El Fondo para la Protección del Lobo Ibérico impulsa la vuelta de esta especie a Valencia
La Comunitat Valenciana fue históricamente el hábitat de lobos ibéricos. Zonas como el entorno del Parque Natural de Las Hoces del Cabriel, Utiel, Ayora, Enguera o Sinarcas, donde se cazó supuestamente al último lobo ‘residente’ en 1953, eran sus dominios. Esta especie habitó áreas rurales de manera permanente hasta mediados del siglo XX, pero a partir de entonces su presencia comenzó a disminuir, registrándose solo casos aislados. Uno de los últimos avistamientos fue el de un lobo joven abatido en Morella en 1987.
Este viernes, el Fondo para la Protección del Lobo Ibérico organiza una charla en Gandia, en el Centro Cultural Casa de la Marquesa, para abordar la evolución de esta especie y su relación con la Comunitat Valenciana. Bajo el título ‘Cuando los lobos habitaron el levante ibérico’, Antonio Castillo, de la Asociación para la Defensa de la Naturaleza al Sur de Valencia, y Ernesto Díaz, del Fondo para la Protección, serán los ponentes.
«El objetivo es promover la protección del lobo ibérico, que hace dos meses fue retirado del listado de especies protegidas. Ahora se permite su caza en comunidades como Asturias y Cantabria», explica Ernesto Díaz. Esta retirada de la protección se produce a pesar de que se estima que hay aproximadamente 2.500 ejemplares y que en muchas áreas históricamente habitadas por ellos ya no quedan lobos.
Díaz señala que la especie podría recuperarse si se asegura una población saludable, y enfatiza la necesidad de concienciación ciudadana e iniciativas políticas adecuadas para lograrlo.
Uno de los desafíos para el Fondo para la Protección es la convivencia entre la ganadería y los lobos. Proponen soluciones como el pastoreo presencial o la geolocalización para evitar que los conflictos se resuelvan de manera violenta. Díaz destaca que los daños anuales causados por los lobos suman aproximadamente 6 millones de euros, una cifra que considera asumible para preservar esta especie autóctona.
El Fondo subraya que el lobo es un depredador apical, desempeñando un papel crucial en la regulación de las poblaciones de herbívoros. Esto contribuye a reducir el riesgo de enfermedades derivadas de la sobrepoblación de herbívoros, como la brucelosis. Además, en las áreas donde hay poblaciones saludables de lobos, los accidentes en carreteras con animales salvajes, como jabalíes y ciervos, son menos frecuentes. La presencia de lobos también fomenta la “ecología del miedo”, ya que los herbívoros, ante un depredador, tienden a moverse más, beneficiando así a los ecosistemas forestales al distribuir la presión que ejercen sobre ellos.