Jerónimo García Tomás: “La postura ética uno la tiene y la vuelca en lo que escribe aunque no quiera”

El escritor valenciano Jerónimo García Tomás acaba de publicar un nuevo libro, ‘Trama de grises’ (Ediciones Contrabando 2014), en donde el género negro, en los nueve relatos que contiene la obra, ocupa un lugar destacado.

Seguidor de los grandes autores de la novela negra (Chandler, Goodis…), García Tomás charla para El Péndulo de VLCNoticias sobre su nuevo trabajo, sus aficiones novelísticas y su vinculación a la narrativa cinematográfica.

El Péndulo: ¿Qué es ‘Trama de grises’, a qué se va a enfrentar el lector cuando abra tu libro?

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Jerónimo García Tomás:
‘Trama de grises’ contiene nueve relatos de corte más o menos realista. Algunos son de género negro, otros, no. Pero creo que hasta los que no entran del todo en esta clasificación contienen algún elemento de fondo que los acerca al género, elemento que de alguna manera proporciona cierta unidad o coherencia al libro.

E.P.: ¿Por qué te entusiasma el género negro?

J.G.T.: No sabría qué responder a eso. ¿Por qué nos gusta la literatura, el cine, el arte, etcétera? Siempre me ha apasionado la novela realista norteamericana de la primera mitad del siglo XX y considero que la novela negra forma una parte muy importante de toda aquella producción. Aunque obviamente, por las razones elitistas de siempre tan intrínsecas al mundo literario, nunca se ha reconocido a los autores de género tanto como a otros. Para mí Hammett o Chandler son tan importantes como lo pueda ser cualquier autor de la generación perdida. Manchette consideraba el género negro como una de las mayores aportaciones del siglo XX a la literatura. Estoy de acuerdo con él.

E.P.: ¿Cuál es la conexión de ‘Trama de grises’ con los autores de género negro que admiras?

J.G.T.: Aprendí a escribir imitando a esos autores. Copiando descaradamente y de manera terrible, claro, a Chandler, Goodis… Con el tiempo supongo que me pasó lo que a todos, me fui distanciando poco a poco de mis modelos y fui encontrando una voz propia. Pero la influencia de éstos siempre te sigue de alguna manera. Como siempre me interesaron mucho más los clásicos del género que los contemporáneos; en determinado momento me di cuenta de que mi reto iba a ser mantener esa influencia sin sonar anacrónico. Los nueve relatos de ‘Trama de grises’ han sido escritos y corregidos a los largo de un periodo de unos diez años. Creo que mantienen una cierta homogeneidad de estilo, pero está claro que unos acusan mis influencias más que otros. En algunos casos puede tratarse de una decisión consciente y en otros, no tanto. Por ejemplo, cuando escribí ‘La mujer del andén’ tenía muy claro que buscaba un relato al estilo de la novela negra primitiva, algo que pudiera haber sido publicado en Black Mask. ‘La charca’, por otro lado, puede recordar a los cuentos de Hemingway. En ‘Expedición nocturna’ probablemente buscaba un lenguaje más cercano al del paperback de los 50. En otros, como decía, no me planteé este tipo de cosas, y algunos de mis lectores han detectado influencias o referentes que yo no hubiera imaginado.

E.P.: ¿Cómo ves el género negro en España?

J.G.T.: Confieso que apenas leo novela negra española. La poca que he leído no es actual y la leí hace demasiado tiempo como para tener una opinión fiable. Recuerdo que alguna cosa de Manuel de Pedrolo me gustó. Y ‘El inocente’, de Mario Lacruz. De todas formas, desde hace unos años parece haberse revitalizado el interés por el género en nuestro país. Hay muchos certámenes y festivales relacionados con la novela negra. Se está publicando mucho y, lo que me parece más interesante, se están reeditando muchas obras de autores que llevaban décadas fuera de nuestras librerías, como Bill S. Ballinger o William Riley Burnett.

E.P.: Eres un gran cinéfilo y has dirigido cortometrajes. ¿Hay un cruce entre cine y literatura en tu escritura, en tu manera de narrar?

J.G.T.: Supongo que sí, claro. Se podría etiquetar mi estilo de cinematográfico. Pero esto me viene ya no sólo de mi pasión por el cine sino de toda la literatura con la que me he formado. También eran cinematográficos Hammett y Dos Passos.

E.P.: En la portada del libro hay una imagen de Roma. ¿Qué es para ti Italia? ¿Cómo te influencia?

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J.G.T.: He vivido en Italia dos veces, la primera en Roma y la segunda en Génova. Italia ha sido muy importante para mí. Hasta qué punto puede haber influido en mí trabajo es algo que no sabría decir. Uno de los relatos del libro tiene una relación bastante directa con mi experiencia en Roma, que es ‘Contratación’. Y cuando escribí ‘Expedición nocturna’ tenía presentes ambientes y personajes de cierto cine italiano de los 60 y 70. De ahí lo de utilizar nombres propios como Rizio o Lambo, que sería una especie de abreviatura rara de Lamberto.

E.P.: ¿Te ha influenciado entonces el cine policíaco italiano de los 70?

J.G.T.: Bueno, no estaba pensando sólo en el policiaco cuando hablaba de ‘Expedición nocturna’. Pero sí, el personaje de Rizio podría recordar a uno de los delincuentes sádicos que solía interpretar Tomas Milian, por ejemplo. Es esa visión de la criminalidad marginal de los barrios bajos que se daba tanto en el llamado poliziesco como en algunos films sociales de la época. El poliziesco me interesa mucho, de todas formas, y donde más me influyó fue en mi segundo cortometraje, ‘El arma’, que en parte es un homenaje a aquel cine.

E.P.: En Valencia hay lugares especializados en novela negra, como por ejemplo la librería Cosecha Roja. ¿Qué te parece la aparición de estos espacios? ¿Permiten ampliar el interés en el género negro?

J.G.T.: Me parece estupendo, claro. Forma parte de esa revitalización de la que hablaba antes.

E.P.: Uno de tus autores preferidos es Manchette. ¿Qué valoras de sus novelas?

J.G.T.: Me encanta Manchette. ‘Fatal’ es una de mis novelas preferidas. Para mí, es el autor de novela negra más interesante de la década de los 70, junto con el británico Ted Lewis, al que prácticamente no se conoce en nuestro país. Es cierto que la obra de Manchette puede ser un tanto irregular, que no todas sus novelas están al mismo nivel. Pero las que son buenas me parecen brillantes. Me gusta la manera en que utilizaba de manera tan explícita elementos típicos y ya codificados del género para, a partir de ellos, elaborar un discurso y una poética propia. Consiguió ser el mejor renovador de su generación a base precisamente de volver a las raíces. Además, le admiro el dominio de la técnica objetivista que llegó a demostrar en sus últimas novelas.

E.P.: ¿Cuál es el leitmotiv de los nueve relatos de ‘Trama de grises’? ¿Qué los une para estar en un mismo libro?

J.G.T.: No sé si puede hablarse de un leitmotiv. No es que exista realmente una unidad temática, o algo por el estilo. El título vendría a hacer referencia a la ambigüedad que suele ser característica de las situaciones que describo, al hecho de que no haya buenos y malos o de que los posicionamientos morales nunca terminen de quedar claros. A nivel temático, supongo que hay cuestiones que aparecen y vuelven a aparecer, aunque no siempre soy consciente de esas cosas. Hace un tiempo me señalaron que un tema recurrente en mis relatos era el de la manipulación. Y es cierto. Es un tema recurrente. Pero nunca había reparado en ello hasta ese momento. En el libro, de todos modos, hay relatos que podrían encajar en distintas definiciones. Los hay más dramáticos, más cómicos, más de género, más naturalistas… Pero aún con todo, no creo que haya ninguno que desentone. A nivel tanto formal como de contenido, me parece que forman un conjunto rico pero homogéneo.

E.P.: La ambigüedad moral de la que hablas, y que en cierto modo preconizas, significa que desechas todo referente moral? ¿La literatura, según tú, no debe respaldar ninguna postura ética?

J.G.T.: No voy a entrar a debatir en torno a lo que la literatura debe o no debe hacer. De lo que sí huiría totalmente es de hacer literatura con fines didácticos y moralizantes. La postura ética uno la tiene y la vuelca en lo que escribe aunque no quiera. A estas alturas todos tenemos ya bastante claro que los textos totalmente limpios no existen, que hasta la mayor neutralidad está condicionada de una manera u otra por quien la utiliza. No creo que nadie se pueda llevar a engaño a este respecto. Lo que yo nunca haría es forzar la presencia de dicha postura. Es decir, nunca me plantearía que postura ética quiero mantener en lo que escribo ni me preocuparía por plasmarla. El tipo de literatura que me interesa es el que mantiene al narrador lo más apartado posible de la historia, el que nunca juzga a los personajes y el que trata de dejar que el lector saque sus propias conclusiones. Respecto a la ambigüedad moral, la buena novela negra se ha distinguido siempre por ella, y por evitar el maniqueísmo de blancos y negros que sí ha podido caracterizar otros géneros populares.

E.P.: La literatura negra clásica empleaba muchas veces el relato para hacernos una precisa radiografía de su época, mostrar el lado oscuro, perverso y siniestro del poder. ¿Te sientes vinculado a esa opción o distante de ella?

J.G.T.: Sí, es uno de los aspectos del género en el que más se hace hincapié últimamente. No me siento ni vinculado ni distante. Algunos de los relatos de ‘Trama de grises’ pueden tener un componente social, como ‘El contrato del gas’ o ‘Una mujer demasiado alta’. En cualquier caso, nunca ha sido algo que me haya planteado de antemano. Ha surgido así, y punto. La radiografía de la época y el mostrar el lado siniestro del poder es algo que la novela negra puede hacer y ha hecho en múltiples ocasiones. Pero también me parece importante recordar que no es lo único que puede hacer. Lo digo porque a veces tengo la sensación de que se recurre al argumento del retrato y la denuncia social como el único modo de defender el género frente al menosprecio de la crítica elitista, y esto me parece un error. El género ha dado a lo largo de su historia un buen número de obras lo bastante buenas y con los suficientes valores estéticos como para ser defendidas desde una perspectiva estrictamente literaria. El valor del género como vehículo para el retrato social está ahí y me parece bien reivindicarlo, pero no debe convertirse en un clavo ardiendo al que agarrarse. Eso sería contraproducente.

E.P.: Tus relatos, en gran medida, eluden los elementos más típicos y efectistas del género (crímenes, detectives, policías corruptos…), y desarrollan sus tramas en escenarios mucho más cotidianos. ¿Por qué prescindir de lo que todo el mundo espera encontrar y centrarse en aspectos que, en principio, pueden atraer poco al lector?

J.G.T.: Bueno, algún que otro crimen si que hay. Pero entiendo lo que dices. No es que huya de esos elementos típicos, pero hasta el momento supongo que me ha atraído más la idea de utilizar el lenguaje del género para acercarme a entornos y personajes cotidianos. Esto tampoco es algo nuevo. Los pequeños delitos mezquinos que se cometen en casa del vecino, incluso sin detective que los investigue, pueden resultar tan interesantes como las guerras ente mafiosos o los chantajes a ricos decadentes.

E.P.: ¿Has pensado llevar al cine alguno de estos relatos?

J.G.T.: No, nunca. Lo que busco en la literatura no suele coincidir con lo que me gusta hacer en cine. En principio, no me veo interesándome en adaptar nada mío. Pero nunca se sabe.

E.P.: Supongo que estás escribiendo algo nuevo ahora. ¿Persistes en el mismo género?

J.G.T.: Estoy terminando una novela ahora mismo. Y sí, es negra.

El Péndulo de VLCNoticias/Jimmy Entraigües

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