14 de mayo de 2025
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Del aula al pasillo: crónica de una infancia entre traslados, autobuses rotos y promesas vacías


Más de 130 niños y niñas de Beniparrell llevan seis meses sin colegio tras la DANA, dando clase en condiciones indignas y esperando unas obras que no empiezan. El 15 de mayo sus familias saldrán a la calle para exigir soluciones reales a la Generalitat Valenciana.


Un curso escolar que se ha convertido en una yincana logística

Imaginen esto: tienes 5 años, tu cole está cerrado desde hace meses, cada semana cambian tus horarios, el autobús se retrasa o directamente no aparece, no sabes si hoy te toca clase en un aula, una sala de profesores o un pasillo, y cuando llegas a casa preguntas “¿mañana también me llevan lejos?”. Bienvenidos a la rutina de los alumnos del CEIP Blasco Ibáñez de Beniparrell.

Han pasado más de seis meses desde que la DANA destrozó el alma del pueblo: su colegio. Desde entonces, lo que parecía una medida de urgencia para unas pocas semanas se ha convertido en una pesadilla de largo recorrido. Las familias han dicho basta. Y por eso este jueves 15 de mayo saldrán a manifestarse en la Avenida Levante.

La pregunta no es por qué protestan. La pregunta es cómo han aguantado tanto.


Del “en dos semanas estará listo” al “en septiembre… o ya veremos”

Si hay algo que caracteriza la gestión de esta crisis es el arte de estirar los plazos. En noviembre se dijo que en dos semanas estaría solucionado. Luego vino marzo, después abril, ahora septiembre. Y por si fuera poco, la última “no-noticia” es que “quizá haya que estudiar un traslado a otro pueblo” como alternativa.

Spoiler: no hay alternativa válida que no implique volver a Beniparrell.

Ni los padres, ni las madres, ni los profesores están pidiendo un palacio. Solo que sus hijos puedan volver a un entorno educativo digno, cercano y estable. Parece una obviedad, pero cuando se habla de “licencias”, “permisos”, “catas no concluyentes” y “vallas perimetrales”, la dignidad educativa queda sepultada entre toneladas de papeleo y promesas por cumplir.


Dos centros en Silla, cero comodidad, menos aún estabilidad

Actualmente, los niños están repartidos entre el CEIP Virgen de los Desamparados y el CEIP El Pati de Silla. Los de Infantil en un centro, los de Primaria en otro. La mayoría en espacios improvisados, como salas de profesores o zonas comunes. Y por si fuera poco, se han separado hermanos, compañeros y hasta maestros.

Todo esto, bajo el cartel de “medida temporal”. Como esas maletas que uno no deshace porque cree que pronto volverá a casa… hasta que pasan seis meses.

Esta desubicación tiene consecuencias reales: en el aprendizaje, en la socialización, en la salud emocional de los niños y, no menos importante, en la conciliación familiar. Porque cada traslado implica reordenar vidas. Y cada nueva semana de espera es una semana de incertidumbre añadida.


Autobuses que no llegan, monitores que desaparecen y padres que hacen de GPS humano

Vamos al transporte. Porque si ya es complejo dividir a 131 niños entre dos colegios en otro municipio, la cosa se complica cuando los autobuses… no funcionan como deberían.

Desde el principio se pidió un tercer vehículo para evitar retrasos y aglomeraciones. La respuesta: dos autobuses y uno de ellos doblando viaje. Resultado: clases perdidas, llegadas tardías, salidas anticipadas y una fragmentación absoluta del horario escolar.

El caso más grave se dio el pasado 30 de abril, cuando uno de los autobuses llegó sin monitor. Los niños no pudieron regresar. Un solo profesor se quedó con todo el ciclo de Primaria mientras los padres corrían a buscarlos. A las 16:15, cuando muchos aún no habían salido de trabajar, los niños esperaban entre lágrimas.

Y no fue un caso aislado. Es el síntoma de un sistema que no está funcionando.


Profesores a pie de paso de cebra: cuando la vocación suplanta a la administración

En este caos, los únicos que han estado presentes sin faltar un solo día han sido los profesores. Ellos han cruzado pasos de peatones con los más pequeños, han improvisado clases en salas inverosímiles, han escuchado, calmado, sostenido.

Cuando no había policía para acompañar a niños de tres años en trayectos urbanos, estuvieron ellos. Cuando la Conselleria no dio respuestas, dieron explicaciones. Cuando el bus no venía, se quedaron esperando con los niños hasta que aparecieran sus padres. Porque, por increíble que parezca, alguien tenía que asumir la responsabilidad que otros eluden.


¿Y las obras? Buena pregunta

Según la Conselleria, desde el 24 de febrero hay obras en marcha. Pero lo que se ha hecho —y lo que se ha dejado de hacer— deja muchas dudas. Un muro perimetral, algo de gravilla, baldosas nuevas… pero los baños exteriores siguen sin terminar, los patios están inservibles, y la caldera ni se ha tocado.

La zona más afectada, el sótano, sigue sin evaluarse correctamente porque las catas hechas en febrero no pudieron acceder al interior. Desde entonces, ni una sola prueba más.

Mientras tanto, la incertidumbre crece: ¿están los cimientos comprometidos? ¿Habrá que derribar parte del colegio? ¿Se podrá reabrir en septiembre o tendremos otra vez niños llorando en un polideportivo?


¿Barracones? Mejor aquí que en otro pueblo

Ante la falta de un plan viable, las familias han propuesto instalar aulas prefabricadas en Beniparrell. No es la solución soñada, pero sí una forma de devolver a los niños a su entorno.

La Conselleria no lo descarta, pero como todo en esta historia, lo fía a la burocracia. Licitaciones, permisos, trámites. En Paiporta, donde ya se aprobó una medida similar, aún no se han instalado los barracones tras más de un mes. Así que, otra vez, el “plan B” parece más bien un “quizá algún día”.


Las familias dicen basta: la manifestación del 15 de mayo será el altavoz del hartazgo

Este jueves, los vecinos de Beniparrell se concentrarán en la Avenida Levante. No será una fiesta, ni un acto simbólico. Será una manifestación cargada de rabia contenida, de padres que no pueden más, de madres que ya no saben cómo explicar a sus hijos por qué no pueden volver a su cole.

Luchan por algo tan sencillo como que sus hijos estudien en condiciones normales. Por algo tan básico como que no pierdan una infancia deambulando por pasillos. Por una escuela digna, aquí, en su pueblo. Y no pararán hasta conseguirlo.


¿Dónde están los responsables políticos?

El alcalde de Beniparrell, Salvador Masaroca, asegura que el Ayuntamiento está haciendo lo que puede. Pero la pelota está en el tejado de la Conselleria, que lidera el conseller José Antonio Rovira. Y aunque han visitado el centro, el mensaje es siempre el mismo: “estamos trabajando en ello”.

¿De verdad seis meses no son suficientes para dar una respuesta clara? ¿Cuánto más necesitan para actuar? ¿Hasta cuándo van a alargar esta agonía?


Porque no se puede educar entre excusas

La educación no puede depender del azar, del clima o de la buena voluntad de unos pocos. No se puede construir futuro con respuestas vagas y promesas vacías. Beniparrell merece algo mejor. Y sus niños, más aún.

¿Cuántas pérdidas más hacen falta para que la administración se tome esto en serio? ¿Quién va a responder cuando el curso acabe y la lista de clases perdidas supere los límites de lo aceptable?

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