Agresiones sexuales en internet: el perfil de la víctima y del agresor

1b1e18a4-2781-49aa-b9dc-c00959bfab2bIrene Montiel
Doctora en Psicología y profesora del Grado de Criminología de la UOC.
Aumenta un 34% en tres años el número de delitos sexuales en línea

El número de delitos sexuales online ha aumentado un 34% en solo tres años (2014-2017), pasando de 974 a 1.312 en España. «La democratización de internet y el uso de los móviles han supuesto que los nativos digitales asuman como propios ciertos riesgos de internet y no sean conscientes de los peligros que conllevan», alerta Irene Montiel, doctora en Psicología y profesora del Grado de Criminología de la UOC. Los datos confirman este hábito: el 95 % de los niños y niñas españoles de entre 10 y 15 años ha accedido a internet en los tres últimos meses y el 69 % tiene su propio móvil.

«La sensación de distancia segura, el anonimato y la creencia de que lo que pasa en línea se queda en la red y no trasciende al mundo real son factores que contribuyen a que los jóvenes hagan un uso inadecuado y arriesgado de internet», explica Irene Montiel. Los estudios muestran que, a mayor edad, más conciencia sobre los peligros, pero paradójicamente, al mismo tiempo, aumentan las conductas de riesgo en la red: relacionarse con desconocidos, intercambiar información personal o concertar encuentros cara a cara. «Con la edad aumenta el interés por la sexualidad en general y por la suya en particular. Si a este hecho se suma que los jóvenes dominan mejor que los padres las TIC y que la supervisión parental disminuye según van creciendo, la consecuencia es un mayor riesgo de victimización en línea», afirma.

Según la criminóloga, hay innumerables tipologías de victimización y lo más habitual es que el menor se convierta en una «polivíctima». «Ser víctima de otros tipos de victimización, dentro o fuera de la red, tales como de abuso sexual tradicional, de maltratos o de acoso escolar, es un factor de alto riesgo para convertirse además en cibervíctima», alerta Montiel.

Entre las formas de cibercrimen sexuales más frecuentes están el ciberacoso y el ciberabuso sexual. «El primero es una forma de victimización en la que el agresor —menor o adulto— emplea técnicas agresivas, coercitivas e intimidatorias para conseguir lo que desea que suelen ser imágenes intimas o implicar al menor en alguna actividad sexual», añade. Sin embargo, cuando las técnicas empleadas son amistosas, de acercamiento seductor y establecen un vínculo emocional entre víctima y agresor —adulto— se debe hablar de ciberabuso sexual. El online grooming es la estrategia de seducción para preparar a la víctima para la solicitud sexual.

Las víctimas: chicas, de 15 a 17 años y en pleno debate sobre su identidad sexual

«Las chicas presentan entre dos y cuatro veces más riesgo de recibir solicitudes sexuales en línea y grooming por parte de adultos que los chicos», explica Montiel. En España, en el año 2017, 455 chicas menores de 18 años fueron víctimas de delitos sexuales en línea, cifra que superó la de 248 de chicos. Sin embargo, algunos estudios afirman que los chicos también son susceptibles de sufrir este tipo de agresión porque son más proclives a asumir riesgos en línea, tienen una actitud más abierta, encuentran más divertido que las chicas relacionarse con extraños en línea y lo hacen más a menudo, sobre todo cuanto más mayores son. «Entre los 15 y los 17 años es la edad con más riesgo de ser victimizado sexualmente de forma online, es cuando más utilizan internet y asumen más riesgos que los internautas más pequeños; su curiosidad e interés por la sexualidad prevalece en esta etapa vital en la que se forma su identidad sexual», detalla Montiel.

Aunque los menores son un grupo de riesgo, es importante señalar que tienen especial vulnerabilidad los que son homosexuales, bisexuales o transexuales. La experta considera que es más probable que empleen las tecnologías para explorar su sexualidad dado el poco apoyo que pueden recibir de la sociedad. «Esta marginación les puede empujar a exponerse de manera peligrosa», explica.

«Diferentes estudios constatan que las víctimas son, en la mayoría de casos, conscientes de que se relacionan con un adulto que quiere mantener relaciones sexuales pero tienen la creencia errónea de que es posible mantener con ellos una relación romántica simétrica, cuando realmente existe un fuerte desequilibrio de poder del que abusa el adulto», explica Montiel.

Hay dos tipos de víctimas del online grooming: las arriesgadas y las vulnerables. Las primeras son desinhibidas, están seguras de sí mismas y mantienen el secreto del abuso por su «aparente» complicidad en la dinámica. Las vulnerables, continúa la profesora, son las que tienen una gran necesidad de atención y afecto por culpa de su baja autoestima y soledad y tienen dificultades en la relación con sus padres y ambientes familiares conflictivos.

El ciberagresor: hombres cada vez más jóvenes que actúan en círculos cercanos

El 94% de los delitos sexuales en línea registrados en 2017 en España fueron causados por un hombre, según datos del Ministerio del Interior y del Sistema Estadístico de Criminalidad. De los 4.912 casos, 291 los cometieron chicos menores de edad (de 14 a 17 años) y 77 chicas. Sin embargo, en todas las franjas de edad los hombres superan a las mujeres. «Son personas aparentemente normales e integradas socialmente, habitualmente hombres, pero cada vez más mujeres, de casi cualquier edad y ubicación geográfica, con acceso a internet y que se saben mover por el ciberespacio. Forman redes virtuales dónde intercambiar técnicas y materiales visuales de los abusos cometidos. Con internet todo es más fácil para ellos», explica.

«El anonimato favorece su percepción de inmunidad y facilita su actividad, crean discretas redes sociales de apoyo que refuerzan su distorsión cognitiva respecto a la sexualidad y normalizan su afición, lo que aumenta su seguridad y motivación», detalla la experta. Esta «aprobación social» los puede animar a hacer ciertas cosas que previamente habían tenido reprimidas, incluso competir entre ellos para conseguir mejor material sexual infantil. Se consolidan dos tendencias: los ciberagresores son cada vez más jóvenes y eligen víctimas que ya conocen en persona (del centro escolar, del equipo deportivo, etc…), incluso puede darse dentro de la propia familia.

Las cinco fases de seducción del ciberagresor

Según la experta, existen cinco fases principales en la dinámica del ciberabuso sexual juvenil:

  1. La preparación, dónde identifica y selecciona a las víctimas potenciales y recopila información de interés.
  2. El segundo paso es el «primer contacto», en el que accede a jóvenes adaptando su identidad de acuerdo con características, gustos y aficiones de la víctima.
  3. El online grooming o seducciónel objetivo es crear un vínculo emocional y reducir las inhibiciones echando piropos y con promesas de confidencialidad. En esta etapa se da el intercambio de información personal y el envío de imágenes eróticas, favoreciendo el control sobre la víctima.
  4. El abuso explícito en línea, en el que se emplean amenazas y chantajes y se hacen solicitudes sexuales explícitas y presión para encuentros en persona.
  5. Finalmente, el último paso es la difusión en la red basada en la publicación de imágenes, vídeos y secretos de su vida íntima y que puede cronificar el proceso de victimización y dificulta enormemente su recuperación.

Ante este incremento, la experta considera indispensable crear un marco para intervenir desde el punto de vista psicológico (prevención, detección, tratamiento tanto de víctimas como de agresores), legal (adaptación de los tipos delictivos a la realidad social y más protección de las víctimas) o de la política criminal. «Es necesario focalitzar los esfuerzos en medidas que estén basades en la evidencia científica y trabajar en la educación sexoafectiva de los ninos, las niñas y los adolescentes, antes incluso de que se inicien en el uso de las tecnologías», concluye Montiel.  La experta

 

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