
El tratado de libre comercio entre la UE y el bloque Mercosur amenaza con arrasar el campo valenciano. Arroz, naranjas, carne y hasta el zumo de desayuno están en juego. Mientras en Bruselas se habla de aranceles y oportunidades industriales, en Alzira y la Ribera Alta se habla de ruina.
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Un pacto con 25 años de gestación… y 10 minutos para que el agricultor valenciano lo sufra
Lo que algunos celebran como una victoria estratégica del comercio europeo, otros lo viven como una sentencia de muerte para el campo mediterráneo. El acuerdo UE-Mercosur —ese que llevaba un cuarto de siglo atascado en negociaciones y sobreactuaciones diplomáticas— ha sido finalmente aprobado por los 27 miembros de la Unión.
Sí, también por España, que parece haber ignorado las advertencias unánimes del sector agrario valenciano, que ahora se prepara para lo peor. Porque lo peor, según agricultores, ganaderos y exportadores, no es una amenaza abstracta: es un tsunami de competencia desleal con productos más baratos, menos controlados y tratados con sustancias prohibidas en la UE.
El arroz, ahogado: 60.000 toneladas sin aranceles que arruinan la Albufera
Uno de los primeros productos en recibir el golpe será el arroz valenciano. El acuerdo prevé la entrada de 60.000 toneladas sin aranceles, casi la mitad de lo que produce anualmente la zona de la Albufera. Y no, no es arroz de autor, ni ecológico, ni gourmet: es arroz industrial sudamericano, cultivado con costes laborales bajísimos y con pesticidas que aquí están prohibidos desde hace años.
El resultado, según AVA-ASAJA: hundimiento de precios, pérdida de rentabilidad y abandono de tierras. Literalmente, menos paella para todos.
Cítricos en alerta: el zumo barato de Brasil que puede exprimir a toda la industria valenciana
El otro gran damnificado tiene nombre y apellidos: la naranja valenciana.
- Brasil, primer productor mundial de zumo de naranja, entra en el mercado europeo sin aranceles.
- Entre un 15 y un 20% de los cítricos valencianos se destinan a la industria transformadora.
- Si esa industria se abastece con zumo brasileño barato, el mercado en fresco se saturará y los precios en origen caerán en picado.
La Unió Llauradora lo resume así: “Se rompe el equilibrio. Y sin equilibrio, el agricultor pierde”.
Pero el drama no acaba en el precio. También están los riesgos fitosanitarios: enfermedades como la mancha negra o el cancro de los cítricos. Solo entre abril y octubre de 2025, la UE registró 44 interceptaciones de cítricos contaminados procedentes de Brasil, Argentina y Uruguay.
Y, aun así, abrimos las puertas.
¿Y la carne? Bienvenida sea… aunque venga con hormonas prohibidas
El tratado incluye también la entrada de 99.000 toneladas de carne vacuna, 180.000 de pollo y 25.000 de porcino. Todo con regulaciones medioambientales y sanitarias más laxas que en Europa. En el caso de la ganadería valenciana, esto supone una competencia imposible de asumir.
Mientras aquí se exige bienestar animal, trazabilidad y alimentación controlada, allí se permite el uso de hormonas y antibióticos que Europa prohibió hace décadas. El mensaje para el ganadero valenciano es claro: “Compite con esto. Suerte.”
Un mercado de 270 millones… ¿a cambio de sacrificar el campo?
Desde el Ministerio de Economía, se defiende el acuerdo porque abre un mercado de 270 millones de consumidores, que ahora tendrán más fácil acceso a productos europeos. El ahorro arancelario previsto para empresas europeas ronda los 4.000 millones de euros al año, ocho veces más que el del tratado con Canadá.
Sectores como el automóvil, los componentes industriales, los productos farmacéuticos o el textil se verán beneficiados. También se eliminarán barreras en servicios financieros, telecomunicaciones y contratación pública.
Pero, claro, todo eso no cultiva cítricos ni alimenta vacas en Requena.
Salvaguardas que llegan tarde y mal
La Comisión Europea insiste en que el tratado incluye “mecanismos de salvaguarda” para proteger productos sensibles. Pero las organizaciones agrarias valencianas —con AVA-ASAJA y La Unió al frente— lo tienen claro: esos mecanismos no funcionan.
Según el secretario general de La Unió, Carles Peris, los daños se detectan cuando el precio ya ha caído o el mercado ya está hundido. Y en el caso de los productos frescos, donde la fruta pasa del árbol al mercado en días, la reacción tardía es igual a ineficacia.
¿Y la seguridad alimentaria? Solo si se controla lo que entra
El argumento de Bruselas y del Gobierno español es que las normas europeas no se tocan. Que todo lo que entre del Mercosur deberá cumplir los exigentes estándares europeos.
Suena bien. Pero hay un problema: no se controla lo que entra.
Según AVA-ASAJA, solo se revisa el 0,0082% de los productos agroalimentarios importados. O lo que es lo mismo: más de 99,99% pasa sin control. Así, confiar en que todo cumple las normas es un acto de fe más que una política real de seguridad alimentaria.
Francia dice “no”, España dice “sí”
En medio de este conflicto, Francia ha decidido plantar cara al acuerdo. Ha exigido que no se importen productos con sustancias prohibidas y ha mostrado su rechazo frontal. Mientras tanto, España, de la mano del Gobierno de Pedro Sánchez, sigue respaldando el tratado.
Desde AVA-ASAJA y La Unió denuncian que el Ejecutivo prioriza la geopolítica y la industria frente al campo. Y lo dicen con cifras, no con eslóganes: 6.000 millones de euros de fondo de crisis previstos por Bruselas para compensar los daños del acuerdo. ¿Quién necesita un fondo de crisis antes de firmar un buen acuerdo?
¿Y ahora qué?
La pelota está ahora en el Parlamento Europeo, que debe ratificar el acuerdo. Las organizaciones agrarias intensificarán la presión política, mientras muchos agricultores se preparan para una campaña en la que no saben si podrán vender su producto a precios justos.
Porque una cosa es la globalización. Y otra muy distinta es jugar en un campo inclinado, donde uno tiene que cumplir 15 normativas ambientales, pagar salarios dignos, y vender al mismo precio que quien no cumple nada.
¿Se puede hablar de progreso cuando los de siempre pagan el precio? ¿Tiene sentido abrir mercados a costa de cerrar campos? ¿O estamos, una vez más, vendiendo el futuro del campo por cuatro cifras en un Excel de Bruselas?
¿Quieres que preparemos una segunda parte con testimonios de agricultores o un análisis del impacto en las comarcas valencianas? Aquí hay más zumo por exprimir.