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Precedentes del Cine en Valencia. Fantasmagoria. Escenas de terror en los siglos XVIII y XIX

Rafael Solaz AlbertRafael Solaz
Bibliófilo e historiador

 

A finales del siglo XVIII surgió el primer Diario de Valencia, primitivo periódico que ofrecía las más diversas noticias y, sobretodo, anuncios particulares de todo tipo. Durante algún tiempo proclamaba un espectáculo nunca visto en Valencia. Se trataba de la aparición de unas sombras e imágenes sorprendentes, sin que se anunciara el sistema empleado que quedaba para el misterio. En realidad las imágenes se proyectaban sobre una tela blanca a través de un artilugio que desprendía un halo de luz alimentado por una lámpara de aceite. Se trataba de proyectar formas por medio de unos cristales pintados con figuras extravagantes, fantasmagóricas y maravillosas. Era lo más parecido a la Linterna Mágica que después veremos. Los espectadores debían de horrorizarse al ver esos extraños seres proyectados sobre la parte trasera del lienzo. Este tipo de espectáculos tenían lugar en los mesones y hostales.

Se proyectaban formas por medio de unos cristales pintados con figuras extravagantes, fantasmagóricas y maravillosas

Escena satánica. Grabado valenciano siglo XIX. Foto: Archivo privado de Rafael Solaz

Escena satánica. Grabado valenciano siglo XIX. Foto: Archivo privado de Rafael Solaz

En el siglo XIX se dio a conocer la citada Linterna Mágica, más reducida y para uso familiar, presentándose un aparato de proyección que adquirían desde Francia las familias valencianas más pudientes. Se trataba de una caja metálica con lente de aumento en su frente, espejos cóncavos en su interior, con una puerta para introducir y encender el quinqué; en su parte superior se hallaba una chimenea por donde salía el calor. Las primeras instrucciones estaban escritas en francés, pero fue hacia 1850 cuando se adjuntó a la linterna un impreso en castellano para facilitar su uso: Arte de hacer todas las maravillas de la magia por medio de la Linterna Mágica.

En el siglo XIX se dio a conocer la Linterna Mágica, un aparato de proyección que adquirían desde Francia las familias valencianas más pudientes

En esta explicación se planteaba la utilización de cristales pintados con figuras como, seres sorprendentes, escenas maravillosas, brujas, esqueletos, vampiros o demonios. Tras apagar todas las luces los espectadores tenían que colocarse frente al lienzo y delante de la linterna. Una vez encendido el quinqué de aceite, la luz pasaba a través del cristal pintado y la lente de aumento, de forma que una claridad tenue reflejaba las figuras hacia aquel sencillo telón.

Hacia 1850 se adjuntó a la linterna un impreso en castellano para facilitar su uso: Arte de hacer todas las maravillas de la magia por medio de la Linterna Mágica

Grabado francés del primer tercio del siglo XIX. Foto: Archivo privado de Rafael Solaz

Grabado francés del primer tercio del siglo XIX. Foto: Archivo privado de Rafael Solaz

Linterna mágica. Siglo XIX. Foto: Archivo privado de Rafael Solaz

Linterna mágica. Siglo XIX. Foto: Archivo privado de Rafael Solaz

Para mayor emoción se recomendaba una variante que a nadie dejaba indiferente: la Fantasmagoria.  Consistía en engomar el lienzo y poner la luz detrás de la tela, apareciendo espectros, gigantes, fantasmas, animales feroces y monstruos que se hacían grandes o pequeños si se acercaba o alejaba la linterna, lo que producía una sensación de figuras en movimiento y aún causaba más espanto.

Así pues, existían cristales para “mayores”, como la citada Fantasmagoria o las Danzas de Brujas, que sin duda fueron los primeros títulos aparecidos de aquellas “terroríficas” proyecciones.  Para los niños se empleaban cristales con imágenes más inocentes, como película clasificada y “tolerada para todos los públicos”.

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