Que John Travolta tiene un carisma atrapante no es ninguna novedad. Basta con decir que en El chico de la burbuja de plástico (1976), su primer papel protagonista, conquistó a su partenaire, la actriz Diana Hyland (18 años mayor que él), cuando terminó el rodaje. Pero no sólo es un galán, también un hombre versátil que supo adaptarse a todos los roles. La historia de su vida tiene de todo… drama, acción, amor, tristeza, alegría; tiene todo lo que cuentan sus films. Es como si ambas cuestiones se mimetizaran.

Ese mismo año su vida cambió, o al menos empezó a cambiar. Un productor lo llamó para decirle que lo quería para que sea la estrella de Fiebre del sábado por la noche. Al año siguiente los cines colapsaron al ver a Tony Manero bailando disco e imponiendo una moda estridente en los Estados Unidos. Pero cuando la gloria aparece, el contexto no siempre es favorable: meses antes de su estreno, Hyland, su novia, murió de cáncer.

Pero si aquel film lo había puesto en la vista de todos, fue Grease (1978) el que lo consagró. Dirigido por Randal Kleiser, este musical -conocido también como Brillantina o Vaselina, considerado por muchos el musical más exitoso de la historia- fue un éxito rotundo y a partir de ahí Travolta empezó, como suelen decir los norteamericanos, a jugar en las grandes ligas.

Sin embargo, en la década del 80 no pudo afirmar su carrera ascendente: lo que devino fueron todos fracasos comerciales. Quizás por el intento de replicar la vieja fórmula, esa que sólo funciona una sola vez. ¿Los ejemplos? La secuela de Fiebre del sábado noche, titulada Staying Alive (1983) y dirigida por Sylvester Stallone; volver a hacer dupla con Olivia Newton John, esta vez en Tal para cual (1983).

Pero luego de tanta búsqueda el regreso triunfal al calor de los aplausos llegó en 1994, cuando Quentin Tarantino le propuso estar al frente de Pulp Fiction junto a Uma Thurman, Samuel L. Jackson y Bruce Willis. A partir de aquí su carrera vuelve a ascender. Tenía 40 años en ese entonces y una nueva oportunidad para demostrar sus capacidades actorales.

Al año siguiente hizo Get Shorty (también conocida como El nombre del juego y Cómo conquistar Hollywood), una comedia que le valió el Globo de Oro como mejor actor. Allí Travolta muestra su costado humorístico dejando en claro su ductilidad a la hora de interpretar papeles. En 1997 hace Contracara donde juega un doble rol que intercambia con Nicolas Cage, el de un agente del FBI y el de un terrorista desquiciado. Si bien no le valió ningún premio, hoy es catalogada como un clásico.

Fue así que su ascenso se consolidó, sin embargo no todo fue color de rosas. Dos años después de sorprender a todos con Hairspray, el musical donde interpreta a una divertida señora, su hijo falleció. Se llamaba Jett y tenía 16 años; padecía la enfermedad de Kawasaki y el triste final fue producto de severas convulsiones. Era su primogénito y, como era de esperar, entró en una gran tristeza que quizás nunca haya superado pero sí logró reponerse.

Con Kelly Preston -su esposa desde 1991- tiene dos hijos más: Ella, nacida en el año 2000, y Benjamin, en el 2010. En su familia se apoyó para continuar siendo la leyenda que hoy es del cine. Con Desde París con amor (2010) Salvajes (2012), Caza humana (2013) apostó al cine de acción y completó su abanico de posibilidades actorales.

La historia de John Travolta es una historia de perseverancia. Pese a las muertes que rodearon su vida, nunca bajó los brazos. Siempre intento ir hacia adelante. Como los aviones que él mismo maneja, el Boeing 707 -que perteneció a la flota de una aerolínea australiana y al que le puso de nombre Jett Clipper Ella, en honor a sus hijos-, con una línea firme y segura, así fue su vida. Siempre hacia adelante. ¿Acaso no es la mejor forma de ser el mejor?