Un año después de la DANA: el deporte valenciano aún lucha por recuperar la normalidad
29 de octubre de 2025 | Redacción
Valencia. Hace justo un año, el 29 de octubre de 2024, una DANA sin precedentes golpeó la provincia de Valencia, dejando 229 víctimas mortales y miles de instalaciones arrasadas. También el mundo del deporte sufrió de lleno el impacto: clubes sin campo, piscinas destrozadas, escuelas deportivas paralizadas. Doce meses después, la reconstrucción avanza, pero la normalidad sigue sin llegar.
El deporte valenciano se ha convertido en un ejemplo de resistencia. Muchos equipos continúan entrenando en espacios prestados o improvisados, y algunos clubes históricos temen desaparecer si las obras no se aceleran. La catástrofe dejó cicatrices que van más allá de lo material: afectó al tejido social, al voluntariado y al espíritu deportivo de toda una comunidad.
Índice de contenidos
Paiporta: un club sin campo
El caso más simbólico es el del campo de El Palleter, en Paiporta, destruido por completo por la riada. Un año después, todavía no existe una fecha concreta para iniciar las obras de reconstrucción. La falta de instalaciones propias ha golpeado duramente a su escuela de fútbol base y ha puesto en peligro la continuidad del club.
Excepto el equipo amateur, el resto de formaciones entrena en el campo de El Terrer, rehabilitado gracias al apoyo del Ayuntamiento y la Federación Valenciana de Fútbol. Sin embargo, aún faltan vestuarios, oficinas y equipamientos básicos. “Entrenamos cuando hay hueco, sin horario fijo. Así es imposible mantener una cantera sólida”, lamenta uno de sus entrenadores.
Piscinas cerradas y nadadores desplazados
El panorama de las piscinas municipales tampoco es alentador. En Catarroja, la instalación sigue cerrada sin fecha de reapertura, y se estudia incluso su traslado a una zona menos inundable. El Club Natació Sirenas ha tenido que entrenar durante el verano en la playa y ahora depende de las piscinas de Silla y Albal para continuar su actividad. “Vivimos al día, sin saber si mañana tendremos dónde nadar”, reconoce su presidenta.
En Sedaví, la piscina olímpica —sede de competiciones autonómicas y nacionales— continúa clausurada. Casi un millar de nadadores se reparten entre Albal, Silla, Marxalenes y Benimàmet. “Nos hemos dispersado, y con ello se ha roto parte de la identidad del club. Necesitamos una solución urgente”, reclama el entrenador principal.
El Magre arrasó el fútbol en Algemesí
En Algemesí, el desbordamiento del río Magre convirtió el barrio del Raval en una laguna. El agua alcanzó los dos metros y destruyó el campo municipal de fútbol, situado junto al cauce. Hoy sigue pendiente el proyecto de reconstrucción integral. Los equipos Racing y Algemesí entrenan en el polideportivo, con medios limitados y sin graderíos. “Montamos y desmontamos el material cada día. No tenemos luz ni vestuarios. Así no se puede planificar una temporada”, cuenta uno de los coordinadores.
Massanassa y Alfafar: dos caras de la recuperación
En Massanassa, el campo de fútbol resistió parcialmente, aunque los accesos y oficinas quedaron inutilizados durante semanas. “Todavía se ven las marcas del barro en las paredes del club”, explica su presidente. Pese a ello, el equipo ha vuelto a competir gracias a la ayuda vecinal y a un esfuerzo económico titánico.
En cambio, Alfafar ha logrado rehacerse casi por completo. El club local ha renovado su terreno de juego y las infraestructuras dañadas. “De aquel caos hemos salido reforzados. Aprovechamos la tragedia para mejorar el drenaje y la seguridad del campo”, cuenta un dirigente. La montaña de escombros de hace un año es hoy un campo verde donde vuelve a rodar el balón.
Deporte valenciano: un año de resistencia
La reconstrucción avanza a distintas velocidades. Algunas obras se han completado con financiación de la Generalitat y las diputaciones, pero otras siguen atascadas por falta de presupuesto o trámites administrativos. Las federaciones intentan adaptar los calendarios para que los equipos afectados no queden fuera de la competición.
Más allá de los daños materiales, la DANA puso a prueba el espíritu deportivo de toda una región. Entrenadores, voluntarios y jóvenes deportistas han demostrado una fortaleza admirable. “Perdimos el campo, pero no las ganas de jugar”, resume un entrenador de Paiporta. Y en esa frase se concentra el verdadero triunfo del deporte valenciano: la capacidad de seguir adelante incluso cuando todo parece perdido.