El 14 de octubre de 1957, València sufrió una de las mayores catástrofes naturales de su historia. Dos violentas crecidas del río Turia inundaron barrios enteros, arrasaron viviendas, destruyeron puentes y dejaron miles de damnificados. Sesenta y nueve años después, la tragedia continúa formando parte de la memoria colectiva valenciana.

















El lunes 14 de octubre de 1957 quedó grabado en la historia de València como el día de la Gran Riada, conocida popularmente como la riuà. Aquella jornada, el río Turia, que entonces atravesaba el corazón de la ciudad, experimentó dos crecidas extraordinarias que terminaron por superar sus márgenes y convertir calles, plazas y avenidas en auténticos ríos.
El balance oficial fue de 81 víctimas mortales, incluyendo a los desaparecidos contabilizados tras la tragedia, aunque algunos investigadores han cuestionado que aquella cifra recogiera la totalidad de las pérdidas humanas.
Los daños materiales fueron enormes. Miles de familias perdieron sus pertenencias, numerosos comercios quedaron inutilizados y grandes cantidades de barro cubrieron València durante semanas.
Pero la riada también provocó una transformación que cambiaría definitivamente el futuro de la capital valenciana: la construcción de un nuevo cauce para desviar el Turia al sur de la ciudad.
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Las lluvias que anunciaban la tragedia
La catástrofe comenzó a gestarse varios días antes.
Entre el 12 y el 14 de octubre de 1957, intensas precipitaciones afectaron a numerosas localidades del interior de la provincia de Valencia y a distintas zonas de la cuenca del Turia.
La situación meteorológica estuvo relacionada con la presencia de aire frío en altura y la entrada de vientos húmedos procedentes del Mediterráneo, una combinación capaz de desencadenar precipitaciones torrenciales en la fachada oriental de la Península.
En distintas zonas de las cuencas media y baja del Turia se registraron acumulaciones extraordinarias, que en algunos puntos superaron los 200 litros por metro cuadrado en un día.
La Agencia Estatal de Meteorología también recoge un registro de 361 litros por metro cuadrado en 24 horas en Bejís, provincia de Castellón, durante aquel episodio meteorológico. Aunque esta localidad pertenece a otra cuenca hidrográfica, el dato ilustra la intensidad de las lluvias que afectaron a la región.
Mientras tanto, en València, la población todavía desconocía la magnitud de la crecida que avanzaba río abajo.
La noche del 13 de octubre: comienzan las alarmas
Durante la noche del domingo 13 de octubre comenzaron a recibirse noticias preocupantes procedentes de poblaciones situadas aguas arriba.
El Turia aumentaba rápidamente de caudal y las autoridades fueron alertadas del peligro que representaba su llegada a la capital.
La policía, los guardias y los vigilantes nocturnos comenzaron a prepararse para advertir a los vecinos de las zonas más vulnerables.
La situación se agravó durante las primeras horas del lunes.
En localidades como Manises, el río había alcanzado niveles extraordinarios. Poco después, la avenida llegó a València.
El agua superó los pretiles del antiguo cauce y comenzó a penetrar en calles y viviendas situadas en sus proximidades.
Muchas familias se despertaron con el agua entrando en sus casas, sin tiempo suficiente para recoger sus pertenencias.
Primera riada: el Turia se desborda de madrugada
La primera gran crecida alcanzó València aproximadamente a las cuatro de la madrugada del 14 de octubre.
Las estimaciones hidrológicas históricas sitúan su caudal máximo alrededor de los 2.700 metros cúbicos por segundo.
El agua comenzó a inundar barrios de la margen izquierda y otras zonas próximas al cauce.
Tendetes, Campanar y distintos sectores de la ciudad quedaron afectados por la entrada de las aguas.
Las calles se convirtieron en canales improvisados. Los vecinos tuvieron que refugiarse en plantas superiores, terrazas y tejados.
En algunas viviendas, los ocupantes quedaron completamente aislados.
La fuerza de la corriente arrastró muebles, mercancías, vehículos y todo tipo de materiales.
Los servicios de emergencia y numerosos voluntarios comenzaron a intervenir en una situación de extrema dificultad.
Al amanecer, el caudal empezó a disminuir.
Durante unas horas pareció que lo peor había terminado.
Sin embargo, aquella sensación de alivio resultaría engañosa.
Segunda riada: la crecida más destructiva llegó por la tarde
Cuando València todavía intentaba recuperarse del primer desbordamiento, una segunda avenida descendía por el Turia.
Esta nueva crecida llegó a la ciudad alrededor de las dos y cuarto de la tarde.
Fue todavía más intensa que la anterior.
Las estimaciones utilizadas tradicionalmente sitúan el caudal máximo en 3.700 metros cúbicos por segundo, aunque investigaciones posteriores han señalado que el volumen real pudo ser superior.
Las aguas volvieron a superar las defensas del río y penetraron en amplias zonas urbanas.
La segunda avenida encontró viviendas, calles e infraestructuras previamente debilitadas por la inundación de madrugada.
Edificios que habían resistido el primer episodio sufrieron nuevos daños. Algunas construcciones terminaron derrumbándose.
La ciudad quedó sumida en una emergencia de enormes proporciones.
Los vecinos que ya habían iniciado labores de limpieza y recuperación tuvieron que ponerse nuevamente a salvo.
Esta segunda crecida fue menos mortífera que la primera, según las reconstrucciones históricas, pero causó daños materiales todavía mayores.
Hasta cinco metros de agua en algunas calles
Uno de los aspectos más impresionantes de aquella tragedia fue la altura que alcanzó el agua.
La inundación no afectó por igual a toda València.
La topografía urbana, la proximidad al cauce y el recorrido de las corrientes provocaron diferencias enormes entre unas zonas y otras.
Las reconstrucciones históricas recogen las siguientes alturas aproximadas:
- Avenida del Reino de Valencia: 40 centímetros.
- Jardines del Real o Viveros: 80 centímetros.
- Plaza de Tetuán: 2,25 metros.
- Calle del Pintor Sorolla: 2,70 metros.
- Jardines del Parterre: 3,20 metros.
- Calle de las Rocas: 4 metros.
- Calle del Doctor Olóriz: hasta 5,20 metros.
Estas cifras permiten comprender la extraordinaria magnitud de la catástrofe.
En la calle del Doctor Olóriz, situada al norte del antiguo cauce, el agua alcanzó una altura equivalente a buena parte de la segunda planta de un edificio.
En los Jardines del Parterre superó los tres metros.
En la calle del Pintor Sorolla, una persona situada a nivel de calle habría quedado completamente sumergida.
Algunas infografías históricas ofrecen pequeñas diferencias en las mediciones. Por ejemplo, el gráfico televisivo que acompaña a estas imágenes señala 2,6 metros en Pintor Sorolla, mientras que otras recopilaciones sitúan el nivel en 2,7 metros.
En cualquier caso, los registros demuestran que grandes zonas de la capital quedaron cubiertas por varios metros de agua.
Los barrios más castigados por la inundación
La riada afectó tanto al núcleo urbano como a los barrios periféricos y los poblados marítimos.
Entre las zonas que sufrieron graves consecuencias estuvieron Campanar, Tendetes, el Carmen, la avenida de Burjassot, Monteolivete y distintos sectores del Ensanche.
También fueron especialmente importantes las inundaciones registradas en los barrios marítimos.
Nazaret, uno de los lugares más castigados
El barrio de Nazaret sufrió una devastación extraordinaria.
Su situación en una zona baja y próxima a la desembocadura agravó las consecuencias del desbordamiento.
Las reconstrucciones publicadas a partir de la hemeroteca de Las Provincias describen el derrumbe de centenares de viviendas y escenas de vecinos refugiados sobre los tejados.
La destrucción afectó a numerosas familias que perdieron prácticamente todo lo que tenían.
Campanar y Tendetes
En Campanar y Tendetes, la fuerza de la corriente inundó calles enteras y dañó viviendas e infraestructuras.
Durante la segunda crecida, la rotura de defensas junto al cauce agravó la situación.
La avenida de Burjassot fue escenario de desplazamientos de vecinos que intentaban alcanzar zonas más seguras.
El Carmen y el centro de València
También resultaron afectadas numerosas calles del centro urbano.
En algunos puntos del barrio del Carmen, el agua alcanzó varios metros.
Comercios, talleres y viviendas situadas en plantas bajas sufrieron pérdidas considerables.
La inundación llegó igualmente a sectores de las grandes vías, la plaza del Ayuntamiento —entonces denominada plaza del Caudillo— y diferentes calles del Ensanche.
La distribución de los daños demuestra que no se trató de una inundación limitada a las inmediaciones del río, sino de una catástrofe que afectó a gran parte de la ciudad.
Puentes destruidos y comunicaciones interrumpidas
La fuerza del Turia también puso a prueba los puentes históricos.
Las construcciones de piedra más antiguas resistieron el episodio, aunque sufrieron el impacto de la enorme avenida.
Otras infraestructuras no tuvieron la misma suerte.
El antiguo puente de Madera, conocido como Pont de Fusta, resultó destruido, al igual que pasarelas situadas en diferentes puntos del cauce.
Las comunicaciones entre ambas márgenes quedaron gravemente alteradas.
En diversos sectores urbanos, el transporte dejó de funcionar y numerosas familias quedaron incomunicadas.
Una reconstrucción histórica de Las Provincias recuerda incluso el caso de un tranvía con 35 pasajeros que quedó atrapado durante la inundación y cuyos ocupantes no pudieron ser rescatados hasta el día siguiente.
81 víctimas oficiales y miles de damnificados
La dimensión humana fue la consecuencia más dolorosa de la Gran Riada.
El balance oficial del 6 de noviembre de 1957 contabilizaba 81 víctimas, entre muertos y desaparecidos.
De ellas, 52 correspondían a València ciudad y 29 al resto de la provincia.
Algunos historiadores consideran que la cifra real pudo ser superior, aunque no existe un recuento alternativo definitivo y universalmente aceptado.
Las consecuencias sociales fueron igualmente devastadoras.
Según recopilaciones históricas, alrededor de 3.500 familias perdieron sus viviendas, miles de personas necesitaron alojamiento provisional y unos 12.000 establecimientos comerciales sufrieron desperfectos de distinta consideración.
A las pérdidas económicas se sumó la destrucción de documentación, herramientas de trabajo, muebles, alimentos y mercancías.
Para muchas familias, la tragedia significó tener que empezar desde cero.
La batalla del barro: València intenta levantarse
Cuando las aguas se retiraron, apareció otro problema gigantesco.
La ciudad quedó cubierta de barro, sedimentos, residuos y objetos arrastrados por la corriente.
Las fotografías tomadas durante los días posteriores muestran calles prácticamente intransitables, montones de muebles destruidos y edificios con señales visibles de la altura alcanzada por el agua.
Comenzó entonces lo que se conoció como la batalla del barro.
Soldados, bomberos, trabajadores municipales, voluntarios y vecinos participaron en las labores de limpieza.
La ayuda llegó también desde otras localidades y provincias.
Se organizaron envíos de alimentos, ropa, medicamentos y materiales de primera necesidad.
La Armada y diferentes unidades militares colaboraron en operaciones de rescate, abastecimiento y retirada de escombros.
Durante semanas, buena parte de València trabajó para recuperar unas condiciones mínimas de normalidad.
La solidaridad ciudadana se convirtió en uno de los símbolos de aquellos acontecimientos.
La riada también provocó una crisis política
La tragedia tuvo consecuencias que fueron mucho más allá de los daños materiales.
España se encontraba bajo la dictadura de Francisco Franco, y las decisiones sobre reconstrucción y financiación dependían en gran medida del Gobierno central.
Las autoridades prometieron ayudas y medidas para recuperar la ciudad.
Sin embargo, la llegada de los fondos comprometidos se convirtió en motivo de controversia durante los meses posteriores.
En 1958 comenzaron a hacerse públicas críticas por la lentitud de las actuaciones.
Dos figuras destacaron especialmente: el alcalde de València, Tomás Trénor Azcárraga, y el periodista Martí Domínguez, director de Las Provincias.
Domínguez denunció el retraso de las ayudas durante un discurso pronunciado en el acto de exaltación de la fallera mayor de 1958.
Meses después, Trénor también expresó públicamente su malestar ante la respuesta gubernamental.
Las protestas y reclamaciones contribuyeron a aumentar la presión para desbloquear los recursos y acelerar las actuaciones.
El 22 de julio de 1958, el Consejo de Ministros aprobó la denominada Solución Sur.
Tomás Trénor fue cesado como alcalde en octubre de aquel mismo año.
La riada había terminado convirtiéndose también en uno de los episodios de mayor tensión entre determinadas autoridades valencianas y el poder central durante aquellos años.
El nacimiento del Plan Sur: sacar el Turia de la ciudad
La principal transformación impulsada después de la catástrofe fue la decisión de modificar el curso del Turia.
La idea era construir un cauce alternativo que evitara el paso del río por el centro de València.
Se estudiaron diferentes posibilidades para reducir el riesgo de nuevas inundaciones.
Finalmente se eligió la denominada Solución Sur, que contemplaba desviar el río por el sur de la capital.
La aprobación inicial llegó el 22 de julio de 1958.
Posteriormente, la Ley 81/1961, de 23 de diciembre, estableció las bases para ejecutar y financiar el Plan Sur.
El proyecto legal preveía construir un nuevo cauce de 12.692 metros de longitud, unos 200 metros de anchura y una capacidad de desagüe de diseño de 5.000 metros cúbicos por segundo.
La financiación de las obras hidráulicas quedó distribuida entre el Estado, el Ayuntamiento de València y la Diputación Provincial.
El Estado debía asumir el 75 % del coste, el Ayuntamiento el 20 % y la Diputación el 5 %.
La ejecución exigió una enorme intervención territorial, con nuevas infraestructuras, accesos y actuaciones hidráulicas.
Las obras principales se desarrollaron durante los años sesenta y el nuevo cauce terminó entrando en funcionamiento en los primeros años de la década de 1970.
De esta manera, el Turia dejó de atravesar la ciudad por su recorrido tradicional.
Del antiguo cauce al Jardín del Turia
El desvío del río abrió una cuestión decisiva: ¿qué hacer con el antiguo cauce?
Durante años se plantearon proyectos que contemplaban utilizar aquel espacio como una gran vía de circulación urbana.
La idea habría supuesto convertir buena parte del antiguo lecho del Turia en una infraestructura destinada al tráfico.
Sin embargo, surgió una importante movilización vecinal y ciudadana que reclamó un destino diferente.
Bajo el lema «El llit del Túria és nostre i el volem verd», los valencianos defendieron que el antiguo cauce se transformara en una zona verde.
Aquella reivindicación terminó imponiéndose.
El resultado fue el actual Jardín del Turia, uno de los principales espacios públicos de València.
Donde antiguamente circulaba el río se encuentran hoy jardines, instalaciones deportivas, paseos, espacios culturales y lugares de encuentro.
La transformación del cauce constituye una de las mayores intervenciones urbanísticas de la historia contemporánea de la ciudad.
¿Podría volver a producirse una inundación semejante?
La construcción del Plan Sur redujo de manera muy importante el riesgo de desbordamiento del Turia en el centro urbano.
Sin embargo, no significa que València y su área metropolitana estén completamente protegidas frente a todas las inundaciones.
Los estudios hidrológicos posteriores han revisado algunas de las estimaciones realizadas después de la riada de 1957.
En particular, existen investigaciones que plantean que el caudal real de aquella avenida pudo superar las cifras utilizadas originalmente.
Además, el riesgo de inundación depende de múltiples factores: las precipitaciones, el comportamiento de los barrancos, la ocupación del territorio, los sistemas de drenaje y la capacidad de respuesta ante una emergencia.
Por ello, la prevención no puede limitarse a una única gran infraestructura.
La vigilancia meteorológica, la ordenación territorial, el mantenimiento de cauces y barrancos y los sistemas de aviso a la población siguen siendo elementos fundamentales.
Sesenta y nueve años después, València no olvida
El 14 de octubre de 2026 se cumplieron 69 años de la Gran Riada de 1957.
Aquella tragedia pertenece a la historia de una València muy diferente de la actual, pero sus consecuencias todavía pueden reconocerse en el paisaje urbano.
El nuevo cauce del Turia, el Jardín del Turia y la propia estructura de la ciudad son herederos directos de las decisiones adoptadas después del desastre.
También permanecen las fotografías de las calles inundadas, los vehículos semisumergidos, los vecinos retirando barro y los edificios que muestran hasta dónde llegó el agua.
Para quienes vivieron aquellos acontecimientos, la Gran Riada representó una experiencia difícil de olvidar.
Para las generaciones posteriores, constituye una advertencia sobre la fuerza de los fenómenos extremos y la importancia de la prevención.
El 14 de octubre de 1957 no fue solamente el día en que el Turia se desbordó. Fue también el día en que comenzó a cambiar para siempre la historia de València.
Documentación histórica consultada
Universitat Politècnica de València. Estudio científico sobre la reconstrucción hidrológica y sedimentológica de la riada de 1957.
https://doi.org/10.4995/ia.2016.4772
Agencia Estatal de Meteorología (AEMET). Efemérides de fenómenos meteorológicos extremos.
Boletín Oficial del Estado. Ley 81/1961, de 23 de diciembre, sobre el Plan Sur de Valencia.
Las Provincias. Infografía histórica sobre la secuencia de la riada, los barrios afectados y el balance oficial de víctimas.
Enciclopèdia Catalana. Reconstrucción histórica de la Gran Riada y sus consecuencias sociales y políticas.
Ayuntamiento de València. Historia y transformación del antiguo cauce del Turia.
Colegio Territorial de Arquitectos de Valencia. Historia urbanística del Jardín del Turia.





