27 de abril de 2025
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Último adiós global: el Papa Francisco descansa en Santa Maria Major tras un funeral que paralizó al mundo

La muerte del Papa Francisco deja un vacío en la Iglesia y reúne a 250.000 fieles, líderes mundiales y marginados en una ceremonia histórica de sobriedad y poder espiritual.


Una despedida sin precedentes: entre lágrimas, solemnidad y banderas ondeando

El 26 de abril de 2025 quedará grabado en los anales de la historia reciente, como el día en que Roma y el mundo entero se detuvieron para despedir a Jorge Mario Bergoglio, más conocido como el Papa Francisco. A sus 88 años, el Pontífice argentino cerró una etapa marcada por la apertura, la misericordia y el incansable trabajo por los olvidados. Y aunque era lunes, y aunque había tráfico, 250.000 personas (sí, un cuarto de millón) decidieron que la mejor manera de empezar la semana era rindiéndole homenaje en la Plaza de San Pedro.

Y por supuesto, Valencia también estuvo pendiente. Porque si algo sabemos aquí, es de devociones largas y procesiones infinitas.

El Papa que quiso descansar entre los suyos

No en San Pedro, donde todos esperaban encontrarlo, sino en la Basílica de Santa Maria Major. Allí, a seis kilómetros de la pomposa basílica vaticana, bajo una sencilla losa de mármol blanco que dice simplemente “Franciscus”, descansan ahora los restos del Papa más mediático desde Juan Pablo II (y no nos da vergüenza decirlo).

No hubo grandes mausoleos, ni dorados, ni mármoles de Carrara con filigranas imposibles. Francisco había pedido expresamente en su testamento un sepulcro modesto, “en tierra, sin decoraciones particulares”. ¿Y quién se atrevería a contradecirlo ahora?

Funeral de Estado… pero también de pueblo

Desde primera hora de la mañana, la Plaza de San Pedro fue escenario de escenas más propias de un macroconcierto que de una ceremonia religiosa. Gente corriendo para pillar sitio, banderas de todos los colores, pancartas improvisadas y hasta selfies al pie de la inmensidad vaticana. Si no hubiera sido por el estricto control de seguridad, más de uno habría acabado subido a las columnas de Bernini.

La misa, presidida por el cardenal Giovanni Battista Re, fue un espectáculo de sobriedad y majestuosidad al mismo tiempo. Algo así como una combinación entre la ópera y el silencio absoluto de una iglesia de pueblo en Semana Santa.

Y sí, hubo lágrimas. Y no pocas.

Grandes ausencias… y presencias sorprendentes

Pedro Sánchez no acudió. No vamos a entrar en detalles, pero digamos que en la fila de las ausencias importantes, España tenía su hueco reservado. En cambio, sí estuvieron los Reyes de España, Felipe VI y Letizia, demostrando que al menos la Monarquía sigue apostando fuerte por los eventos de trascendencia internacional (y por los atuendos protocolarios, todo sea dicho).

Donald Trump, sí, ese Donald Trump, ocupó sitio junto a los Reyes, y no faltaron otras figuras ilustres como Emmanuel Macron, Ursula von der Leyen y hasta Julian Assange, ese personaje que parece salido de una novela de espías y que agradeció personalmente al Papa su apoyo mientras estaba en prisión.

De la basílica a la eternidad: un recorrido simbólico

Tras la misa, el féretro emprendió un viaje de seis kilómetros, recorriendo lugares que marcaron el corazón espiritual de Roma y del propio Francisco. La residencia de Santa Marta, la iglesia de los Jesuitas, y hasta el Colosseo vieron pasar su último trayecto terrestre.

No fue un paseo cualquiera: marginados, presos, migrantes, personas trans y toda esa humanidad que Francisco abrazó desde el primer día, fueron los últimos en despedirlo. Y así, en silencio y con dignidad, el Papa humilde completó su misión.

El poder y la fe reunidos en un protocolo férreo

Gestionar más de 130 delegaciones internacionales y casi 50 jefes de Estado no es tarea fácil. Pero el Vaticano ya tenía experiencia en eventos multitudinarios: si pudieron con el funeral de Juan Pablo II, podían con esto.

La delegación española, junto con otras casas reales católicas, ocupó posiciones privilegiadas en la Plaza de San Pedro. Los presidentes siguieron el orden alfabético francés (cosas de protocolos milenarios), y mientras Trump sonreía a Macron, Zelenski buscaba discretamente el camino de salida para volver a su Ucrania en guerra.

Francisco: más allá del papa, el líder global

Si algo quedó claro en este funeral es que Francisco fue mucho más que un Papa. Fue un símbolo de la apertura, del diálogo entre culturas, de la misericordia por encima de la ley fría. Un líder que hablaba a los poderosos, pero también a los invisibles.

Sus mensajes contra el racismo, la xenofobia, las guerras y el cambio climático resonaron con fuerza en cada rincón de la ceremonia. No fue casualidad que uno de los rezos de los fieles fuera en chino, ni que su última bendición se hiciera bajo el rito oriental. Francisco fue y será recordado como un constructor de puentes.

Y ahora, su legado queda en manos de sus cardenales, que deberán elegir un sucesor en un cónclave que promete emociones fuertes (y seguramente más de un titular jugoso).

¿Y ahora qué?

La muerte de Francisco abre una nueva etapa para la Iglesia católica. Una Iglesia que ha sabido adaptarse a un mundo cambiante de la mano de un Papa que no temía hablar claro, criticar la hipocresía o abrazar a los marginados.

¿Será capaz su sucesor de mantener ese espíritu? ¿O volveremos a tiempos más rígidos, más tradicionales, menos comprometidos? Sólo el tiempo lo dirá.


¿Tú qué piensas? ¿Debería la Iglesia seguir apostando por la apertura y la misericordia que representó Francisco, o ves necesario un retorno a formas más tradicionales?

Fotos Sus Majestades los Reyes, acompañados por la delegación oficial española, ante el cuerpo de su santidad el papa Francisco

© Casa de S.M. el Rey

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