Mientras Valencia sigue atrayendo inversión y nuevos residentes, en barrios como el Cabanyal crece una preocupación compartida por muchos vecinos: la dificultad de seguir viviendo donde siempre lo han hecho.
En los últimos años, fondos de inversión y grandes propietarios han adquirido edificios completos para destinarlos a nuevos usos o rehabilitarlos. Como consecuencia, el precio de la vivienda y de los alquileres ha aumentado, obligando a numerosas familias a abandonar el barrio por no poder asumir los nuevos costes.
En medio de esa transformación permanece una imagen que resume mejor que cualquier estadística lo que está ocurriendo.
🐈 Una gata, vieja conocida de las calles del Cabanyal, sigue ocupando el mismo rincón de siempre. Ajena a escrituras, compraventas y operaciones inmobiliarias, continúa siendo testigo silencioso de un barrio que cambia a gran velocidad.
Mientras los edificios cambian de propietarios y las fachadas se renuevan, ella permanece donde siempre estuvo, recordando que un barrio no está formado solo por ladrillos, sino también por las personas y los animales que le dan vida cada día.
Porque la verdadera cuestión no es si el Cabanyal seguirá transformándose.
La pregunta es otra:
¿Quién podrá seguir llamándolo hogar cuando termine esa transformación?