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La Ciudad de las Artes y las Ciencias, el centro neurálgico del turismo en Valencia
La ubicación de la Ciudad de las Artes y las Ciencias en la avenida López Piñero no fue una coincidencia. Esta vía, que alberga el complejo cultural y de ocio que transformó a Valencia, se nombra así en honor al doctor López Piñero, una figura clave en la historia de la medicina y la ciencia en España. Aunque la configuración final del proyecto se apartó de su propuesta inicial de finales de los años 80, se quiso reconocer su influencia y prestigio en la ciencia con el nombre de la avenida. López Piñero, quien falleció en 2010 a los 77 años, dejó un legado duradero al vincular su nombre con la dirección del complejo.
El desarrollo de la Ciudad de las Ciencias destaca dos hitos importantes. El primero, cuando la Generalitat encargó a Santiago Calatrava el diseño de los edificios. Originalmente, se planeó una torre de telecomunicaciones de 327 metros de altura, conocida como el «pirulí», que nunca superó los cimientos. El cambio de gobierno regional en 1995 y el avance de la tecnología de comunicación, como el satélite, llevaron a que el diseño original fuera descartado. Los cimientos de esa torre se convirtieron en parte del actual Palau de les Arts.
Con el tiempo, el antiguo cauce del río Turia fue transformándose. Desde el puente del Reino casi hasta las vías del ferrocarril, el primer edificio en abrir fue L’Hemisfèric el 16 de abril de 1998. El Museo de las Ciencias y L’Umbracle le siguieron en 2000. L’Oceanogràfic abrió sus puertas en 2003, y el Palau de les Arts comenzó sus actividades en 2005. El Ágora se completó en noviembre de 2009, y en diciembre de 2008, el puente de l’Assut de l’Or fue inaugurado, sirviendo como el «eje» de la Ciudad de las Ciencias según Calatrava.
La transformación de esta zona de Valencia, antiguamente dominada por fábricas y tierras agrícolas, ha convertido el lugar en un nuevo centro urbano, atrayendo 3,5 millones de visitantes el año pasado, un récord histórico. La obra maestra de Calatrava en la Ciudad de las Ciencias refleja su estilo neofuturista y organicista, inspirándose en formas naturales y humanísticas.
El coste del complejo aumentó significativamente de los 300 millones de euros iniciales a 1.282 millones, debido a rediseños y ajustes, como las escaleras de emergencia del Museo de las Ciencias no incluidas en el diseño original. Este aumento de costes generó un debate público sobre la gran inversión pública, y las críticas se extendieron a los honorarios de 94 millones de euros pagados a Calatrava. Con el tiempo, la Ciudad de las Ciencias se ha consolidado como un factor clave para el turismo en Valencia.
El proyecto enfrentó desafíos económicos, incluyendo problemáticos como el Ágora, que demandó una inversión adicional de 4,6 millones de euros para su finalización. También, el plan de construir rascacielos en el Camino de las Moreras fue abandonado por falta de financiación.
Santiago Grisolía, otro influyente nombre, impulsó el uso de los edificios como un centro de ciencia y cultura. Reconocido bioquímico, Grisolía defendió la creación del complejo y su rol en el fomento de la ciencia en Valencia. En su honor, el auditorio del Museo de las Ciencias lleva su nombre.
La Ciudad de las Ciencias también contribuyó a la extensión del jardín del Turia. Junto al Oceanogràfic y a un centro de investigación de la Generalitat hay planes para completar el ajardinamiento pendiente, complementando así el recorrido único de Valencia desde el jardín hasta el mar.
La gestión operativa de este complejo está a cargo de CACSA, mientras que otras entidades como Avanqua y la Fundación La Caixa manejan distintas partes del mismo.
En cuanto a la exposición con motivo del 160 aniversario de LAS PROVINCIAS, se llevará a cabo en el Centre del Carme Cultura Contemporània. La muestra destacará transformaciones urbanísticas de Valencia a través de arte y literatura, accesible de manera gratuita al público interesado en explorar estos cambios históricos.