Castellón.- La alcaldesa de Castellón, Begoña Carrasco, presidió este lunes la ceremonia de entrega de honores y distinciones municipales. Durante el evento, se otorgaron las Medallas de Oro de la ciudad a la Banda Municipal de Castellón y al periódico Mediterráneo. Ignacio Pérez de Heredia y Valle fue nombrado Hijo Adoptivo de la ciudad, mientras que la rondalla Els Llauradors recibió el Corbatín de Honor.
La ceremonia contó con la presencia de diversos representantes oficiales, como la presidenta de Les Corts, Llanos Massó, el conseller de Medio Ambiente, Vicente Martínez Mus, y la senadora Eva Redondo, entre otros.
Este acto formó parte de las celebraciones por el 774 aniversario del Privilegio de Traslado, un evento clave en la fundación de Castellón. La concejala de Cultura, María España, se encargó de leer los méritos de los galardonados, distinciones que ya habían sido aprobadas previamente.
En su discurso, Carrasco exaltó los valores de Castellón, afirmando que la ciudad es un pilar y un orgullo de la provincia: “Castellón continúa siendo una locomotora, un aliado y un guardián”, dijo. También enfatizó la importancia de recordar y celebrar la historia común de la ciudad.
Destacó a las personas y entidades distinguidas como modelos a seguir, afirmando su papel fundamental en el desarrollo y la identidad de Castellón. “Estos cuatro nombres engloban a miles de castellonenses cuyo trabajo ha hecho de Castellón una gran ciudad”, expresó.
La Medalla de Oro otorgada a la Banda Municipal de Castellón fue recogida por el director José Vicente Ramón Segarra, junto con Elisa Ortells y Antonio Mena. La banda celebró su centenario, destacando que su trayectoria es un reflejo de las emociones compartidas por la comunidad.
Aitor Moll, consejero delegado de Prensa Ibérica, representó al periódico Mediterráneo, también galardonado. Moll manifestó su emoción y orgullo por el reconocimiento, destacando el papel del diario en contar la historia de Castellón a lo largo de 100 años.
Ignacio Pérez de Heredia y Valle aceptó su nombramiento como hijo adoptivo, recordando sus raíces en Castellón y su trayectoria personal y religiosa. Compartió recuerdos de su infancia y formación que lo llevaron a su vocación sacerdotal.
Finalmente, la rondalla Els Llauradors recibió el Corbatín de Honor, entregado a sus últimos miembros en activo, reconociendo así su contribución cultural a la ciudad.