Ayuntamiento y Confederación del Júcar se coordinan finalmente tras semanas de desencuentros
Después de días de espera, el Ayuntamiento de Valencia y la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHX) han puesto en marcha este miércoles las labores de limpieza del nuevo cauce del Turia, muy afectado por el paso de la DANA. El objetivo no es solo retirar los restos acumulados por la riada, sino también preparar el terreno ante las lluvias de otoño.
Durante más de dos semanas, lodo, ramas, basura y vegetación han quedado repartidos a lo largo de un tramo de doce kilómetros, dificultando el flujo natural del agua. A esto se suma la preocupación de vecinos y técnicos por el riesgo que supone una posible nueva avenida si no se limpia a tiempo.
Un acuerdo que llega tarde, pero llega
Las diferencias entre Ayuntamiento y Confederación sobre “quién, cuándo y cómo” debía asumir las tareas habían paralizado la intervención. Sin embargo, este martes ambas partes lograron un acuerdo tras una reunión técnica. “Ayer estuvimos con los técnicos de la Confederación fijando qué tramos limpiará cada uno”, explicó el concejal de Gestión del Agua, Carlos Mundina.
Según detalló el ingeniero municipal Jesús Cenicero, el Ayuntamiento se encargará de las tareas manuales, como cortar árboles y retirarlos, mientras que la CHX intervendrá con maquinaria pesada desde los extremos del río.
De momento, los trabajos se están centrando entre la pista de Silla y el puente de la CV-400. Más allá, hacia la V-31, el agua del mar sigue invadiendo el cauce, impidiendo el acceso de los equipos.
Un río que debe estar listo para el otoño
El operativo contempla retirar restos en más de 12 kilómetros de cauce, ahora colmatados de sedimentos, plantas y materiales arrastrados por la riada. Todo ello compromete la capacidad hidráulica del canal y, por tanto, la seguridad de Valencia ante futuras lluvias torrenciales.
Las tareas de limpieza no solo buscan restablecer el entorno natural, sino garantizar que el Turia pueda canalizar sin problemas el agua que llegue en los próximos meses.
Mientras las máquinas excavan y los operarios despejan la vegetación acumulada, vecinos y autoridades comparten el mismo deseo: que esta vez el río no sea una amenaza, sino un cauce seguro y preparado.