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Viaje al centro del miedo: «¡Forata no va a resistir!»
El 29 de octubre de 2024, a las 17:35 horas, en una sala de la sede de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ) en Valencia, un murmullo de incredulidad recorre el lugar. La técnica acaba de observar en la pantalla del Sistema Automático de Información Hidrológica (SAIH) un dato alarmante: el medidor sobre el río Poyo en Ribarroja muestra 280,547 metros cúbicos por segundo, un valor imposible a primera vista. Algo grave sucede y, además del problema en Forata, hay una nueva preocupación.
Ese día, el equipo del SAIH está compuesto por nueve empleados, pero por la tarde se reducen a tres, debido a la necesidad de vigilancia nocturna. En la mañana, el enfoque se centra en el río Poyo y el Magro. A las 12:07 se declara la alerta hidrológica en la cuenca del Poyo al superarse los 150 metros cúbicos por segundo en Riba-roja. Sin embargo, la situación mejora cuando cesa la lluvia en Chiva, reduciendo así la preocupación. Durante esas horas, algunos empleados comentan que la Agencia Estatal de Meteorología había pronosticado en exceso. Tres trabajadores permanecen en la sala al mediodía, incluyendo al jefe de telecomunicaciones, la técnica Carmen González y un hidrólogo.
A las 16:00 horas, Miguel Polo, presidente de la CHJ, llega al lugar. A las 16:13, González envía un informe de descenso del caudal en el barranco del Poyo, lo que sugiere que la situación allí mejora. Sin embargo, la presión se centra en Forata, donde se teme que llueva intensamente sobre la presa y en la cuenca del Magro. A las 11:45 se declara la alerta en esta región, extendiéndose a las 17:35 a municipios más allá de Algemesí debido al riesgo de caudales que podrían superar los 1.000 metros cúbicos por segundo tras la apertura de compuertas en Forata.
A las 18:00 horas, se activa el escenario 1 del Plan de Emergencia en la presa de Forata, y diez minutos después, se pasa al escenario 2 por peligro de rotura. La presa, originalmente al 14% de capacidad, recibe más de 75 hectómetros cúbicos en un solo día.
El temor de que la presa no resista crece, sobre todo porque presenta una patología en su lado derecho que podría acelerar la erosión. La frágil presa continúa desaguando hacia Macastre y otros municipios afectados, mientras aguas arriba, Utiel ya sufre una inundación severa. Sin embargo, Forata consigue resistir.
A pesar de la preocupación, las discusiones en el Centro de Coordinación Operativa Integrada (Cecopi), donde Polo se encuentra desde las 17:00 horas, se centran en Forata. La perspectiva de un posible colapso es inquietante, amenazando potencialmente la vida de 20.000 personas y sumergiendo aldeas enteras. Aunque a las 16:13 el correo hablaba de una tendencia ascendente en el Poyo, la tarde se torna complicada cuando los valores en el río aumentan dramáticamente a las 17:35, un hecho que algunos técnicos encuentran increíble.
El número de observadores disminuye conforme avanza la noche, y los sensores de monitoreo se ven afectados por la tormenta. A las 17:55, los datos muestran un aumento sorprendente del caudal en el Poyo: 280 metros cúbicos por segundo a las 17:55, 423 a las 18:00, 844 a las 18:05, y 691 a las 18:10. Estos aumentos de caudal generan gran tensión en el SAIH, dado que era necesario validar los datos con rapidez. Finalmente, se reporta un flujo de 1.686 metros cúbicos por segundo a las 18:43. Cuando se envía el correo, la cifra era ya de 1.941,59 metros cúbicos por segundo.
A medida que la noche avanza, el turno vespertino deja el lugar y el equipo enfrentado a la crisis queda sin monitorización debido a la fallida de sensores. La situación es crítica; el sensor del Poyo en Riba-roja falla a las 19:00 horas y deja de proporcionar datos confiables. El de Massanassa es arrastrado por la corriente a las 19:40 horas.
Mientras la tensión sigue creciendo, las complicaciones en las comunicaciones dificultan el contacto con otros puntos de la CHJ, conformando una tarde de miedo en Valencia que preludia una madrugada de dolor en los pueblos circundantes.