10 de junio de 2026
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Educación indemnizará a una alumna de Valencia que perdió audición por un balonazo en un instituto

Aquella mañana parecía una más en el instituto. Estudiantes entrando con prisas, conversaciones a medio terminar y un partido improvisado de fútbol sala sonando de fondo en el patio. Pero en apenas unos segundos, todo cambió para una joven alumna de Formación Profesional de Valencia.

Cuando caminaba por la rampa de acceso al centro educativo, un balonazo brutal le golpeó directamente en la cara. El impacto fue tan fuerte que acabó en el suelo entre lágrimas mientras varias compañeras corrían a socorrerla.

Nadie imaginaba entonces que aquel golpe le acabaría costando la audición de un oído para siempre.

El diagnóstico que lo cambió todo

Aunque logró permanecer unas horas en clase, el dolor comenzó a intensificarse rápidamente. La joven empezó a sentirse mareada y cada vez peor. Finalmente, abandonó el instituto acompañada por su madre rumbo al centro médico.

La escena en la consulta fue demoledora.

Los especialistas detectaron sangre en el oído y una perforación de tímpano. Al principio, los médicos confiaron en que la lesión pudiera regenerarse con el paso del tiempo. Después llegó la esperanza de una posible operación. Pero ninguna opción funcionó.

El diagnóstico definitivo terminó siendo irreversible: pérdida completa de audición en el oído derecho por una rotura traumática del tímpano.

Desde entonces, la estudiante convive con secuelas permanentes y con la necesidad de utilizar prótesis auditivas.

La clave que cambia el caso: no estaba jugando

El caso acabó llegando al Consell Jurídic Consultiu después de que la familia reclamara casi 100.000 euros a la Conselleria de Educación.

La cuestión central era clara: ¿podía considerarse responsable al centro educativo por aquel accidente?

La respuesta ha sido sí, aunque con matices importantes.

El organismo recuerda que recibir un balonazo en un colegio no implica automáticamente una indemnización. Pero en este caso existía un elemento determinante: la alumna no estaba participando en ningún partido ni realizando una actividad deportiva.

Simplemente caminaba por una zona habilitada para acceder a las aulas.

Y ahí está la diferencia que cambia toda la resolución.

“Debía poder pasar sin riesgo”

El dictamen considera que el instituto tenía la obligación de proteger adecuadamente esa zona de tránsito habitual de los estudiantes.

Según el Consell Jurídic, lo lógico habría sido instalar redes, lonas u otras medidas de protección para evitar que los balones alcanzaran la entrada al edificio.

La falta de esas barreras es lo que termina generando la responsabilidad patrimonial de la administración educativa.

Por ello, la Conselleria deberá indemnizar a la joven con algo más de 11.000 euros, además de reconocer más de un año de perjuicio personal derivado de las secuelas.

Una indemnización muy lejos de lo que pedía la familia

La resolución, sin embargo, deja fuera una de las partes más delicadas de la reclamación: el coste futuro de los audífonos y sus recambios.

La familia reclamaba cerca de 70.000 euros por los dispositivos auditivos que la estudiante necesitará utilizar de por vida. Esa cantidad no ha sido aceptada.

Y mientras la batalla judicial llega a su fin, queda una realidad imposible de compensar económicamente: una joven que salió de casa para ir a clase y regresó sabiendo que jamás volvería a escuchar igual.

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