20 de agosto de 2026
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¿Puede sufrir la Comunitat Valenciana un gran terremoto? El sur de Alicante concentra el mayor riesgo sísmico

La Comunitat Valenciana no está al margen de los terremotos. Los expertos sitúan especialmente el sur de la provincia de Alicante dentro de una zona de riesgo sísmico moderado y recuerdan el devastador precedente de 1829, cuando un gran seísmo destruyó Torrevieja y Almoradí. La ciencia puede identificar las áreas de mayor peligro, pero todavía no puede predecir cuándo ocurrirá un terremoto.

Los más de 300 terremotos registrados desde el pasado sábado en la provincia de Granada han vuelto a poner sobre la mesa una pregunta que también afecta directamente a la Comunitat Valenciana: ¿podría producirse aquí un episodio sísmico de importancia?

La respuesta de los especialistas es que sí. La Comunitat forma parte del entorno sísmicamente activo del sureste de la Península Ibérica, aunque el riesgo no es idéntico en todo el territorio. La atención se concentra especialmente en el sur de Alicante, una zona con antecedentes históricos que demuestran que los grandes terremotos no son únicamente una posibilidad teórica.

El sur de Alicante, la zona de mayor riesgo

La actividad sísmica del sureste peninsular está relacionada con la interacción entre las placas tectónicas de África y Eurasia. Su movimiento es extremadamente lento, pero la acumulación y liberación de tensiones en la corteza terrestre provoca terremotos.

El geólogo y divulgador científico Nahúm Méndez señala que la Comunitat Valenciana, y particularmente el sur alicantino, presenta un riesgo sísmico moderado.

Eso no significa que vaya a producirse próximamente un gran terremoto, sino que existen condiciones geológicas y antecedentes suficientes para considerar el riesgo dentro de la planificación y prevención de emergencias.

El terremoto que destruyó Torrevieja y Almoradí

La historia proporciona el ejemplo más contundente.

El 21 de marzo de 1829 se produjo el conocido como terremoto de Torrevieja o terremoto de la Vega Baja, uno de los grandes episodios sísmicos de la historia reciente del sureste español.

El seísmo devastó especialmente Torrevieja y Almoradí, además de afectar a otras poblaciones de la Vega Baja. Según las estimaciones citadas por los expertos, aquel terremoto habría alcanzado una magnitud aproximada de 6,5.

En 2029 se cumplirán 200 años de aquella catástrofe.

El aniversario volverá a recordar que el riesgo sísmico forma parte de la realidad geológica de Alicante y que, aunque los grandes terremotos sean poco frecuentes, sus consecuencias pueden ser extraordinarias.

¿Se puede saber cuándo llegará el próximo terremoto?

No.

Esta es una de las principales diferencias entre los terremotos y otros fenómenos naturales. Mientras las previsiones meteorológicas permiten anticipar con creciente precisión episodios de lluvias intensas, tormentas o temperaturas extremas, actualmente no existe un método científico capaz de predecir con exactitud cuándo, dónde y con qué magnitud se producirá un terremoto.

“Realmente, no sabemos lo que pasará a continuación. No sabemos si se prolongará en el tiempo o si parará”, explica Méndez sobre las secuencias sísmicas.

Por ello, una sucesión de pequeños terremotos tampoco permite asegurar que esté a punto de producirse otro de mayor magnitud.

Estar preparados, la principal herramienta

Si los terremotos no pueden predecirse, la prevención adquiere todavía más importancia.

Los mapas de peligrosidad sísmica, las normas de construcción, el conocimiento de las fallas, los planes de emergencia y la preparación de la población permiten reducir las consecuencias de un eventual gran seísmo, aunque resulte imposible determinar cuándo llegará.

La actividad registrada estos días en Granada sirve así de recordatorio para la Comunitat Valenciana. Los terremotos de gran magnitud son acontecimientos poco habituales, pero la Vega Baja ya conoce históricamente su capacidad destructiva.

Dos siglos después del terremoto que arrasó Torrevieja y Almoradí, la principal certeza que ofrece la sismología sigue siendo precisamente esa: no podemos saber cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto, pero sí podemos prepararnos para cuando ocurra.

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