Antiguos bazares en Valencia. Hojalata, cartón y porcelana

La apertura de bazares representó un toque de modernidad en el último tercio de la Valencia del XIX. De la pequeña tienda especializada se pasó al gran almacén donde se podía encontrar ‘de todo’, básicamente juguetes, baratijas, artículos de importación, de regalo, cristalerías, porcelanas, etc.

Los primeros bazares se concentraban en la desaparecida calle de Zaragoza, vía cien por cien comercial.

Tienda de San Rafael. Foto: A. P. R. S.

Tienda de San Rafael. Foto: A. P. R. S.

Los primeros bazares se concentraban en la desaparecida calle de Zaragoza, vía cien por cien comercial. De los pioneros, el ‘Bazar Valenciano’ (nº 8) y el de ‘Viena’ (nº 3 y 5). Otro muy popular fue el de Vicente Giner ‘Bazar Giner’ (nº 13) que daría nombre a un pasaje que aún hoy existe, el que va desde la plaza de la Reina a la del Miracle del Mocadoret. Estaba instalado en varios bajos contiguos y por su dimensión fue el más importante y mayor surtido de la ciudad. Se especializaba en la venta de juguetes, y sobre todo en muñecas de porcelana importadas de Francia y Alemania.

Bazar Giner. Foto: A. P. R. S.

Bazar Giner. Foto: A. P. R. S.

Otros establecimientos de finales del siglo XIX considerados bazares fueron: ‘El Águila’ (Calle de la Paz, nº 1), ‘Exposición Permanente’ (calle de las Comedias, nº 22), ‘Bazar de los Hermanos Goerlich’, calle del Milagro de San Vicente, nº 4), ‘Bazar de Joaquín Bonet’ (calle del Milagro de San Vicente, nº 10), y el de ‘San Rafael’ (calle de Jofrens, nº 1 y después plaza de Santa Catalina). También ‘El Siglo’ (calle de San Fernando, nº 17 al 23) tuvo una sección de bazar; no obstante este comercio se titulaba ‘Grandes Almacenes El Siglo Valenciano’ y fue el primero de gran superficie en la ciudad.

Bazar Colón. Foto: A. P. R. S.

Bazar Colón. Foto: A. P. R. S.

Los juguetes tradicionales de artesanía autóctona (cartón, trapo y madera) se vieron desplazados por otros más ‘finos’ importados.

Los juguetes tradicionales de artesanía autóctona (cartón, trapo y madera) se vieron desplazados por otros más ‘finos’ importados. Las familias pudientes los adquirían a precios que escandalizaban. Como ejemplo: en 1895 una muñeca grande de cartón-piedra costaba 1,50 pesetas, mientras que una procedente de París, unas 25, precio que se disparaba cuando ésta era autómata con caja de música incluida.

Como reclamo comercial, al efectuar una compra, obsequiaba a los pequeños con unos cuentos infantiles que incluía publicidad de la tienda y una carta para petición de juguetes a los Reyes.

Ya en el siglo XX aparecieron ‘El 0,95’, de Vicente Semper (calle de la Carda, nº 9) y el ‘Bazar Colón’ (calle de Pascual y Genís, nº 30) especializado en juguetes. Como reclamo comercial, al efectuar una compra, obsequiaba a los pequeños con unos cuentos infantiles que incluía publicidad de la tienda y una carta para petición de juguetes a los Reyes.

Atrás quedaron estos ‘familiares’ bazares que fueron el germen de las actuales grandes superficies. Cartón, hojalata y porcelana.

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2 Responses to "Antiguos bazares en Valencia. Hojalata, cartón y porcelana"

  1. Javier Luna  14 de agosto de 2013 at 20:35

    El relato con el que Rafael Solaz nos deleita en ésta ocasión, permite que nuestra memoria recupere algunos nombres de comercios relevantes que formaron parte de nuestra ciudad y que ya quedarán, para siempre, unidos a su historia.
    Establecimientos con singular encanto, que sin duda alguna debieron ofrecer un cálido trato humano y experiencialmente cualificado a quienes en aquel momento fueron sus, más que clientes, amigos/as.
    Comercios con una amplia y variada oferta en sus productos, que harían en su momento las delicias de sus propietarios/as y que nosotros/as no podemos ni queremos dejar de añorar para volver a tener sueños, una y mil veces, con los juguetes de nuestra ya muy distante niñez.

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  2. Julio Cob Tortajada  16 de agosto de 2013 at 15:42

    Los antiguos bazares no tenían los aromas de los ultramarinos con sus especias, ni el color que de sus sacos abiertos desprendian las legumbres, ni las cortinas de embutidos colgados sobre el mostrador, pero todo un conjunto de utiles servían para el bricolage doméstico donde no faltaba el caballo de cartón que los Reyes Magos traían de Oriente y servía para que durante todo el año disfrutaramos en nuestros infantiles años.
    Y es que Rafael Solaz se resiste a que nos olvidemos de nuestro pasado que tanto sirivió, al menos, para que con 0,95 pts. tuvieramos horas de diversión.

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