馃懟 Historia de terror
En las profundidades del antiguo bosque de Althorp, se alzaba una mansi贸n olvidada por el tiempo. Los aldeanos evitaban hablar de ella, pues de sus paredes se susurraban leyendas de terrores inimaginables. Hace a帽os, una hechicera hab铆a sido quemada en sus terrenos, pero no antes de maldecir la mansi贸n y a todo aquel que osara cruzar sus puertas. Aquella noche, un extra帽o grupo de turistas, 谩vidos de experiencias paranormales, decidi贸 desafiar las advertencias y explorar el lugar. Con sillas de jard铆n y linternas, comenzaron su campamento al caer el sol, ignorando la creciente sensaci贸n de ser vigilados.
A medida que avanzaban por el pasillo cubierto de polvo, un fr铆o que calaba los huesos inund贸 la atm贸sfera. Cada habitaci贸n que exploraban estaba llena de sombras danzantes y ecos de risas distorsionadas. La l铆der del grupo, Claudia, consult贸 su plancha ouija y de inmediato sinti贸 un escalofr铆o que recorri贸 su espalda. El tablero comenz贸 a moverse solo, deletreando palabras que helaban la sangre: “NO DEBER脥AN ESTAR AQU脥”. De repente, el aire se volvi贸 denso, cargado de un penetrante olor a azufre.
Jos茅, el esc茅ptico del grupo, trat贸 de calmar a sus amigos, pero su voz se apag贸 cuando el crujido de una puerta captur贸 su atenci贸n. Una figura transl煤cida, con el rostro quemado, emergi贸 de la penumbra. Era la bruja que una vez hab铆a jurado venganza, su cuerpo et茅reo flotando como un vapor oscuro. Sus ojos eran pozos vac铆os de odio y dolor. Intentaron huir, pero era como si la misma mansi贸n intentara retenerlos.
En un intento desesperado de escapar, los turistas se separaron, cada uno buscando desesperadamente la salida. Susurros siniestros y risas burlonas resonaban en sus o铆dos, confundi茅ndolos. La mansi贸n parec铆a modificar sus pasillos, llev谩ndolos siempre de regreso a la sala principal. Todo sentido de orientaci贸n se desvaneci贸, atrapados en un bucle terror铆fico, presos de la maldici贸n.
Claudia logr贸 abrir una ventana, cort谩ndose la mano en el proceso. Pero cuando intent贸 atravesarla, un par de manos invisibles la sujetaron, tirando hacia atr谩s, atray茅ndola hacia la oscuridad. Sus amigos la escucharon gritar, pero cuando entraron en la habitaci贸n, solo encontraron su linterna titilando en el suelo. La desesperaci贸n se apoder贸 de ellos, cada rinc贸n de la mansi贸n resonaba con el llanto desconsolado de Claudia.
Alfonso, el m谩s espiritual del grupo, intent贸 realizar un ritual de protecci贸n que hab铆a aprendido de su abuela. Dibuj贸 un pentagrama con la sangre de la herida de Claudia, mientras recitaba oraciones en un lenguaje antiguo. La figura de la bruja se detuvo, pero sus ojos continuaban ardiendo con un fuego sobrenatural. “Tu fe no te salvar谩”, susurr贸 con una voz que parec铆a arrastrarse desde el m谩s all谩.
Fue entonces cuando Luis, el m谩s racional y pr谩ctico, sugiri贸 quemar la maldita mansi贸n. Encontraron latas de queroseno en un viejo cobertizo y comenzaron a rociar los pasillos. Con un f贸sforo encendido, Luis desat贸 un infierno que casi igual贸 al que hab铆a consumido a la bruja siglos atr谩s. Las llamas lameron las paredes, pero al contacto con el pentagrama, se dividieron y retrocedieron como si algo intentara impedir que los alcanzara.
El incendio comenz贸 a destruir la casa, pero tambi茅n parec铆a alimentar a la maldad que habitaba en ella. Risas macabras resonaban con cada crepitar de las llamas, y las sombras parec铆an cobrar vida, estrechando el c铆rculo en torno a ellos. Alfonso fue el primero en caer, arrastrado por corrientes de humo hacia un vac铆o que no era de este mundo. Despu茅s, uno por uno, los dem谩s sucumbieron al enga帽o y al terror del lugar.
Al final, solo qued贸 Luis, de pie frente a las ruinas humeantes. Creyendo que hab铆a logrado escapar, retrocedi贸 entre las sombras del bosque. Sin embargo, en la tranquilidad del amanecer, descubri贸 que sus esfuerzos eran in煤tiles. En cada paso que daba, las llamas parec铆an seguirle como un recordatorio de que la oscuridad hab铆a triunfado. Su reflejo en el r铆o cercano revel贸 que sus ojos ahora portaban el mismo vac铆o que una vez hab铆a pertenecido a la bruja.
Los aldeanos encontraron las ruinas aquella ma帽ana, pero nadie se atrevi贸 a acercarse demasiado. Solo las historias de las llamas que nunca se extinguen y la presencia de unos ojos vac铆os observando desde la espesura del bosque quedaron como testimonio de lo que hab铆a ocurrido.