La transformación de la primera línea de la playa de El Cabanyal avanza cada día más, justo al lado del popular local conocido como la Fábrica del Hielo y frente a la fuente del paseo marítimo, cuyo diseño evoca las tradicionales barcas de pescadores con chorros de agua que simulan una vela.
Este cambio se está llevando a cabo en el lugar que Joaquín Sorolla inmortalizó en sus cuadros. Donde antes se encontraban casas-taller en desuso, asociadas a oficios marineros como los carpinteros de ribera, creadores de velas, herreros y familias que se dedicaban a secar pescado, ahora se construirán dos edificios. Uno tendrá vistas al mar, situado en José Ballester Gozalvo (anteriormente Pavía), y el otro en Eugenia Viñes, con un total de doce viviendas en cada calle. Actualmente, las excavadoras están en marcha y la promoción ‘Mare Nostrum’, desarrollada por Pitman Inversiones Inmobiliarias con diseño de Murad García Estudio y comercializada por Olivares, ya está anunciada, ofreciendo 24 apartamentos de uno y dos dormitorios con plazas de garaje. Aunque no se han anunciado oficialmente los precios, se estima que podrían rondar los 450.000 euros. Los edificios constarán de planta baja y dos pisos, con una finalización proyectada para dentro de dos años.
Anteriormente, la manzana albergaba al menos ocho propiedades, incluyendo la herrería de Enrique Balaguer, el taller de velas de Rafael Estrela —apodado ‘El regalao’—, y otras como las de José Galindo, Enrique Rams y Melchor Ballester, entre otros. Estas eran concesiones otorgadas en 1928 por la Comandancia de Marina a los carpinteros de ribera, dueños de las edificaciones pero no del terreno. Con la modificación del dominio marítimo-terrestre, el Gobierno cedió el terreno al Ayuntamiento en 1990. En los últimos años, un promotor ha ido adquiriendo estas propiedades y acordó con el Ayuntamiento la compra del terreno por 576.000 euros, en pagos durante cinco años, como se reportó en 2024.
Una anécdota poco conocida es que en una de esas casas-taller, el destacado pintor Joaquín Sorolla guardaba sus cuadros en proceso, bajo la custodia de Enrique Rams Mestre, un maestro carpintero que construía y reparaba barcas. Esta historia es narrada por José Francisco Rams, nieto de Rams, quien es delineante proyectista, diplomado en diseño gráfico, acuarelista y presidente honorario de la Agrupación de Acuarelistas Valencianos. Sorolla pintaba en la playa, entre las acequias de Pixavaques, ahora calle Pintor Ferrandis, y la acequia del Gas, hasta Las Arenas. En esa misma área trabajaban los carpinteros de ribera con sus barcas, cerca de la Casa dels Bous, donde los bueyes ayudaban a arrastrar las embarcaciones al mar. Sorolla pidió permiso al abuelo de Rams para dejar en su taller materiales como pinceles, su caballete o las obras en las que trabajaba, evitando así cargar con ellos cada día.
El relato prosigue con los niños que miraban a Sorolla trabajar, llamándolo ‘el retratero’. Uno de esos niños, Bernabé Evangelista, fue plasmado por Sorolla en el cuadro ‘Chicos en la playa’, donde aparece en primer plano junto a sus amigos José Senent y Pascual Gimeno. Evangelista contó al nieto de Rams que de niño recibió un block de dibujo y lápices como regalo de sus padres; un día, al verlo, Sorolla bromeó sobre tener competencia. A lo largo de los años, Evangelista compartió que era el ‘rubio’ del cuadro, y mencionó que, aunque los niños llevaban bañadores, Sorolla los pintó con el trasero descubierto. Además, recuerda que su abuelo cuidó un caballo de cartón que los fotógrafos usaban para sus sesiones en la playa.