El Mary Celeste fue avistado el 5 de diciembre de 1872 navegando a la deriva entra las Azores y Lisboa y sin tripulantes abordo.

“Con diez cañones por banda / viento en popa, a toda vela / no corta el mar sino riela / un velero bergantín”

(José de Espronceda (1808–1842), La canción del pirata)
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Pero el Mary Celeste no era un barco pirata. Apenas un bergantín norteamericano del que no se esperaba sorpresa ni aventura alguna: sólo que llevara su carga a buen puerto, como lo hizo desde su construcción en Spencer, Nueva Escocia…, aunque entonces tenía bandera británica y se llamaba Amazon. Cambio de nombre que, según la tradición y la superstición marinera, jamás debe hacerse porque es un llamado a la fatalidad…

El 5 de diciembre de 1872, entre las islas Azores y Lisboa y con mar calmo, un vigía del bergantín canadiense Dei Gratia lo avistó y dio rápido aviso al capitán David Reed Morehouse:
–¡El Mary Celeste está navegando en zigzag! Algo extraño sucede…

 Morehouse, desde el puente de mando, clavó la potencia de sus prismáticos en el bergantín colega, lo recorrió palmo a palmo, y dijo, asombrado:

–No hay nadie a la vista. Parece un buque fantasma. Va a la deriva, y sólo con el foque y el trinquete. Las demás velas están plegadas…

El Dei Gratia puso proa hacia el Mary Celeste. Tres de sus hombres lo abordaron, y el primer oficial Oliver Deveau recibió la orden de escribir un informe completo de la situación.

Este fue el resultado:
. Buque desierto. Ni un alma a bordo.
. Bombas de achique normales.
. Un metro de agua en la cala, bastante en el entrepuente, y puesto de proa lleno hasta el borde.
. Faltan los botes salvavidas.
. La última anotación en el cuaderno de bitácora data del 24 de noviembre: once días antes de su descubrimiento.
. Faltan el sextante, el cronómetro y la corredera: medidor de la velocidad de buque.
. Los grandes toneles de agua potable sobre soportes de madera fueron desplazados, posiblemente por una gran ola que hubiera entrado a bordo.
. La carga –barricas de alcohol industrial desnaturalizado– parece intacta. (Nota: Deveau no las contó: eran 1.700 por un valor de 37.000 dólares).
. En la cocina, sobre el fogón todavía caliente, había una cacerola con un pollo recién cocido. La mesa estaba servida: tres platos llenos y tres tazas de té todavía tibio.
. Los objetos personales del capitán Benjamin Briggs, hombre de larga tradición marinera, estaban intactos.
. Conclusión: parece evidente que los diez tripulantes del Mary Celeste abandonaron el barco poco antes de que lo avistáramos, y muy rápidamente, como amenazados por algo muy grave.

El bergantín del gran misterio salió de Nueva York con destino a Génova el 7 de noviembre. Por supuesto, la desaparición del capitán y todos los tripulantes entró no sólo en el huracán de una investigación tan larga como minuciosa: también fue pasto de las teorías más novelescas, audaces y disparatadas.

Una, por ejemplo, aseguraba que el cocinero enloqueció y envenenó a la tripulación en la noche del 24 de noviembre: fecha de la última anotación en la bitácora. Pero… ¿y los tres platos y las tres tazas que encontró el oficial Deveau? Según la fantasía, “tres marineros seguían vivos, pero el cocinero les preparó el pollo y el té envenenados, y tiró los cadáveres al mar. Después, al ver acercarse al Dei Gratia, recuperó la razón y expió su crimen lanzándose también al mar”.

Delirio difícil de superar…, hasta que un creciente rumor aventuró que, “de pronto surgió de las aguas un pulpo gigante –el fabuloso y temible Kraken– que barrió la cubierta con sus tentáculos y devoró a todos los marineros, excepto al capitán Briggs, su mujer y su hija, que corrieron la misma suerte muy poco más tarde, cuando ya estaban servidos los tres platos y las tres tazas de té”.

Tercer folletín: “Confiados en el buen tiempo, el capitán y sus oficiales se arrojaron al agua para bañarse y nadar, mientras el resto de la tripulación los miraba desde una de las bordas. Pero se levantó un viento brutal, una de las ráfagas inclinó al buque de costado, y todos se ahogaron”.

Pero aún faltaba la versión más espeluznante, y la publicó el Chamber´s Journal: “el Mary Celeste fue atacado por los piratas del Rif, uno de los cinco territorios del protectorado español de Marruecos, que los capturaron y los pasaron a degüello“.

También se especuló con la posibilidad de los dos capitanes, Briggs y Morehouse, muy amigos, se hubieran confabulado para hundir al Mary Celeste y cobrar el seguro –práctica bastante común–, pero la suma registrada era de apenas 1.700 libras. Muy poco para tanto riesgo…

Desde luego, a medida en que corrieron el reloj y el almanaque, se agregaron hipótesis de variopinto calibre: tromba marina, maremoto, y hasta un aterrador fenómeno paranormal…, yel sombrío pasado del Mary Celeste cuando se llamó Amazon: un sólido bergantín con casco estilo carabela, 30 metros de largo (eslora), casi 8 de ancho (manga), y 200 toneladas de peso bruto.

En su primer viaje, su capitán, Robert McLellan, enfermó –fiebre incontrolable– y murió apenas dos semanas después de hacerse a la mar.
Segundo viaje. Capitán John Nutting Parker. Destino: Londres. Pero en el trayecto de regreso chocó con un velero en el Canal de la Mancha, lo hundió, pero sufrió severos daños. Y no fue todo: en 1867, al mando del capitán William Thompson, fue arrastrado por una tormenta en la isla de Cabo Bretón, y su destrucción fue casi completa. Tanto, que el nuevo comprador pagó 1.750 dólares por los restos… y gastó 8.825 para restaurarlo y cambiar su nombre por el de Mary Celeste.

Dotación del viaje fatal: Briggs, su mujer y su hija –desafío a la maldición de las mujeres a bordo, todavía en boga en esos años–, Albert Richardson y Andrew Gilling (oficiales), Edward Head (sobrecargo), y cuatro marineros alemanes de primera clase: los hermanos Volkkert y Boz Lorenzen, Arian Martens y Gottliebb Goodschaad.

En la última investigación apareció una espada debajo de la cama de Briggs con manchas que parecían de sangre –pábulo para nuevas y siniestras teorías–, pero el análisis demostró que eran de pintura…

No se encontró la documentación del barco.
El juicio final, librado en Gibraltar y ante la ausencia de pruebas concretas, determinó dos posibles causas del misterio:
La tripulación, ignorando que el alcohol desnaturalizado que llevaba el Mary Celeste es altamente venenoso, lo bebió en gran cantidad, y la letal borrachera los hizo caer al mar.
Un maremoto fisuró los toneles de ese alcohol, y sus vapores intoxicaron y enloquecieron a la tripulación, que acabó en el mar.
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Martillo final del juez James Cochrane, presidente de la Suprema Corte del Vicealmirantazgo de la Corona británica… caso cerrado, y puerta abierta –eternamente– a uno de los grandes enigmas del mar. Que en una noche de tormenta, según Joseph Conrad, navegante obstinado y genio literario…, puede explicarnos el origen del mundo.