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La Guardia Civil detiene a una mujer de 22 años y a un hombre de 33 en Vallecas y Picassent por una trama que utilizó el dinero para comprar un reloj de oro, dispositivos electrónicos, videoconsolas y monedas de oro
La Guardia Civil ha esclarecido una sofisticada estafa bancaria en la que una mujer de 72 años residente en Altea perdió 76.620 euros después de que los presuntos autores consiguieran hacerse con el control de su número de teléfono y, posteriormente, acceder a su banca digital.
La investigación, desarrollada dentro de la denominada operación Joya 26, ha terminado por el momento con dos detenidos: una mujer de 22 años y un hombre de 33, localizados en Vallecas (Madrid) y Picassent (Horta Sud).
A ambos se les atribuyen presuntos delitos de estafa y pertenencia a organización criminal, aunque la investigación continúa abierta y los agentes tratan de determinar la participación de otras personas.
Todo comenzó con la pérdida del control de la línea telefónica
La investigación arrancó después de que la víctima denunciara la desaparición de 76.620 euros de su cuenta bancaria.
Las primeras pesquisas permitieron comprobar que alguien habría suplantado previamente su identidad para realizar una portabilidad de su número de teléfono a otra compañía y solicitar posteriormente un cambio de titularidad.
La operación permitió a los presuntos estafadores hacerse con el control de la línea telefónica de la víctima. Los investigadores detectaron que estos movimientos coincidían temporalmente con los accesos fraudulentos realizados a su cuenta bancaria.
El control del número de teléfono resulta especialmente sensible en este tipo de fraudes porque puede permitir a los delincuentes recibir códigos o comunicaciones utilizadas para verificar determinadas operaciones bancarias.
Solicitaron tres tarjetas vinculadas a la cuenta de la víctima
Según la investigación, una vez conseguido el control de la línea, los autores habrían accedido a la banca digital de la mujer.
Desde allí solicitaron tres tarjetas de débito vinculadas a su cuenta, que posteriormente fueron utilizadas para efectuar compras y otras operaciones.
Para dificultar su identificación, los implicados habrían empleado diferentes identidades, números de teléfono y direcciones.
El dinero comenzó entonces a repartirse entre compras de productos de elevado valor, transferencias y operaciones realizadas desde diferentes lugares.
26.200 euros en un reloj de oro
Una de las adquisiciones que más llamó la atención de los investigadores fue la compra de un reloj de oro de alta gama por 26.200 euros.
El reloj fue recogido físicamente en una joyería de Alicante.
Pero fue solo una parte del dinero investigado. Más de 41.000 euros se destinaron a adquirir dispositivos electrónicos y videoconsolas que posteriormente fueron recogidos en establecimientos situados en diferentes provincias españolas.
Los agentes han conseguido identificar hasta 14 pedidos de material tecnológico, retirados por distintas personas.
Además, la investigación detectó 9.915 euros ingresados en una plataforma de apuestas por internet y otros 2.415 euros empleados en la adquisición de cinco monedas de oro.
La Guardia Civil investiga una posible estructura organizada
El análisis de las operaciones y de las personas que participaron en la recogida de los productos ha llevado a los investigadores a considerar que podría existir una estructura criminal organizada con diferentes funciones.
Según esta hipótesis policial, habría personas encargadas de obtener fraudulentamente el control de la línea telefónica, otras de realizar las operaciones económicas y otras de recoger los productos adquiridos o participar en la posterior circulación de los fondos.
Los agentes también han localizado numerosas transferencias entre los presuntos implicados.
Las pesquisas permitieron finalmente detener a dos de los supuestos participantes en Vallecas y Picassent, aunque la Guardia Civil mantiene abierta la operación.
La Guardia Civil alerta ante una pérdida repentina de cobertura
Tras este caso, la Guardia Civil recomienda prestar especial atención cuando un teléfono móvil pierde inesperadamente el servicio o la cobertura sin una explicación aparente, ya que puede ser una señal de que se ha producido una portabilidad fraudulenta de la línea.
También aconseja revisar periódicamente los movimientos de las cuentas bancarias para detectar cuanto antes cualquier operación desconocida.
El caso de Altea muestra cómo el control de un número de teléfono puede convertirse en la puerta de entrada para un fraude mucho mayor: los autores no necesitaron sustraer físicamente la tarjeta bancaria de la víctima, sino que, según la investigación, suplantaron su identidad, tomaron el control de su línea y desde ahí consiguieron acceder a su dinero.
