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El pintor Joaquín Sorolla. Anecdotario sentimental inédito

En 1968, el que escribe ya llevaba dos años trabajando en el entonces llamado Banco Exterior de España. Allí trabajaba mientras que por las tardes estudiaba en la Escuela de Artes y Oficios de Valencia, con Genaro Lahuerta como profesor.

En cierta ocasión vino a visitarme a casa Manuel Vilar Sancho, un director jubilado compañero de trabajo en la oficina de Valencia. Me contó que cuando era niño solía pasar largas temporadas en la playa de La Malvarrosa donde su familia poseía una casa de veraneo. Allí presenciaba a un pintor que, con sombrero de paja y bajo un toldo de tela y cañas pintaba el Mediterráneo, mientras niños absortos corrían y jugaban empapados de agua y sol.

El balandrito. Óleo de Joaquín Sorolla. 1909.

El balandrito. Óleo de Joaquín Sorolla. 1909.

Copia de Sorolla realizada por Solaz a los 17 años. A. P. R. S.

Copia de Sorolla realizada por Solaz a los 17 años

Manuel jugaba con un velero de juguete que sus padres le habían regalado en el Día de Reyes. Una tarde el pintor se acercó a él y le dijo que permaneciera en la orilla que le iba a tomar unos apuntes. Como niño no le dio importancia y continuó haciendo surcar aquel velero de sueños sin ser consciente de que el pintor le estaba inmortalizando. Apenas unos trazos, con dibujo certero, bastaron para esbozar la obra. Efectivamente, Sorolla pintó aquel óleo que nos llegó con el título: “Niño jugando con barco” ó “El balandrito” (1909).

Como niño no le dio importancia y continuó haciendo surcar aquel velero de sueños sin ser consciente de que el pintor le estaba inmortalizando.

Manuel Vilar siempre conservó el recuerdo de aquel velero y de aquella tarde de arena, agua y salitre. Lo cierto es que su visita fue para encargarme una copia de aquel famoso cuadro. Y cumplí el encargo. Es así como nuestro compañero se llevó a su casa la evocación de la obra copiada por mis humildes pinceles.

 

Joaquín Sorolla falleció en Cercedilla, Madrid, en 1923. Décadas después sus restos fueron trasladados al Cementerio General de Valencia, sección 1ª derecha, donde permanece una sencilla tumba de granito. Manuel Vilar murió en 1979 y también descansa en el citado camposanto, en la sección 4ª derecha.

El óleo original objeto de este artículo se conserva en el Museo Sorolla, de Madrid. De la copia -que debe de permanecer en la familia Vilar Sancho- ni siquiera conservo una fotografía. En mi trayectoria como pintor realicé varias marinas pintadas al natural en La Malvarrosa, y siempre me acompañaron estos recuerdos.

Playa. Óleo de Rafael Solaz. 1998

Playa. Óleo de Rafael Solaz. 1998.

El óleo original objeto de este artículo se conserva en el Museo Sorolla, de Madrid.

Dos hombres, el gran pintor Sorolla y Manuel Vilar, dos vidas unidas por un óleo impregnado de mar eterno. Los dos a bordo de aquel velero que surcaba la luminosidad de juegos salpicados por la nostalgia.

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5 Responses to "El pintor Joaquín Sorolla. Anecdotario sentimental inédito"

  1. Alfonso Ávalos  6 de noviembre de 2014 at 09:42

    Entrañable artículo en el que, con sencillez y belleza narrativa, Rafael Solaz nos ofrece un curioso y atractivo episodio sobre un célebre cuadro de Sorolla. Si como relato de ficción ya sería entrañable el hecho de que sea un episodio real vivido por el propio Solaz impregna al texto de un aroma muy especial. Hay algo mágico también en este trabajo de Solaz, con el propio autor apareciendo en el relato, protagonista del mismo casi sin querer, y con la fortuna para todos nosotros de que lo haya compartido en La Valencia Rescatada.

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  2. Julio Cob  6 de noviembre de 2014 at 21:17

    En esta ocasión Rafael Solaz nos rescata algo de si mismo, cifrado en la amistad, enlazado con el mar, untado con aceite. Rubrica de forma emotiva un tierno pasaje de su vida, toda vez que en el fondo, nuestro “rescatador de recuerdos” es un sentimental.

    Poco hay más que añadir a este relato, rico en contenido. Una anecdota de luz y color guardada como un tesoro que de repente aparece.

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  3. Javier Luna  6 de noviembre de 2014 at 23:22

    Rafael Solaz no dejó ni deja de sorprendernos nunca con el humanismo que le caracteriza y, que tanto en el ayer como en el hoy, le hace aparecer ante nuestros ojos como un ser humano excepcional.
    Su exquisita sensibilidad, su destacada ternura y su inefable bondad quedan de manifiesto en el relato con el que nos obsequia refiriéndose a un acontecer íntimo de su experiencia vital. Y nos consta que, aparte de las facetas ya sobradamente de él conocidas, la de su paso por la “Escuela de Artes y Oficios” le dejó una profunda huella y unos talentos artísticos dignos de una mención muy destacada.
    Si Joaquín Sorolla y Bastida, en su obra “El balandrito”, nos muestra luminosidad en el cielo, reflejos y sensación de movimiento en el azul del mar y alegría y diversión en los juegos del niño no podemos ni debemos renunciar a un paralelismo con quien, como Rafael Solaz Albert, vive amando apasionadamente lo que hace, disfruta compartiéndolo desinteresadamente con los demás y lo hace con una sencillez y honestidad que no pasa desapercibida a quien sabe apreciar la belleza del color y la claridad de la luz.
    ¡ La de Joaquín Sorolla en su día y la de Rafael Solaz en la actualidad !.

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  4. Luis Carrasco  6 de noviembre de 2014 at 23:37

    Luna lo ha dicho todo.
    Solaz no deja de sorprenderme.

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  5. Fabiola Lorente-Sorolla  9 de noviembre de 2014 at 10:23

    Buenos días,
    he leído su maravillosa y entrañable historia sobre la obra de Joaquín Sorolla “el balandrito”. Gracias por hacernos partícipes de ella y por escribirla con sencillez y cariño.
    Un abrazo
    Fabiola

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