El Ayuntamiento de Valencia ha incorporado a su acervo cultural un retrato del Rey Martín el Humano. La obra será parte del nuevo Centro de Interpretación del Santo Cáliz, promovido por el Consistorio en la Casa del Relojero. La adquisición de este retrato, realizado por el prestigioso artista valenciano Pedro Arrúe de Mora y valorado en 10.285 euros, enriquecerá la exposición permanente del centro. En el lienzo, se retrata al monarca sosteniendo la sagrada reliquia, enmarcado en un diseño italiano decorado con oro fino y franjas azul óxido y crudo.
José Luis Moreno, delegado de Acción Cultural, Patrimonio y Recursos Culturales, ha subrayado la importancia del Rey Martín I en la historia del Santo Cáliz, vinculándolo al momento en que la reliquia llegó al relicario real de la Corona de Aragón desde el Monasterio de San Juan de la Peña. Moreno añadió que el futuro centro buscará difundir la historia y significado del Cáliz utilizando tecnología avanzada, destacando su relevancia cultural y espiritual para Valencia.
El retrato, un óleo sobre lienzo de 134,07 cm por 107,50 cm, ofrece una representación idealizada de Martín I de Aragón. El rey, con corona medieval y túnica azul adornada con armiño y piedras preciosas, porta también una capa de terciopelo rojo burdeos. El entorno representa un espacio interior que podría ser el Palacio de la Aljafería de Zaragoza, con un ventanal que añade profundidad a la composición. Una inscripción en latín reza: “REX MARTINVS COGNOM, PIVS”, mientras el rey sostiene el Santo Cáliz con respeto.
Según el proyecto museográfico del centro, dirigido por el historiador Miguel Navarro Sorní, la historia del Santo Cáliz en el contexto aragonés comenzó en 1399. Martín el Humano, siguiendo la tradición de búsqueda de reliquias iniciada por sus predecesores, mostró un gran interés por obtener el Cáliz que se encontraba en San Juan de la Peña. Tras contactar con el prior del monasterio, y ante su reticencia, el rey envió a su capellán mayor, lo que finalmente resultó en la entrega del Cáliz en Zaragoza el 26 de septiembre de 1399. Así, la preciada reliquia pasó a formar parte del relicario real, consolidándose como una de sus mayores joyas.