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Las Torres de Serranos son uno de los monumentos más emblemáticos de Valencia y el escenario simbólico por excelencia de la Crida. No son solo una puerta medieval: son la imagen de entrada a la ciudad histórica y el balcón desde el que cada año se da la bienvenida oficial a las Fallas.
Índice de contenidos
Origen y construcción
Fueron levantadas entre 1392 y 1398 por el maestro Pere Balaguer, durante el reinado de Pedro IV el Ceremonioso. Formaban parte de la nueva muralla cristiana que protegía la ciudad tras su expansión más allá del recinto islámico.
Su nombre procede de la comarca de los Serranos, ya que por esta puerta accedían los viajeros procedentes del interior.
Arquitectónicamente destacan por:
- Dos torres poligonales macizas
- Gran arco central de medio punto
- Escalinata monumental
- Amplias terrazas superiores que funcionaban como tribuna ceremonial
Su diseño combinaba función defensiva y carácter representativo.
De puerta defensiva a símbolo festivo
Durante siglos cumplieron funciones militares y urbanas. Entre 1586 y 1887 fueron utilizadas incluso como cárcel para nobles, lo que evitó su demolición cuando se derribaron otras partes de la muralla.
En 1931 fueron declaradas Monumento Histórico-Artístico Nacional.
Pero su gran transformación simbólica llegó en 1954, cuando la Crida se trasladó a este enclave. Desde entonces, cada año:
- Las Falleras Mayores suben a sus murallas
- La alcaldesa entrega las llaves de la ciudad
- Valencia escucha la llamada oficial a las Fallas
En 1990 el acto pasó a celebrarse en el antiguo cauce del Turia, frente a las torres, lo que permitió multiplicar la asistencia y ganar espectacularidad.
Arquitectura y detalles
Las torres presentan un estilo gótico civil valenciano. Su interior albergaba estancias defensivas y espacios cerrados que funcionaban como tribunas para observar entradas solemnes.
Desde lo alto se obtienen algunas de las mejores vistas del casco histórico y del antiguo cauce del río Turia.
Las Torres en la actualidad
Hoy son uno de los monumentos más visitados de la ciudad y un icono visual de Valencia. Además de la Crida, han sido escenario de actos culturales, conciertos y celebraciones institucionales.
Pero su momento más esperado cada año sigue siendo el último domingo de febrero, cuando las luces, la música y la pólvora transforman la fortaleza medieval en el gran balcón festivo de las Fallas.
Porque cuando las Torres de Serranos se iluminan, Valencia sabe que la fiesta está a punto de comenzar.


