Mary Celeste (a menudo escrito incorrectamente como Marie Celeste) es el nombre de un bergantín mercante estadounidense que fue encontrado desierto y navegando a la deriva en el océano Atlántico, frente a las islas Azores, el 5 de diciembre de 1872. El bergantín canadiense Dei Gratia lo encontró en malas condiciones, pero en buen estado para navegar, las velas estaban parcialmente desplegadas y faltaban los botes salvavidas. La última entrada en el cuaderno de bitácora estaba fechada diez días antes. La embarcación había salido de Nueva York con destino a Génova el 7 de noviembre y al momento del hallazgo todavía contaba con bastantes provisiones. Su carga de alcohol desnaturalizado estaba intacta y los objetos personales del capitán y de la tripulación permanecían en su sitio. Nunca más volvió a saberse nada de alguno de los tripulantes.
El Mary Celeste fue construido en Spencer Island, Nueva Escocia, y se botó con registro británico en 1861 con el nombre de Amazon. Su propiedad y registro cambiaron a manos de un estadounidense en 1868, cuando adquirió su nuevo nombre y navegó sin incidentes hasta su viaje de 1872. En las audiencias de rescate realizadas en Gibraltar tras su recuperación, los oficiales de la corte consideraron varias posibilidades, entre ellas un posible motín de la tripulación, piratería por parte de la tripulación del Dei Gratia u otros y conspiración para cobrar el seguro o realizar un rescate fraudulento. No se encontró evidencia convincente para respaldar estas teorías, pero las sospechas y las dudas motivaron que la recompensa que se estableció por el rescate fuera relativamente baja.
El carácter inconcluso de las audiencias ayudó a fomentar las especulaciones en cuanto a la naturaleza del misterio y con el tiempo la historia se complicó con la adición de detalles falsos y fantasías. Entre las hipótesis manejadas está el efecto de los vapores de alcohol en la tripulación, un terremoto submarino, una tromba marina, el ataque de un calamar gigante o algún fenómeno paranormal.
Después de las audiencias de Gibraltar, el Mary Celeste continuó en servicio con nuevos propietarios. Su capitán lo destrozó deliberadamente cerca de la costa de Haití en 1885, en un intento de defraudar a la aseguradora. La historia de su abandono ha sido narrada y dramatizada muchas veces en novelas, obras teatrales, documentales y películas y el nombre de la nave se ha convertido en sinónimo de un abandono inexplicable.
Alfredo Serra | Sucedió hace 146 años, urdió fantasías y delirios, pero sólo el mar guarda el secreto…
“Con diez cañones por banda / viento en popa, a toda vela / no corta el mar sino riela / un velero bergantín”
(José de Espronceda (1808–1842), La canción del pirata)
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Pero el Mary Celeste no era un barco pirata. Apenas un bergantín norteamericano del que no se esperaba sorpresa ni aventura alguna: sólo que llevara su carga a buen puerto, como lo hizo desde su construcción en Spencer, Nueva Escocia…, aunque entonces tenía bandera británica y se llamaba Amazon. Cambio de nombre que, según la tradición y la superstición marinera, jamás debe hacerse porque es un llamado a la fatalidad…
El 5 de diciembre de 1872, entre las islas Azores y Lisboa y con mar calmo, un vigía del bergantín canadiense Dei Gratia lo avistó y dio rápido aviso al capitán David Reed Morehouse:
–¡El Mary Celeste está navegando en zigzag! Algo extraño sucede…
–No hay nadie a la vista. Parece un buque fantasma. Va a la deriva, y sólo con el foque y el trinquete. Las demás velas están plegadas…
El Dei Gratia puso proa hacia el Mary Celeste. Tres de sus hombres lo abordaron, y el primer oficial Oliver Deveau recibió la orden de escribir un informe completo de la situación.
Este fue el resultado:
. Buque desierto. Ni un alma a bordo.
. Bombas de achique normales.
. Un metro de agua en la cala, bastante en el entrepuente, y puesto de proa lleno hasta el borde.
. Faltan los botes salvavidas.
. La última anotación en el cuaderno de bitácora data del 24 de noviembre: once días antes de su descubrimiento.
. Faltan el sextante, el cronómetro y la corredera: medidor de la velocidad de buque.
. Los grandes toneles de agua potable sobre soportes de madera fueron desplazados, posiblemente por una gran ola que hubiera entrado a bordo.
. La carga –barricas de alcohol industrial desnaturalizado– parece intacta. (Nota: Deveau no las contó: eran 1.700 por un valor de 37.000 dólares).
. En la cocina, sobre el fogón todavía caliente, había una cacerola con un pollo recién cocido. La mesa estaba servida: tres platos llenos y tres tazas de té todavía tibio.
. Los objetos personales del capitán Benjamin Briggs, hombre de larga tradición marinera, estaban intactos.
. Conclusión: parece evidente que los diez tripulantes del Mary Celeste abandonaron el barco poco antes de que lo avistáramos, y muy rápidamente, como amenazados por algo muy grave.
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El bergantín del gran misterio salió de Nueva York con destino a Génova el 7 de noviembre. Por supuesto, la desaparición del capitán y todos los tripulantes entró no sólo en el huracán de una investigación tan larga como minuciosa: también fue pasto de las teorías más novelescas, audaces y disparatadas.
Una, por ejemplo, aseguraba que el cocinero enloqueció y envenenó a la tripulación en la noche del 24 de noviembre: fecha de la última anotación en la bitácora. Pero… ¿y los tres platos y las tres tazas que encontró el oficial Deveau? Según la fantasía, “tres marineros seguían vivos, pero el cocinero les preparó el pollo y el té envenenados, y tiró los cadáveres al mar. Después, al ver acercarse al Dei Gratia, recuperó la razón y expió su crimen lanzándose también al mar”.
Delirio difícil de superar…, hasta que un creciente rumor aventuró que, “de pronto surgió de las aguas un pulpo gigante –el fabuloso y temible Kraken– que barrió la cubierta con sus tentáculos y devoró a todos los marineros, excepto al capitán Briggs, su mujer y su hija, que corrieron la misma suerte muy poco más tarde, cuando ya estaban servidos los tres platos y las tres tazas de té”.
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Tercer folletín: “Confiados en el buen tiempo, el capitán y sus oficiales se arrojaron al agua para bañarse y nadar, mientras el resto de la tripulación los miraba desde una de las bordas. Pero se levantó un viento brutal, una de las ráfagas inclinó al buque de costado, y todos se ahogaron”.
Pero aún faltaba la versión más espeluznante, y la publicó el Chamber´s Journal: “el Mary Celeste fue atacado por los piratas del Rif, uno de los cinco territorios del protectorado español de Marruecos, que los capturaron y los pasaron a degüello“.
También se especuló con la posibilidad de los dos capitanes, Briggs y Morehouse, muy amigos, se hubieran confabulado para hundir al Mary Celeste y cobrar el seguro –práctica bastante común–, pero la suma registrada era de apenas 1.700 libras. Muy poco para tanto riesgo…
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Desde luego, a medida en que corrieron el reloj y el almanaque, se agregaron hipótesis de variopinto calibre: tromba marina, maremoto, y hasta un aterrador fenómeno paranormal…, yel sombrío pasado del Mary Celeste cuando se llamó Amazon: un sólido bergantín con casco estilo carabela, 30 metros de largo (eslora), casi 8 de ancho (manga), y 200 toneladas de peso bruto.
En su primer viaje, su capitán, Robert McLellan, enfermó –fiebre incontrolable– y murió apenas dos semanas después de hacerse a la mar.
Segundo viaje. Capitán John Nutting Parker. Destino: Londres. Pero en el trayecto de regreso chocó con un velero en el Canal de la Mancha, lo hundió, pero sufrió severos daños. Y no fue todo: en 1867, al mando del capitán William Thompson, fue arrastrado por una tormenta en la isla de Cabo Bretón, y su destrucción fue casi completa. Tanto, que el nuevo comprador pagó 1.750 dólares por los restos… y gastó 8.825 para restaurarlo y cambiar su nombre por el de Mary Celeste.
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Dotación del viaje fatal: Briggs, su mujer y su hija –desafío a la maldición de las mujeres a bordo, todavía en boga en esos años–, Albert Richardson y Andrew Gilling (oficiales), Edward Head (sobrecargo), y cuatro marineros alemanes de primera clase: los hermanos Volkkert y Boz Lorenzen, Arian Martens y Gottliebb Goodschaad.
En la última investigación apareció una espada debajo de la cama de Briggs con manchas que parecían de sangre –pábulo para nuevas y siniestras teorías–, pero el análisis demostró que eran de pintura…
No se encontró la documentación del barco.
El juicio final, librado en Gibraltar y ante la ausencia de pruebas concretas, determinó dos posibles causas del misterio:
La tripulación, ignorando que el alcohol desnaturalizado que llevaba el Mary Celeste es altamente venenoso, lo bebió en gran cantidad, y la letal borrachera los hizo caer al mar.
Un maremoto fisuró los toneles de ese alcohol, y sus vapores intoxicaron y enloquecieron a la tripulación, que acabó en el mar.
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Martillo final del juez James Cochrane, presidente de la Suprema Corte del Vicealmirantazgo de la Corona británica… caso cerrado, y puerta abierta –eternamente– a uno de los grandes enigmas del mar. Que en una noche de tormenta, según Joseph Conrad, navegante obstinado y genio literario…, puede explicarnos el origen del mundo.