El aumento del tráfico y el botellón exasperan a los residentes de La Roqueta
El tráfico generado por la campaña navideña ha agotado la poca paciencia que les quedaba a los vecinos del barrio de La Roqueta, en Valencia. Ubicado cerca del centro histórico, entre la estación del Norte, la Gran Vía Ramón y Cajal y la calle Xàtiva, el barrio ha experimentado un fin de semana especialmente difícil. La gran afluencia de personas al centro de la ciudad para hacer compras navideñas ha resultado en atascos constantes, estacionamientos irregulares, ruido continuo y una sensación de abandono entre los residentes, quienes sienten que son tratados como ciudadanos de segunda. Además, el problema del botellón, consecuencia de la concentración de locales de ocio nocturno en la zona, sigue siendo un tema recurrente.
Una vecina expresó su frustración al ver restos del botellón del sábado aún en las calles de Pelayo, precisamente tras un fin de semana dedicado tanto a las compras como a la fiesta. La misma residente destacó que, además de soportar el bullicio nocturno, deben navegar con cuidado para evitar romper las botellas de vidrio esparcidas por las calles.
En cuanto al tráfico, la vecina recordó que su familia paga una tasa anual para estacionar en las plazas de la zona naranja, reservadas para vecinos desde las 19 horas entre semana y a partir de las 15 horas los sábados. Durante los fines de semana, resulta imposible mover el coche sin perder el espacio disponible. Este sábado, en particular, la calle Bailén estuvo saturada casi toda la tarde, complicando tanto el aparcamiento reservado como el doble fila.
La asociación de vecinos criticó el plan de tráfico implementado por el Ayuntamiento en sus canales de comunicación. Desde el viernes pasado, como parte de la regulación del flujo vehicular hacia el centro debido a la campaña navideña, se ha desviado parte del tráfico que llega desde el sur, llevándolo por el barrio de La Roqueta. Esto ha permitido el acceso a los parkings subterráneos del Mercado Central y la avenida del Oeste, ya que el centro histórico y comercial permanece cerrado al tráfico.
“La alcaldesa María José Catalá y el concejal de Movilidad y Policía Local, Jesús Carbonell, nos tratan como ciudadanos de segunda y desvían el tráfico a través de La Roqueta sin nuestra consulta”, critican, cuestionando si los vecinos del Ensanche reciben el mismo trato. La asociación denunció además la ocupación habitual de plazas de aparcamiento para motos por parte de coches y el constante colapso de la calle Bailén. Expresaron que, aunque pagan por aparcar en la zona naranja, la saturación los fines de semana lo impide. “Mientras entendemos la necesidad de controlar la afluencia de personas al área comercial, una vez más se hace en detrimento de La Roqueta, tratándolo como una zona de paso y estacionamiento del centro”, lamentaron.
Por último, otro vecino destacó que pese al aumento de la presencia policial, el barrio sigue enfrentando problemas de botellón y la presencia de gorrillas, dejando a muchos con la sensación de vivir en un área degradada y desatendida.