11 de noviembre de 2025
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Igualdad activa el protocolo de “no pasa nada” tras el fallo de las pulseras antimaltrato: el router tenía un mal día

Atención, atención: las pulseras antimaltrato dejaron de funcionar durante 12 horas… pero todo bien, ¿eh? Según el Ministerio de Igualdad, no pasó nada. Nada grave. Nada serio. Nada de lo que preocuparse. Solo un pequeño fallo técnico… que dejó sin servicio un sistema de protección para mujeres en riesgo. Cosas que pasan. Como cuando se te cae Netflix justo al final del capítulo. Pero con vidas en juego.

Al parecer, el responsable del fallo fue un router. Sí, un router. Ese aparatito que todos tenemos en casa, lleno de luces parpadeantes, y que reseteamos golpeándolo con el canto de la desesperación. Ese mismo dispositivo era el que gestionaba miles de alertas de víctimas de violencia de género. España, año 2025, punteros como siempre.

Mientras tanto, Ana Redondo, ministra de Igualdad y portavoz de la fe ciega en la tecnología, apareció en vídeo desde la Sala Cometa (nombre de central de videojuegos o centro de control de naves espaciales de los años 80), lanzando un “mensaje de tranquilidad”. Y lo mejor: sin despeinarse. Literalmente. Aunque para eso están los 60.000 euros de maquillaje de Presidencia.

El botón del pánico, dicen, siguió funcionando. Lo que no explicaron es quién respondía al otro lado del botón mientras el sistema se caía como la web de Hacienda el 30 de junio. Pero bueno, detalles técnicos.

Vodafone-Securitas —sí, la misma alianza que te vende móviles y alarmas de chalet— es la encargada del sistema. Un equipo tan solvente como un modem USB en medio de una tormenta eléctrica. Aseguran que el problema ya está solucionado y que “investigarán hasta el final”. Igual que con las residencias en pandemia. Spoiler: no pasó nada.

Y para tranquilizarnos aún más, desde el Ministerio insisten en que el sistema “va más allá de la pulsera”. Claro. Va hasta el infinito y más allá: comunicados, protocolos, powerpoints, reuniones con nombres épicos como “Cometa” y promesas de mejora constante. Todo muy sólido. Excepto la red.

Así que ya sabéis: si eres víctima de violencia y tienes una de estas pulseras, confía. No en la pulsera. Ni en el botón. Ni en el router. Confía en el protocolo. O en Dios. Porque, total, vienen siendo lo mismo.

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