18 de octubre de 2026
9 mins read

Jerónimo de Ayanz, el inventor español que patentó una máquina de vapor en 1606, casi un siglo antes que los británicos

Mucho antes de la Revolución Industrial, un militar e ingeniero navarro desarrolló un sistema capaz de utilizar la presión del vapor para extraer agua de las minas. Jerónimo de Ayanz y Beaumont recibió en 1606 un privilegio real que incluía 48 invenciones. También diseñó equipos de buceo, sistemas de ventilación y mecanismos para refrigerar espacios cerrados. Su historia, conservada en los archivos españoles, obliga a revisar algunos de los relatos más conocidos sobre los orígenes de la ingeniería moderna.

Durante generaciones, los libros de historia han relacionado el nacimiento de la máquina de vapor industrial con los inventores británicos Thomas Savery, Thomas Newcomen y James Watt.

Sus aportaciones fueron decisivas para transformar la industria, impulsar la mecanización de las fábricas y favorecer el desarrollo del ferrocarril.

Sin embargo, casi un siglo antes de la patente de Thomas Savery de 1698, un inventor español ya había diseñado y protegido legalmente un mecanismo que empleaba la presión del vapor para elevar agua.

Se llamaba Jerónimo de Ayanz y Beaumont, había nacido en Navarra en 1553 y fue militar, administrador de minas, músico, pintor e inventor.

Su trabajo ha sido investigado por historiadores de la tecnología y reconocido por la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM), que recoge sus aportaciones en la publicación institucional 200 años de patentes.

La documentación permite confirmar una parte fundamental de la historia que circula en redes sociales: Ayanz obtuvo efectivamente un privilegio de invención en 1606 y entre sus diseños figuraban dos ingenios relacionados con el vapor.

Pero hay dos precisiones importantes: el documento está fechado el 1 de septiembre de 1606, no el 14 de septiembre, y el dispositivo de Ayanz no era igual a las máquinas de pistón que acabarían impulsando la Revolución Industrial.

De soldado de los Tercios a inventor de la Corona

Jerónimo de Ayanz nació en Guenduláin, cerca de Pamplona, en el seno de una familia noble navarra.

En 1567 ingresó como paje en la corte de Felipe II, donde recibió una formación que incluía matemáticas, geometría, astronomía, fortificación y otras disciplinas relacionadas con la ingeniería militar.

Posteriormente participó en campañas militares en Italia, Flandes y Portugal. Formó parte del Tercio de Lombardía y llegó a ser caballero de la Orden de Calatrava.

Su fortaleza física era tan conocida que el propio Lope de Vega le dedicó versos en los que evocaba su extraordinaria fuerza. Algunas crónicas lo describen rompiendo herraduras y manipulando piezas metálicas con las manos.

En 1589 colaboró en la organización de tropas para auxiliar a La Coruña durante el ataque de la armada inglesa dirigida por Francis Drake.

Su trayectoria también estuvo ligada a Murcia, donde ejerció como regidor y participó en iniciativas relacionadas con la defensa de las costas mediterráneas.

El problema de las minas que impulsó su gran invento

En 1597, Felipe II nombró a Ayanz administrador general de las minas del reino.

Aquella responsabilidad le permitió conocer directamente los problemas que sufrían las explotaciones mineras.

Dos dificultades eran especialmente graves.

La primera era la acumulación de agua en las galerías. Las inundaciones podían detener la extracción de minerales y obligaban a utilizar costosos sistemas de drenaje accionados por personas, animales o mecanismos hidráulicos.

La segunda estaba relacionada con la calidad del aire. Los gases tóxicos, las altas temperaturas y la escasa ventilación convertían muchas galerías en lugares peligrosos.

Ayanz llegó a sufrir un grave accidente relacionado con la inhalación de gases durante una de sus visitas a instalaciones mineras.

La experiencia le llevó a desarrollar mecanismos destinados a mejorar las condiciones de trabajo, reducir los costes de explotación y recuperar yacimientos abandonados.

Entre sus propuestas apareció una idea que resultaría extraordinariamente adelantada para su época: utilizar la energía del vapor de agua para impulsar líquidos mediante tuberías.

Así funcionaba la máquina de vapor española de 1606

El funcionamiento del ingenio de Ayanz era relativamente sencillo en su concepto, aunque técnicamente avanzado para comienzos del siglo XVII.

El dispositivo utilizaba una caldera que calentaba agua hasta generar vapor a presión.

Ese vapor se introducía en un depósito cerrado que contenía agua procedente de las galerías de la mina.

Al aumentar la presión dentro del recipiente, el líquido era empujado hacia una tubería de salida que permitía elevarlo hasta un nivel superior.

Para evitar interrupciones, el inventor también planteó utilizar dos depósitos de forma alterna: mientras uno expulsaba el agua, el otro podía volver a llenarse.

El sistema permitía aprovechar la fuerza expansiva del vapor sin recurrir a los mecanismos tradicionales movidos por animales.

La Universidad de Valladolid conserva materiales divulgativos sobre este dispositivo y explica su funcionamiento a partir de los diseños históricos.

No se trataba de un motor de pistones como los que se desarrollarían posteriormente, sino de una bomba impulsada directamente por presión de vapor.

Los documentos históricos indican que Ayanz experimentó con esta tecnología y la aplicó a los trabajos de recuperación de las minas de plata de Guadalcanal, en Sevilla, a comienzos del siglo XVII.

Sin embargo, no llegó a convertirse en una tecnología ampliamente implantada en la industria europea.

El documento del 1 de septiembre de 1606: 48 invenciones reconocidas

La prueba más importante de su actividad inventiva es el privilegio real concedido por Felipe III el 1 de septiembre de 1606 en San Lorenzo de El Escorial.

El documento se conserva en el Archivo General de Simancas.

Entre sus referencias figura la signatura CCA, CED, 00174, 97, correspondiente al conjunto de documentación de sus ingenios.

La Corona reconocía al inventor derechos exclusivos de explotación durante veinte años, un mecanismo jurídico que puede considerarse antecedente de las actuales patentes.

El privilegio incluía 48 inventos según el recuento tradicional. Algunos investigadores hablan de más de cincuenta al contabilizar por separado determinados mecanismos, instrumentos y procedimientos.

Entre las innovaciones documentadas figuraban bombas de achique, molinos, sistemas de ventilación, instrumentos de precisión, dispositivos de buceo y mecanismos para aprovechar la fuerza del vapor.

La importancia del hallazgo documental es indiscutible: Ayanz había protegido un sistema de bombeo mediante vapor 92 años antes de la patente británica de Thomas Savery, concedida en 1698.

El buzo que permaneció una hora bajo el Pisuerga ante Felipe III

Otro de los grandes logros del inventor navarro estuvo relacionado con la exploración submarina.

El 2 de agosto de 1602, Ayanz realizó una demostración de uno de sus equipos de buceo en el río Pisuerga, a su paso por Valladolid.

El rey Felipe III presenció el experimento.

El sistema permitía suministrar aire a una persona sumergida mediante conductos y mecanismos de renovación accionados desde el exterior.

Según las crónicas históricas, el buzo consiguió permanecer bajo el agua aproximadamente una hora y tuvo que salir por indicación del monarca.

Ayanz también diseñó otros equipos de inmersión y embarcaciones sumergibles, antecedentes de posteriores desarrollos de la ingeniería submarina.

Los dibujos originales de varios de estos ingenios se conservan en los archivos estatales.

El Archivo General de Indias guarda, además, documentación fechada el 20 de junio de 1605 relacionada con equipos destinados al buceo y la recuperación de objetos en naufragios.

El antecedente del aire acondicionado que también ideó Ayanz

Entre sus proyectos más sorprendentes figuran los destinados a renovar y refrigerar el aire en lugares cerrados.

El inventor desarrolló un sistema que empleaba un eyector de vapor para facilitar la circulación del aire y planteó utilizar nieve para reducir su temperatura antes de introducirlo en determinados espacios.

La intención era mejorar la ventilación de las explotaciones mineras, evacuar gases peligrosos y proporcionar condiciones más saludables a los trabajadores.

Los historiadores consideran este conjunto de soluciones uno de los antecedentes más destacados de la climatización.

No era un aparato de aire acondicionado como los actuales, que utilizan sistemas de refrigeración muy distintos, pero sí un mecanismo temprano destinado a enfriar y renovar el aire mediante procedimientos técnicos.

El estudio científico Ciencia en el Barroco español: nuevas fuentes documentales de Jerónimo de Ayanz, publicado en la revista Asclepio del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, analiza precisamente estas innovaciones.

¿Inventó realmente la primera máquina de vapor de la historia?

La respuesta exige distinguir entre el aprovechamiento del vapor y la creación de máquinas capaces de realizar trabajos industriales.

El vapor ya había sido utilizado con fines mecánicos en la Antigüedad.

En el siglo I, Herón de Alejandría describió la eolípila, un dispositivo que aprovechaba chorros de vapor para hacer girar una esfera.

Aquel mecanismo está considerado uno de los antecedentes más antiguos de la máquina de vapor, aunque no se convirtió en una solución industrial comparable a las posteriores.

La aportación de Ayanz fue distinta: ideó un sistema destinado a resolver un problema económico y técnico real, el drenaje de las minas.

Su trabajo anticipó soluciones que volverían a desarrollarse durante los siglos XVII y XVIII.

Savery, Newcomen y Watt: por qué los británicos ocuparon un lugar central en la historia

En 1698, Thomas Savery obtuvo en Inglaterra una patente para una máquina capaz de elevar agua mediante vapor.

En 1712, Thomas Newcomen desarrolló una máquina atmosférica de pistón que permitió avanzar en el bombeo mecánico de las minas.

Décadas después, James Watt introdujo mejoras fundamentales, entre ellas el condensador separado, que incrementó considerablemente la eficiencia energética.

La diferencia histórica fundamental es que estos desarrollos acabaron formando parte de un proceso de industrialización a gran escala.

Las máquinas evolucionaron, se perfeccionaron, comenzaron a fabricarse para distintas aplicaciones y terminaron transformando la producción y el transporte.

Por tanto, reconocer la prioridad documental de Ayanz en determinadas aplicaciones industriales del vapor no significa negar las aportaciones británicas.

Tampoco existen pruebas suficientes para asegurar que Savery copiara directamente los mecanismos españoles.

Lo que sí está acreditado es que el inventor navarro desarrolló una solución anterior con importantes semejanzas técnicas.

¿Por qué cayó en el olvido Jerónimo de Ayanz?

El ingeniero falleció en Madrid el 23 de marzo de 1613, a los sesenta años, después de una grave enfermedad.

Sus restos fueron trasladados a Murcia, donde había ejercido como regidor y mantenía importantes vínculos familiares.

Aunque sus innovaciones habían recibido protección real, muchas no lograron una difusión comercial duradera.

Las dificultades económicas, las condiciones de la actividad minera y la ausencia de una continuidad industrial suficiente contribuyeron a limitar su implantación.

La documentación de sus inventos permaneció conservada en los archivos, pero su nombre fue perdiendo presencia en las narraciones generales sobre el desarrollo tecnológico europeo.

Durante el siglo XX, los trabajos de historiadores e investigadores de la ingeniería, especialmente Nicolás García Tapia, permitieron recuperar y estudiar sistemáticamente los privilegios de invención conservados en Simancas.

En 1990 se publicó Patentes de invención españolas en el Siglo de Oro, una obra que reproduce y transcribe documentación histórica relacionada con los ingenios de Ayanz.

Posteriormente, otras investigaciones ampliaron el conocimiento sobre su actividad científica y técnica.

Un inventor del Siglo de Oro que merece ser conocido

La trayectoria de Jerónimo de Ayanz demuestra que la actividad científica y tecnológica de la España de los siglos XVI y XVII fue mucho más amplia de lo que habitualmente reflejan las explicaciones simplificadas de la Revolución Industrial.

Sus proyectos combinaban conocimientos de hidráulica, mecánica, minería, navegación y aprovechamiento de la energía.

Muchos estuvieron orientados a resolver problemas cotidianos y mejorar actividades económicas esenciales para la época.

El reconocimiento de sus aportaciones no exige convertirlo en el único inventor de la máquina de vapor ni atribuirle todos los avances que llegarían siglos después.

Su importancia histórica reside precisamente en los hechos comprobados.

En 1606, Jerónimo de Ayanz y Beaumont registró un sistema de bombeo mediante vapor que anticipaba soluciones desarrolladas posteriormente en Inglaterra. Sus diseños de buceo, ventilación y maquinaria constituyen una aportación documentada al patrimonio científico europeo.

Más de cuatro siglos después, los documentos conservados en Simancas siguen recordando que algunas de las ideas que transformarían la industria ya habían sido exploradas por un inventor español durante el Siglo de Oro.

Documentación histórica original y fuentes consultadas

1. Oficina Española de Patentes y Marcas — 200 años de patentes. La publicación incluye un apartado dedicado a Ayanz y reproduce información sobre sus ingenios de vapor.

https://www.oepm.es/export/sites/portal/comun/documentos_relacionados/Publicaciones/monografias/200_Anios_de_Patentes.pdf

2. Ministerio de Cultura — Archivo General de Simancas. Ficha de un dibujo original del privilegio concedido el 1 de septiembre de 1606.

https://www.mcu.es/ccbae/es/consulta/registro.do?control=BAB20210232152

3. Ministerio de Cultura — PARES. Ficha biográfica oficial con los principales datos de su actividad y trayectoria.

https://pares.cultura.gob.es/ParesBusquedas20/catalogo/autoridad/151006

4. Consejo Superior de Investigaciones Científicas — Revista Asclepio. Investigación académica sobre las fuentes documentales y las invenciones de Jerónimo de Ayanz.

https://asclepio.revistas.csic.es/index.php/asclepio/article/download/677/958?inline=1

5. Ministerio de Defensa — Revista Española de Defensa, julio-agosto de 2024. Investigación histórica de Germán Segura García.

https://www.defensa.gob.es/Galerias/gabinete/red/2024/07/p-62-65-red-418-ayanz.pdf

6. Universidad de Valladolid — Jerónimo de Ayanz y Beaumont. Explicación del funcionamiento de la máquina de vapor.

https://www.eis.uva.es/escuela/IndUVa/aula01.html

7. Museo Nacional de Historia Estadounidense, Smithsonian Institution. Documentación sobre la eolípila de Herón de Alejandría, antecedente antiguo de los dispositivos de vapor.

https://www.si.edu/object/aeolipile%3Anmah_1761328
Previous Story

Alef Aeronautics reta a Elon Musk: su coche volador sobrevuela varios Tesla y presume de llevar once años adelantándose a la competencia

Next Story

La DANA Adam descarga lluvias torrenciales en la Safor: aviso rojo y riesgo de inundaciones en Valencia y Alicante

Latest from Blog

La mejor tarifa de fibra y móvil de 2021

El mercado de las operadoras de telefonía en España es muy amplio, y por ello, escoger las mejores tarifas de fibra y móvil puede ser complicado. En concreto, en nuestro país existen
Go toTop