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ETA reconoce 16 asesinatos en dos atentados que hasta ahora no había admitido

ETA reconoce 16 asesinatos en dos atentados que hasta ahora no había admitidoVarias décadas después, ETA  asume en su último boletín interno “Zutabe”, fechado el pasado mes de abril, que fue la responsable de dos atentados que hasta ahora no había reivindicado: la explosión en la cafetería Rolando en la calle Correo en Madrid en 1974 en la que perdieron la vida 13 personas y el asesinato de tres jóvenes, vendedores de libros a domicilio, en Tolosa en 1981 al confundirles con policias nacionales.

El último “Zutabe”, difundido un mes antes de que ETA anunciara su disolución y que ha sido publicado este martes por el diario Gara,  asume 758 asesinatos y 2.606 “acciones armadas”, dos más que en su día no reivindicó, según el rotativo.

La banda terrorista fija en 758 el número de personas asesinadas, “decenas menos que los listados del Ministerio del Interior o la Fundación de Víctimas del Terrorismo que refieren 853 y 829 víctimas mortales“. Además califica la masacre de Hipercor como el “mayor error y desgracia”.

ETA rechaza la autoría de “falsos atentados” como el “incendio del hotel Corona de Aragón”, 83 muertos en 1979, que, según dice, le “achacan” la AVT y Covite y asegura que “las divergencias se corresponden con la imputación a ETA de acciones cometidas por otras organizaciones armadas, el caso de la niña Begoña Urroz en 1961, o bien producto de la guerra sucia”.

Mientras, el Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco, Covite, cree “inaceptable” que ETA no haya reconocido, en su último Zutabe, que “asesinó a 853 personas“, y solo asuma, según la asociación, 758 crímenes. Además, considera “una humillación” para las víctimas del terrorismo que “su propaganda” se difunda antes del ‘Día de la Memoria’, que se celebra el 10 de noviembre. “Esto supone que “la memoria que quieren construir los terroristas se basa en el blanqueamiento de su pasado criminal”, ha puntualizado.

Cinco décadas de violencia

En las cinco décadas de actividad violenta ETA asume que cometió “365 atentados contra la Guardia Civil” en los que asesinó a 186 miembros de este cuerpo; 215 contra “cuerpos policiales españoles” en los que murieron 139 agentes; y 147 contra el Ejército, en los que perdieron la vida 101 militares, además de “11 funcionarios civiles de la Armada”.

En el texto, según publica Gara, ETA describe su trayectoria criminal “desde una perspectiva básicamente operativa”, aunque incluye la declaración de “reconocimiento del daño causado que emitió el pasado 8 de abril”, en el que la banda terrorista reconoce “la responsabilidad directa que ha adquirido en este dolor” y manifiesta que “nada de todo ello debió producirse jamás o que no debió prolongarse tanto en el tiempo”.

ETA hace referencia a su atentado más sanguinario, cometido en el hipermercado Hipercor en Barcelona el 19 de junio de 1987, en el que murieron 21 personas 45 resultaron heridas, y afirma que fue “el mayor error y desgracia” de su “accionar armado”, pero alega que “los responsables policiales y gubernamentales tomaron la decisión de no desalojar el edificio”.
Respecto a los secuestros que califica de “motivación económica” llevados a cabo en la década de los 90, asegura que “se convirtieron en el centro de una fuerte confrontación” y considera que los de los empresarios José María Aldaya (342 días) y Cosme Delcalux (232) “se prolongaron tanto por las dificultades técnicas y operativas provocadas por la presión policial“.

En su último boletín ETA señala que en 2001 “se realizaron tres intentos de atentado contra el presidente del Gobierno, José María Aznar, con la utilización de un misil mientras estaba en vuelo”.

Tres jóvenes vendedores de libros

En el caso de los tres jóvenes de Tolosa, la organización nunca quiso admitir el error cometido e incluso llegó a emitir un comunicado en el que negaba la autoría de los asesinatos.

Aquel 21 de junio de 1981, Iñaki Ibargutxi y los hermanos Pedro Conrado y Juan Manuel Martínez Castaños se habían desplazado a Tolosa desde Bizkaia, donde residían, para dedicarse a vender a domicilio material didáctico, fundamentalmente libros y casetes en euskera.

Se tomaron un respiro en su jornada laboral en el bar Beti Jai, en el que acostumbraban a comer, y al salir, cuando iban a subirse a su coche, fueron acribillados a balazos. Dos de ellos, Iñaki Ibargutxi y Juan Manuel Martínez Castaños, murieron en el acto, mientras que Pedro Conrado padeció una larga agonía hasta fallecer el 28 de marzo de 1982 a causa de las heridas sufridas en aquel atentado.

Las crónicas de la época reflejan que los atacantes abandonaron el lugar al grito de “Gora ETA militarra” (Viva ETA militar) y el Mando Único Antiterrorista rápidamente atribuyó el atentado a esta rama de la organización terrorista, que un día después comunicó telefónicamente al diario Egin que no había tenido ninguna relación con lo sucedido.

“No tenemos nada que ver con el asesinato de ayer en Tolosa, en el que murieron dos jóvenes, a cuenta de los mercenarios pagados y que crea la confusión y el terror en Euskadi”, dictó el comunicante que habló en nombre de ETA.

La mentira fue inmediatamente amplificada por Herri Batasuna, que no dudó en calificar los asesinatos como “maniobra destinada a desprestigiar a ETA y, de paso, a la izquierda radical que apoya la alternativa KAS”.

Para todos los públicos

Tal vez la identidad y filiación política de las víctimas llevaron a ETA a negar su autoría. Iñaki Ibargutxi, de 26 años, natural de Ugao-Miraballes (Bizkaia), era afiliado del PNV, y Pedro Conrado Martínez Castaños, de 31 años, casado y con un hijo, había militado en CCOO y era miembro del Partido Comunista de España (PCE), según refleja la documentación del Mapa del Terror del Colectivo de Víctimas del Terrorismo Covite.

En un reportaje sobre este caso publicado por la revista “Euzkadi” en 1987, los padres de Iñaki Ibargutxi se mostraron convencidos de que a su hijo y sus dos compañeros ETA los confundió con tres agentes del Cuerpo Nacional de Policía, que también frecuentaban el bar por una investigación y que se desplazaban en un coche similar.

El “Zutabe” de ETA, publicado en abril, ha aportado algo de luz sobre este caso y el de la cafetería Rolando, pero otros similares seguirán aún inmersos en la incertidumbre, como el de los tres trabajadores gallegos, Humberto Fouz Escobero, Fernando Quiroga Veiga y Jorge García Carneiro, desaparecidos en 1973 después de cruzar la frontera para ir al cine en San Juan de Luz, o el del dirigente etarra Eduardo Moreno Bergaretxe “Pertur”, del que no se tienen noticias desde 1976.

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