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Expertos advierten de que móviles, ordenadores y enlaces favorecen una lectura más dispersa y proponen enseñar a los alumnos a detenerse, releer y seleccionar la información relevante
Leer un texto en un móvil o en un ordenador no funciona exactamente igual que hacerlo en un libro. La creciente presencia de las pantallas en la vida diaria de los estudiantes está abriendo un nuevo reto educativo: no solo conseguir que los jóvenes lean, sino enseñarles a comprender correctamente aquello que consumen en formatos digitales.
El debate ha cobrado fuerza después de que el informe PISA volviera a mostrar dificultades de comprensión lectora entre el alumnado.
Al mismo tiempo, algunos jóvenes reconocen que leen poco y que buena parte de lo que consultan diariamente llega a través de una pantalla.
El papel ayuda a mantener mejor la atención
Maribel Mormeneo, doctora en Lectura y Comprensión por la Universitat de València, señala que la lectura impresa permite centrar más fácilmente la atención en un único contenido.
En cambio, las pantallas ofrecen múltiples estímulos y facilitan una lectura más rápida y superficial.
Un texto digital puede incluir enlaces, avisos, otros contenidos y diferentes caminos de navegación que obligan al lector a tomar decisiones constantemente.
Saber leer en internet también se aprende
Para Mormeneo, la escuela debe enseñar estrategias específicas de lectura digital.
Una de ellas consiste en evitar pasar rápidamente por el contenido y practicar una lectura consciente. Si una idea no se entiende, es necesario detenerse y volver a leer.
Otra habilidad consiste en saber decidir qué enlaces merece la pena abrir y cuáles no aportan nada al objetivo de la lectura.
El alumno necesita aprender así no solo a entender un texto, sino también a orientarse dentro de un entorno digital lleno de información.
No se trata de eliminar las pantallas
La presencia de dispositivos digitales en las aulas forma ya parte de la realidad educativa.
A ello se suma la expansión de herramientas de inteligencia artificial, que están modificando la manera en la que los estudiantes buscan, reciben y procesan información.
Los expertos plantean por eso que la respuesta no debe ser hacer desaparecer estas tecnologías, sino enseñar a utilizarlas de una forma más útil para el aprendizaje.
De leer rápido a comprender mejor
El reto está en evitar que la rapidez propia de las pantallas sustituya a la comprensión.
Mantener la concentración, reflexionar sobre lo leído, volver sobre un párrafo cuando no se entiende y separar la información útil de las distracciones son algunas de las estrategias que los especialistas consideran necesarias.
En un entorno donde gran parte de la información que reciben los jóvenes llega ya a través de una pantalla, aprender a leer digitalmente se convierte así en una competencia educativa más.

