26 de mayo de 2025
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¿Es posible resucitar animales extintos? Ciencia, límites y marketing genético

Un viejo sueño de la humanidad… cada vez más cerca (o eso parece)

Desde el momento en que se extinguió el primer animal conocido por el ser humano, surgió una pregunta que ha fascinado tanto a científicos como a soñadores: ¿y si algún día pudieran volver? En pleno siglo XXI, cuando la tecnología genética ha alcanzado cotas impensables hace tan solo unas décadas, la idea de resucitar especies desaparecidas ya no suena a ciencia ficción… aunque en la práctica esté mucho más lejos de lo que parece.

En la última entrega del programa Cuarto Milenio, Iker Jiménez y el naturalista Álex N. Lachhein se adentran en este fascinante debate: ¿realmente podemos traer de vuelta animales extintos como el lobo gigante, el mamut lanudo o el dodo? ¿Es cierto que se está experimentando con genética antigua para revivir a especies desaparecidas hace milenios?

El caso del lobo gigante blanco: ¿resurrección o ficción?

Uno de los ejemplos más mediáticos de esta idea es el supuesto “retorno” del lobo gigante blanco, una especie que desapareció hace miles de años. Según se explica en el programa, este caso se ha convertido en un fenómeno de marketing impulsado por una empresa privada estadounidense, respaldada por figuras del cine y grandes inversores.

Pero el animal que han creado no es un verdadero lobo prehistórico. Se trata de un híbrido moderno, diseñado a partir de ADN canino y ciertos fragmentos genéticos antiguos. No es una resurrección, sino una reconstrucción aproximada basada en especulación genética y tecnología avanzada.

Los límites biológicos: el ADN no es eterno

Uno de los mayores obstáculos para traer de vuelta a una especie extinta es el deterioro natural del ADN con el paso del tiempo. El material genético, incluso en las mejores condiciones de conservación (hielo, ámbar, salinas), comienza a fragmentarse tras unos pocos siglos. Se estima que un genoma puede permanecer parcialmente viable unos 500 años. Más allá de ese tiempo, el deterioro es tan severo que no se puede reconstruir con fidelidad.

La herramienta CRISPR, una de las grandes revoluciones de la biología moderna, permite cortar y modificar fragmentos del ADN, pero no puede revivir lo que no existe. Si no se dispone de una secuencia completa y funcional del genoma, el experimento deja de ser una “resurrección” y pasa a ser un acto de creación artificial, como sucede con los híbridos actuales.

“Un animal extinto no lo resucita ni Dios”

La frase, pronunciada por Álex N. Lachhein, resume la crudeza del asunto. Cuando una especie se extingue, lo hace no solo en lo físico, sino también en lo genético, ecológico y evolutivo. Aunque se logre fabricar un ser parecido, jamás será el original. La extinción es un fenómeno absoluto y, hasta ahora, irreversible.

Además, las especies no existen en el vacío. ¿Dónde viviría un mamut si se resucitara? ¿Cómo se integraría en un ecosistema que ya no existe? ¿Qué implicaciones éticas tendría devolver a la vida a un animal sin propósito ecológico y sin posibilidad real de sobrevivir por sí mismo?

Clonar mascotas: el negocio del amor eterno

Mientras tanto, la clonación de animales domésticos ya es una realidad. Hoy por hoy, quien disponga de entre 30.000 y 50.000 euros puede encargar la clonación de su perro o gato fallecido. Aunque el resultado es genéticamente idéntico, el animal no será el mismo: su carácter, recuerdos y experiencias no pueden clonarse.

En países como China, ya se están proyectando laboratorios dedicados a clonar animales en masa, no solo con fines sentimentales, sino también comerciales y científicos. Pero aquí tampoco se trata de resurrección, sino de reproducción artificial de seres vivos aún existentes o recientemente fallecidos, que comparten una parte genética viable.

Ciencia, espectáculo y una línea muy fina

El interés por revivir especies extintas ha dado pie a una amalgama de investigaciones reales, marketing sensacionalista y promesas de ciencia ficción que confunden fácilmente al público. La idea del “zoológico jurásico” sigue seduciendo a la imaginación colectiva, pero en la práctica, la ciencia se mueve con pasos más lentos, cuidadosos y éticos.

El debate sobre la resurrección de especies extintas no solo es técnico, sino también filosófico, ético y ecológico. ¿Debemos hacerlo aunque podamos? ¿Qué consecuencias tendría para el equilibrio natural? ¿Estamos jugando a ser dioses sin entender realmente el precio de nuestras acciones?

¿Renacimiento o ficción biológica?

Hoy por hoy, ninguna especie extinta ha sido realmente “resucitada”. Lo más cercano son imitaciones genéticas incompletas, basadas en especies actuales. Lo que sí se está haciendo es desentrañar los códigos del pasado para entender mejor cómo vivían esos animales, cómo funcionaban sus organismos y, en algunos casos, cómo podrían ayudar sus genes a proteger a especies en peligro.

La resurrección total sigue siendo, por ahora, parte del imaginario colectivo… más próxima al cine que a la realidad. Pero con cada avance genético, esa línea entre ficción y posibilidad se vuelve más difusa.

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