuales, no existe una evidencia que permita afirmar que una IA vaya a aniquilar a la humanidad antes de 2030.
Por eso, aunque el desarrollo de una futura superinteligencia merece vigilancia, Palanca mantiene una posición mucho menos apocalíptica que Coxon y remata el debate con una frase sencilla: “Si algún día se rebela… tiramos del cable”.




