14 de octubre de 2026
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La Revolución de Octubre de 1934: la insurrección que puso contra las cuerdas a la Segunda República dos años antes de la Guerra Civil

Entre los episodios más graves de la Segunda República española se encuentra la Revolución de Octubre de 1934, un movimiento insurreccional que tuvo su máxima intensidad en Asturias y Cataluña y que dejó alrededor de 1.500 muertos, miles de heridos y decenas de miles de detenidos.

Los acontecimientos comenzaron tras la entrada de tres ministros de la CEDA en el Gobierno presidido por Alejandro Lerroux. Sectores del PSOE, la UGT y otras organizaciones de izquierda interpretaron aquella incorporación como una amenaza de avance autoritario en España, en un momento en el que el fascismo estaba creciendo en distintos países europeos. El Congreso de los Diputados incluye oficialmente entre los acontecimientos más relevantes de aquella legislatura tanto la Revolución de Asturias como la proclamación del Estado Catalán.

La derecha había ganado las elecciones de 1933

Para entender lo sucedido hay que retroceder a las elecciones generales de noviembre de 1933.

Las fuerzas de derecha obtuvieron una amplia representación parlamentaria y la CEDA, dirigida por José María Gil-Robles, se convirtió en la fuerza con mayor número de diputados.

Sin embargo, inicialmente no entró directamente en el Gobierno. Alejandro Lerroux, líder del Partido Republicano Radical, encabezó diferentes ejecutivos apoyados parlamentariamente por la CEDA.

La situación cambió en octubre de 1934, cuando tres miembros de esta formación pasaron a ocupar ministerios.

Para una parte de la izquierda socialista aquello representaba el riesgo de que España siguiera una evolución semejante a la experimentada por Austria o Alemania, donde movimientos autoritarios habían alcanzado el poder utilizando también mecanismos institucionales.

PSOE y UGT habían preparado un movimiento revolucionario

La protesta no surgió espontáneamente el mismo día de la entrada de los ministros de la CEDA.

Durante los meses anteriores, sectores socialistas habían trabajado en la preparación de una insurrección.

El propio Francisco Largo Caballero reconocería posteriormente que existió una comisión encargada de preparar el movimiento y que se enviaron instrucciones detalladas sobre cómo organizarlo y cómo actuar después de iniciada la lucha.

Indalecio Prieto también reconocería años después su participación en aquel proceso revolucionario.

La huelga general comenzó en los primeros días de octubre.

En gran parte de España tuvo un recorrido limitado o fue rápidamente controlada.

Pero en Asturias y Cataluña la situación evolucionó de manera completamente diferente.

Asturias se convirtió en una auténtica revolución armada

Asturias fue el principal escenario de la insurrección.

Allí se produjo una excepcional alianza entre socialistas, anarquistas y comunistas, especialmente fuerte entre los trabajadores de las cuencas mineras.

Los revolucionarios ocuparon ayuntamientos y cuarteles, consiguieron armas y llegaron a controlar amplias zonas de la región.

También avanzaron sobre Oviedo.

Los combates adquirieron una intensidad que no se produjo en ninguna otra parte de España. Los insurrectos pretendían hacerse con el poder y transformar el orden político y social existente.

El Gobierno de la República reaccionó enviando al Ejército.

El Ejército de África fue enviado para aplastar la rebelión

Para sofocar la insurrección asturiana se recurrió a unidades del Ejército de África, entre ellas legionarios y tropas regulares.

El general Francisco Franco, que entonces no encabezaba ninguna rebelión contra la República, participó desde Madrid en el asesoramiento y planificación de las operaciones militares.

Conviene precisar este punto: Franco desempeñó un papel importante, pero no fue quien personalmente mandó todas las tropas desplegadas sobre el terreno.

Después de cerca de dos semanas de combates, los revolucionarios terminaron rindiéndose.

La represión posterior fue muy dura. Diversas investigaciones hablan de torturas, miles de detenidos y alrededor de 10.000 encarcelados solo en Asturias durante determinados momentos posteriores a la insurrección.

En Cataluña, Companys proclamó el Estado Catalán

Mientras Asturias vivía una revolución social y armada, Cataluña protagonizaba otro tipo de insurrección.

El presidente de la Generalitat, Lluís Companys, proclamó el «Estado Catalán de la República Federal Española».

No se trató exactamente del mismo movimiento que el asturiano ni perseguía idénticos objetivos.

Companys esperaba que estuviera produciéndose una movilización general en España y reclamó al general Domingo Batet que se pusiera a las órdenes del Gobierno catalán.

Batet permaneció leal al Gobierno de la República.

La insurrección fue sofocada en apenas unas horas. Companys y los miembros de su Gobierno fueron detenidos y posteriormente condenados. La autonomía catalana quedó suspendida temporalmente.

¿Cuántas personas murieron?

Las cifras exactas varían según los estudios y no conviene presentar un único número como absolutamente definitivo.

Las investigaciones históricas actuales sitúan generalmente el número de fallecidos en torno a 1.500 personas, sumando revolucionarios, fuerzas del orden, militares y civiles.

También hubo miles de heridos.

El número de detenidos llegó a situarse en varias decenas de miles en toda España. Algunas fuentes hablan de aproximadamente 20.000 y otras elevan la cifra por encima de 30.000 dependiendo del momento y del criterio utilizado.

Por eso, la afirmación de que hubo «entre 1.500 y 2.000 muertos y cerca de 30.000 presos políticos» que aparece en algunas publicaciones de redes sociales debe tomarse como una aproximación, no como un balance cerrado.

¿Fue la Revolución de 1934 el comienzo de la Guerra Civil?

Aquí aparece uno de los debates históricos más controvertidos.

Algunos autores han considerado la insurrección de octubre de 1934 como una especie de preludio o primera batalla de la Guerra Civil.

Otros historiadores rechazan establecer una relación automática entre ambos acontecimientos.

Lo indiscutible es que octubre de 1934 profundizó enormemente la fractura política española.

Una parte de la izquierda había tratado de modificar por la fuerza el resultado político surgido de las elecciones de 1933, mientras que la represión posterior incrementó todavía más el resentimiento y la radicalización.

La convivencia política quedó seriamente deteriorada.

Largo Caballero y la radicalización socialista

Francisco Largo Caballero desempeñó un papel fundamental en esta etapa.

El dirigente socialista había evolucionado hacia posiciones revolucionarias y defendía que el PSOE debía estar preparado para conquistar el poder por medios distintos a los estrictamente parlamentarios si las circunstancias lo exigían.

Documentos parlamentarios posteriores recogen varias de sus declaraciones de aquellos años.

En la campaña electoral de 1936 se le atribuye una de las frases más conocidas:

«Quiero decirles a las derechas que, si triunfan, tendremos que ir a la guerra civil declarada».

La frase está documentada en fuentes de la época y posteriormente ha sido reproducida en documentación oficial de las Cortes.

Sin embargo, tampoco sería correcto explicar la posterior Guerra Civil únicamente a partir de estas declaraciones o de la Revolución de 1934.

Dos años después estallaría la Guerra Civil

España continuó atravesando una extraordinaria inestabilidad durante los dos años siguientes.

En febrero de 1936 el Frente Popular ganó las elecciones.

Companys y otros condenados por los acontecimientos de octubre fueron amnistiados y el dirigente catalán recuperó la presidencia de la Generalitat.

La violencia política siguió aumentando.

Finalmente, el 17 y 18 de julio de 1936, una parte del Ejército protagonizó un golpe militar contra el Gobierno de la República.

El fracaso parcial del golpe dividió territorialmente España y dio comienzo a una Guerra Civil que duraría casi tres años.

Un episodio que todavía genera controversia

La Revolución de Octubre de 1934 continúa siendo objeto de interpretaciones políticas completamente enfrentadas.

Para unos representa la demostración de que sectores de la izquierda abandonaron la legalidad republicana cuando el resultado electoral dejó de favorecerles.

Para otros debe interpretarse dentro del miedo existente entonces a la expansión del fascismo europeo y de un proceso de radicalización que afectaba a prácticamente todo el espectro político español.

Ambas circunstancias forman parte del contexto histórico.

Lo que está fuera de discusión es que octubre de 1934 no fue simplemente una huelga laboral.

En Asturias se produjo una insurrección revolucionaria armada y en Cataluña el Gobierno autonómico protagonizó una rebelión institucional contra el Gobierno central.

Y aquellos acontecimientos dejaron una profunda herida política y social en una República que, menos de dos años después, terminaría precipitándose en la Guerra Civil.

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