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Gimnasios, una escuela de circo, un rocódromo o instalaciones de pádel ocupan espacios donde durante décadas trabajaron artistas falleros
La Ciutat de l’Artista Faller de Valencia atraviesa una transformación que está cambiando por completo su identidad original. De las más de 60 naves que llegaron a estar vinculadas a la construcción de fallas, apenas una decena continúa actualmente dedicada a este oficio.
El resto de espacios ha ido acogiendo progresivamente otras actividades, muchas de ellas alejadas del mundo fallero. Allí donde hasta hace poco se trabajaba con madera, cartón, pintura y estructuras para los monumentos de marzo, ahora funcionan gimnasios, escuelas deportivas, un rocódromo, una escuela de circo o instalaciones de pádel.
Uno de los ejemplos más visibles es una nave en la que hasta el año pasado se construían fallas y que actualmente se utiliza para practicar jiu-jitsu.
De talleres falleros a gimnasios y negocios deportivos
La amplitud de las antiguas naves y sus características industriales han despertado el interés de empresas y negocios que necesitan grandes superficies.
Ximo Esteve, artista fallero jubilado, resume la transformación enumerando algunas de las nuevas actividades implantadas en el barrio: dos gimnasios, una escuela de circo, un rocódromo y un espacio de pádel.
Los responsables de algunos de estos negocios destacan precisamente las ventajas de las instalaciones: facilidad para aparcar, grandes vestuarios y superficies suficientemente amplias para desarrollar actividades deportivas.
En uno de los gimnasios, por ejemplo, el tatami ocupa aproximadamente 150 metros cuadrados.
«La Ciutat Fallera está sentenciada»
El cambio genera preocupación entre los profesionales y antiguos artistas que durante años han reclamado una mayor protección del entorno.
José Devís, artista fallero, considera que el deterioro de la actividad tradicional ha llegado demasiado lejos.
«Al final, a muchos artistas que se jubilan no les queda otra solución que alquilar o vender al mejor postor», explica.
Según Devís, la falta de medidas de protección adoptadas años atrás ha provocado que ahora resulte muy complicado conservar el carácter original del barrio.
Su diagnóstico es contundente: «La Ciutat Fallera está sentenciada».
La jubilación de los artistas acelera la transformación
Uno de los principales problemas está relacionado con el relevo generacional.
Cuando un artista fallero se jubila y no existe continuidad profesional dentro del taller, mantener una nave de grandes dimensiones puede convertirse en una carga económica difícil de asumir.
La opción termina siendo venderla o alquilarla a otro tipo de negocios capaces de aprovechar estos espacios.
La consecuencia es que cada cierre supone también la desaparición de otro punto de producción artesanal dentro de un barrio diseñado precisamente para concentrar el trabajo de los profesionales de las Fallas.
Los nombres de los antiguos talleres, último recuerdo
Todavía permanecen en muchas fachadas los nombres de los artistas y talleres que trabajaron durante décadas en la zona.
Son, en algunos casos, el último vestigio visible del pasado fallero de las naves, aunque en su interior se desarrollen ya actividades completamente diferentes.
Devís llega incluso a cuestionar que el entorno conserve todavía el nombre de Ciutat Fallera.
«La Ciutat Fallera ya no existe», lamenta el artista, que considera que la pérdida de talleres ha vaciado progresivamente de contenido la denominación histórica del barrio.
Un espacio nacido para los artistas falleros que cambia de identidad
La Ciutat de l’Artista Faller nació vinculada directamente a uno de los oficios fundamentales de las Fallas y durante décadas concentró buena parte de los talleres donde se construían los monumentos.
Ahora, con solo una decena de naves dedicadas todavía a hacer fallas de las más de 60 que llegaron a funcionar, el barrio afronta una transformación difícil de revertir.
La fiesta continúa creciendo y manteniendo su enorme peso cultural en Valencia, pero paradójicamente uno de los espacios concebidos específicamente para quienes construyen las fallas está perdiendo aceleradamente a sus propios artistas.