Valencia, 19 jun – El microbioma intestinal, que incluye los microorganismos que residen en el intestino y sus genomas, juega un papel crucial como intermediario entre la dieta y la salud. Una investigación publicada en la revista ‘Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology’ explora esta conexión y examina cómo la alimentación afecta a la composición y funciones de las comunidades microbianas, y cómo estos microorganismos pueden alterar los beneficios nutricionales, influyendo en el metabolismo, el sistema inmunitario y el nervioso.
Yolanda Sanz, del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) en el Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA), lidera este estudio en colaboración con un equipo internacional de expertos en nutrición, microbiología, inmunología y neurobiología. La investigación señala que una dieta con un aporte inadecuado de nutrientes perjudica la diversidad y funciones del microbioma, impactando negativamente en procesos como la respuesta inmune, las funciones cognitivas y el control del metabolismo energético.
La relación es bidireccional, ya que el microbioma también puede modificar el valor nutricional y la calidad de la dieta mediante la digestión y transformación de sus componentes en compuestos bioactivos que impactan la salud. Este descubrimiento es clave para comprender la variabilidad en las respuestas individuales a la dieta y facilitará el diseño de estrategias nutricionales más personalizadas y eficaces.
El estudio destaca los nutrientes y alimentos con mayores beneficios sobre el microbioma intestinal, como frutas, verduras, legumbres, frutos secos y alimentos fermentados. Además, subraya que el contenido de fibra y proteínas en la dieta tiene un impacto significativo en el microbioma. En contraste, el consumo excesivo de alimentos altos en grasas, azúcares o sal, típicos de los productos ultraprocesados, se vincula a efectos negativos como una menor diversidad microbiana, alteraciones metabólicas e inflamación.
El momento de las comidas puede influir en el microbioma y sus efectos sobre la digestión, la respuesta inmune y las hormonas que regulan el metabolismo. Comer en horarios irregulares podría alterar la producción de moléculas bacterianas que regulan la absorción de lípidos, facilitando así una mayor acumulación de grasa corporal.
“La influencia del microbioma intestinal en los efectos de la dieta sobre la salud es considerable. Comprender su impacto en la respuesta a los alimentos y patrones de ingesta es esencial para desarrollar estrategias nutricionales más eficientes”, destaca Yolanda Sanz.
Las bacterias intestinales son un enlace fundamental entre la dieta y los sistemas del cuerpo, ya que los metabolitos que producen a partir de los alimentos, en cooperación con órganos como el hígado, regulan el metabolismo y las funciones de sistemas inmunitarios, endocrinos y nerviosos. A nivel inmunológico, fomentan la barrera intestinal y regulan las respuestas inflamatorias a través de compuestos como los indoles, derivados de la dieta. En el sistema nervioso, influyen en el eje intestino-cerebro, fortaleciendo la función de la barrera hematoencefálica y regulando el estado de ánimo mediante la producción de neurotransmisores como serotonina, dopamina o GABA. En el ámbito cardiometabólico, contribuyen a regular el apetito, la glucemia y las respuestas inflamatorias, especialmente con dietas altas en calorías.
El estudio sugiere actualizar las guías dietéticas conforme avance el conocimiento sobre el microbioma y su papel en la salud. Aunque las recomendaciones actuales promueven hábitos beneficiosos, como el consumo de frutas, verduras, legumbres y alimentos poco procesados para una microbiota saludable, no consideran aún la variabilidad biológica individual.
Por ejemplo, algunas personas producen más óxido de trimetilamina (TMAO), compuesto relacionado con el riesgo de enfermedades cardiovasculares. Una dieta baja en carnes rojas, huevos o lácteos podría ser adecuada en estos casos. Sin embargo, alimentos ricos en fibra, generalmente beneficiosos, pueden causar efectos adversos en personas con enfermedades intestinales inflamatorias, reiterando la importancia de una dieta adaptada a cada individuo.
“A pesar de los avances en la ciencia del microbioma, su integración en la práctica nutricional y clínica es limitada. Las actuales recomendaciones son un buen punto de partida, pero podrían mejorar con futuras adaptaciones basadas en la heterogeneidad poblacional y el microbioma individual, similar a lo aplicado en medicina personalizada”, concluye la investigadora del IATA-CSIC.