La degradación de los barrios

130914-Edificio-barrio-del-CarmenManuel J. Ibáñez Ferriol

Escritor y periodista

Los barrios valencianos, con la crisis económica, han sufrido algunas transformaciones, pero no a mejor, sino a peor, degradándose, por varias circunstancias. Solamente algunas zonas son cuidadas de forma primorosa, porque son “imagen” y “pantalla” atractiva para el turismo y los visitantes, además del gozo de los propios, ya que nos venden una ciudad bellísima, ocultando lo que no “vende” muy cerca de las grandes obras y propagandas.

Esto mismo ocurrió hace ya un tiempo en la ciudad de París. Las transformaciones de París durante el Segundo Imperio constituyen una serie de modernizaciones vividas por la capital francesa de 1852 a 1870 y llevadas a cabo por Napoleón III y el barón Haussmann. Los trabajos se llevaron a cabo en toda la ciudad, tanto en el corazón de París, como en los barrios periféricos: calles y bulevares, restauración de fachadas, remodelación de los espacios verdes, mobiliario urbano, creación de un alcantarillado y trabajos de conservación en monumentos públicos. Esta reforma urbanística fue violentamente criticada por algunos de los contemporáneos de Napoleón III, aunque acondicionó el uso diario de las calles por parte de los ciudadanos. Esta obra puso el fundamento de la representación popular de la capital francesa al mundo, sobreponiéndose a los estrechos callejones del viejo París y creando anchos bulevares y grandes plazas.

El nuevo sistema para la construcción de estas zonas nuevas era así: Primeramente, el Estado expropia a los propietarios de los terrenos concernidos por los planos de renovación. Luego destruye los edificios y construye nuevos ejes con todos sus equipos (agua, gas, desagües). Haussmann, contrariamente a Rambuteau, recurre a préstamos masivos para encontrar el dinero necesario para estas operaciones, de 50 a 80 millones de francos al año. A partir de 1858, la Caja de los trabajos de París es la herramienta preferida para la financiación. El Estado recupera el dinero prestado revendiendo el nuevo terreno en forma de lotes separados a promotores que deben construir nuevos edificios conformándose un pliego de condiciones preciso. Este sistema permite dedicar cada año a los trabajos una suma dos veces más elevada que el presupuesto municipal. Entonces el sistema se resquebraja poco a poco. Los préstamos masivos de la Caja generan una deuda que asciende a 1,5 mil millones de francos en 1870 y contribuye a desacreditar las grandes obras. Jules Ferry denunciará el agujero financiero en 1867: «Las cuentas fantásticas de Haussmann». ¿No nos recuerda a un sistema muy utilizado por los diversos gobiernos ya sean locales o autonómicos?

Si nos paseábamos por el París de Napoleón III, podíamos observar grandes avenidas con casas señoriales, con una construcción particular, elegante y sobre todo que daba cierta elegancia, objetivo principal para la atracción turística. También servía para dar la imagen de unos gobiernos fuertes, a pesar de las continúas crisis a la que estaban sometidos, por los grandes gastos en fastos y actividades superfluas, por la intervención en las arcas públicas. Justo la calle de detrás de estos grandes bulevares, ya habían cambiado. Esto ya no vendía, ya no nos daba sentido de opulencia, porque en éstas calles vivía en realidad el pueblo parisino, que salía a trabajar diariamente, soportando unas altas tasas de impuestos, provocados por los ingentes gastos de la administración de Napoleón III.

Esto mismo, ocurre en nuestra ciudad de Valencia. Hay barrios cuidados primorosamente, y sin embargo, hay otros, dónde el abandono y la degradación son bien patentes. De ahí que las propuestas vecinales, vayan en la dirección de la mejora de los barrios, en temas como jardines, alumbrado y aceras. Una reivindicación justa y ponderada. Se han efectuado una serie de obras necesarios en determinados barrios de la ciudad, pero el acabado, no es todo lo bueno que debía ser, sobre todo para la seguridad de las personas, mayoritariamente ancianas, que con tan solo un pequeño desnivel, pueden tener un accidente.

Hay muchas calles en las que el alumbrado público, no es de lo más eficiente, provocando caídas y sobre todo pudiendo aumentar la delincuencia, craso problema, en aras de la seguridad de los barrios. Y los jardines y espacios ajardinados, deberían aumentar, ya que necesitamos más zonas verdes, en plazas o calles, ya que la naturaleza, ayuda a sobrellevar nuestras vidas, de ahí la importancia de tener plantas en los hogares, porque nos alegran la existencia vital.

Seamos consecuentes con las reivindicaciones vecinales. Escuchemos de nuevo la voz del pueblo, que es el que mueve el tejido social de una ciudad, y dejemos que su opinión prevalezca, por el bien de todos los que residimos en ésta bellísima ciudad de Valencia.

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