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La sandía. Comitiva de estrellas en el recuerdo

Las sandías. En nuestras tierras florecen entre los meses del verano boreal (junio y julio) madurando 40 días después de su floración. Es originaria de África y fue introducida por los árabes. Principalmente su cultivo se ha conservado en Andalucía y en toda la franja mediterránea. La etimología refleja el origen, ya que sandía proviene del árabe hispánico sandiyya o baṭîḫa sindîia (melón del país de Sind). En valenciano se denomina meló d’aigua, síndria, meló de moro y el título más empleado: meló d’Arger, ya que era Argelia uno de los lugares de procedencia.

En valenciano se denomina meló d’aigua, síndria, meló de moro y el título más empleado: meló d’Arger

La fotografía que se reproduce representa todo un ritual social en torno a la sandía. Podemos apreciar que nueve adultos y cuatro niños posan, tajada en mano, quizá después de una opípara comida. La felicidad se refresca y sonríen. Permanece una porción que durará hasta el momento de repetir. Estas vidas también son repetición de otras muchas en torno al fruto de pulpa roja con pepitas negras revestido de piel verde.

Comiendo sandía. Casa Manero. Ca. 1934. A. P. R. S.

Comiendo sandía. Casa Manero. Ca. 1934. A. P. R. S.

La sandía, la que me hace recordar aquellos tiempos cuando en mi querido barrio del Carme, las noches de verano, solíamos vaciarla y sobre su corteza realizábamos unas incisiones trazando precisos dibujos e instalar una vela encendida en su interior que permitía ver en transparencia las figuras. La Luna, el Sol, una casa, las estrellas… nuestra ilusión galáctica de representación nocturna.

Con la sandía sujeta por cordeles atados a un palo recorríamos las calles cantando: El sereno tiene un perro que le llaman Capitán y a la una de la noche se ha comido todo el pan ¡Serenoooo! Alternábamos variantes en valenciano: El sereno té un gos que li diuen Capità i a l’una de la nit no se sap on estarà.

Con la sandía sujeta por cordeles atados a un palo recorríamos las calles cantando: El sereno tiene un perro que le llaman Capitán y a la una de la noche se ha comido todo el pan ¡Serenoooo!

Después del pasacalle nos reuníamos e ingeríamos la pulpa que habíamos rebanado de aquella sandía. Éramos niños y nos reíamos del mundo, de la Luna y el Sol en aquellas noches abiertas a la imaginación. Todo ocurría en una Valencia donde aún se podían oler perfumes de fruta, jazmín, azahar junto a aquella escena costumbrista de calle y plaza sin televisión.

Todo ocurría en una Valencia donde aún se podían oler perfumes de fruta, jazmín, azahar junto a aquella escena costumbrista de calle y plaza sin televisión.

 

Por entonces creía que todos los serenos tenían un perro llamado Capitán. Recuerdo aquellos vigilantes de gorra y llaves en mano abriendo los patios y las noches. Aquella sandía paseada de sueños con estrellas que ofrecía reflejos de ilusión infantil.

(A.P.R.S. = Archivo Privado de Rafael Solaz)

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2 Responses to "La sandía. Comitiva de estrellas en el recuerdo"

  1. Javier Luna  28 de octubre de 2014 at 21:36

    La sandía es el fruto del “cucúrbita citrillus”, de la familia de las cucurbitáceas e indígena del valle del Nilo.
    Pero, para Rafael Solaz y para todos/as nosotros/as, es cultivo esplendoroso de nuestra huerta valenciana y manjar exquisito y refrescante en épocas de temperaturas elevadas. El sabio refranero nos recuerda que “sandía comerás y el calor sofocarás”.
    En cualquier caso, tan preciada y preciosa fruta no deja de poseer cualidades muy dignas de ser tenidas en cuenta, a saber : Baja en calorías, diurético natural, hidratación contra el mal humor, estimulante actividad sexual (por su alto contenido en citrulina), combate el dolor muscular, previene la hipertensión arterial y los problemas cardiovasculares, protege las células y es rica en vitaminas C y A.
    ¿ Te apetece un buen trozo de sandía, amigo/a ?. Por si acaso, nunca pierdas de vista que en ayunas, oro; a mediodía plata y por la noche mata.

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  2. Julio Cob  29 de octubre de 2014 at 00:42

    La sandia es por excelencia el fruto de nuestra niñez, por tantas y tantas cosas, en especial para quienes viviamos cerca de la huerta. Valencia y sus campos de frutales, significaba la calle, los juegos de calle.

    Junto a los tomates que despedían un perfume especial, con algo de azufre en sus matas, la sandia era el manjar especial. Los ribazos de piedra de las acequia cercana, con sus duros cantos, y a golpe de melón d’alger, servían para abrir en dos aquella pulpa rojiza, aun caliente por el sol, que pese ello devorabamos no sin perder de vista el horizonte por donde podía aparecer el guarda con su escopeta de cartuchos de sal, vigilante de campos y frutales.

    Años después, el meló d’alger era Feria de Julio, fiesta junto a las “panochas” quemadas al carbón.

    Añoranzas que me llegan leyendo a Rafael Solaz con su comitiva de estrellas en el recuerdo, que no son más que aquellas pepitas negras que escupías tras un buen bocado que me había inundado la boca.

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