11 de junio de 2026
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Cuando Valencia todavía olía a campo: la imagen que revela una ciudad desaparecida

Hoy miles de coches atraviesan cada día la zona de Ademuz sin imaginar que, hace apenas unas décadas, aquel mismo lugar ofrecía una imagen más propia de un pueblo agrícola que de una gran ciudad mediterránea.

La fotografía, tomada entre los años setenta y ochenta en el antiguo cauce del Turia, muestra una escena que para muchos jóvenes resulta difícil de creer: decenas de ovejas pastando tranquilamente bajo uno de los puentes más transitados de Valencia.

Mientras el tráfico circulaba sobre el Puente de Ademuz, conocido oficialmente como Puente de las Glorias Valencianas, la vida seguía a otro ritmo en el lecho del antiguo río.

Una ciudad entre dos mundos

Durante gran parte del siglo XX, Valencia vivió una transformación vertiginosa.

Por un lado crecían los barrios, aparecían nuevos bloques de viviendas y aumentaba el tráfico. Por otro, seguían existiendo actividades agrícolas y ganaderas prácticamente dentro de la propia ciudad.

No era extraño encontrar rebaños aprovechando terrenos sin urbanizar, campos de cultivo junto a grandes avenidas o barracas todavía habitadas en zonas que hoy forman parte del entramado urbano.

La imagen del cauce del Turia refleja perfectamente ese momento de transición.

El gran vacío que dejó el río

Tras la riada de 1957, Valencia decidió desviar el curso del Turia fuera de la ciudad mediante el conocido Plan Sur.

Cuando el agua dejó de circular por el antiguo cauce quedó un inmenso espacio vacío que atravesaba Valencia de oeste a este.

Durante años nadie tuvo claro qué hacer con él.

Hubo propuestas para convertirlo en una autopista urbana, crear zonas industriales o levantar nuevos barrios. Mientras tanto, muchas áreas permanecieron prácticamente abandonadas o se utilizaron para usos temporales.

Fue en ese contexto cuando escenas como la de las ovejas pastando se hicieron relativamente habituales.

La Valencia que desapareció sin hacer ruido

Las grandes transformaciones urbanas suelen recordarse por sus edificios emblemáticos o por las grandes obras públicas.

Sin embargo, a menudo pasan desapercibidos los pequeños cambios cotidianos.

Desaparecieron los pastores que cruzaban la ciudad con sus animales.

Desaparecieron muchos huertos próximos al casco urbano.

Desaparecieron acequias, caminos rurales y espacios abiertos que habían formado parte del paisaje valenciano durante generaciones.

La fotografía captura precisamente uno de esos momentos que se extinguieron sin titulares ni ceremonias.

Del pastoreo al deporte

Actualmente el mismo lugar aparece irreconocible.

El antiguo cauce alberga zonas ajardinadas, instalaciones deportivas, carriles bici, parques infantiles y espacios culturales frecuentados por miles de personas cada semana.

Donde antes pastaban ovejas hoy corren corredores, circulan ciclistas y juegan familias enteras.

Pocas ciudades europeas han experimentado una transformación tan radical en tan poco tiempo.

Un documento histórico de enorme valor

Más allá de su belleza visual, la fotografía constituye un valioso testimonio de una Valencia que ya no existe.

Una ciudad donde el mundo rural y el urbano todavía compartían espacio.

Una Valencia donde era posible contemplar un rebaño bajo un puente mientras los coches avanzaban sobre él.

Y una Valencia que, sin saberlo entonces, estaba a punto de iniciar una de las transformaciones urbanísticas más importantes de toda su historia.

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