Recuerdo de la Casa de la Misericòrdia. El amparo de los más débiles

Constituciones de la Misericòrdia. 1719. A. P. R. S.

Constituciones de la Misericòrdia. 1719. A. P. R. S.

El 4 de enero de 1671 se puso la primera piedra en los cimientos de la que sería “Casa y Hospital de Nuestra Señora de la Misericordia y Todos los Santos”, más conocida como la Casa de la Misericòrdia, centro caritativo construido sobre los solares de la Morería (barrio del Carmen), frente a Sant Miquel, en cuya vecindad se hallaba la capilla de los Peraires.

La Casa de la Misericòrdia es un centro caritativo construido sobre los solares de la Morería (barrio del Carmen)

La institución fue creada para acoger a niños, viejos e inválidos desamparados. Se admitían, con preferencia, los niños expósitos procedentes de La Inclusa después de cumplir los siete años y los tullidos y huérfanos con informes del alcalde de barrio o del cura párroco a cuya jurisdicción vecinal perteneciesen. En 1779 se aprueban las constituciones de la Congregación de la Misericordia, fundada por la Real Casa de ese nombre, que recogía la normativa para toda clase de mujeres dedicadas al consuelo espiritual y corporal de los pobres, bajo el patrocinio de la Verge de la Misericòrdia.

A mediados del siglo XIX el asilo presentaba una gran decadencia y los más de quinientos pobres se mantenían con aproximadamente, trece mil pesetas anuales. A partir del año 1848 pasó a depender de la Diputación Provincial.

Las niñas y niños eran sacados a paseo por la ciudad los jueves y domingos, pudiendo jugar esos días en el viejo cauce del río. Cuando llegaba la Navidad, se organizaba la “Fiesta del Árbol” y se obsequiaba a los niños residentes con juguetes.

Las niñas y niños eran sacados a paseo por la ciudad los jueves y domingos, pudiendo jugar esos días en el viejo cauce del río. Cuando llegaba la Navidad, se organizaba la “Fiesta del Árbol” y se obsequiaba a los niños residentes con juguetes. En Pascua se celebraba también el “Día de la Mona”. A los internados se les proporcionaban catxirulos y bajaban a empinarlos al cauce del río. Por la tarde se repartía la merienda: las clásicas monas, huevos duros, naranjas y panquemados. No faltaba la música, los juegos y alguna elevación de aeróstatos.

Colegio Casa de la Misericordia. 1911. A. P. R. S.

Colegio Casa de la Misericordia. 1911. A. P. R. S.

La institución fue trasladada a nuevas instalaciones situadas en el barrio de Soternes, próximo al Hospital General

Todo aquel complejo benéfico se demolió en 1955 a excepción de su santuario de estilo neobizantino, cuya puerta principal recae a la calle del Pintor Zariñena, actual parroquia de Nuestra Señora del Puig. La institución fue trasladada a nuevas instalaciones situadas en el barrio de Soternes, próximo al Hospital General, y allí se conserva el famoso cuadro de la Verge de la Misericòrdia, obra de Vicente López.

La Moma en la Casa de la Misericòrdia. 1911. A. P. R. S.

La Moma en la Casa de la Misericòrdia. 1911. A. P. R. S.

Niños y ancianos que un día deambulaban por las calles de la ciudad solicitando limosna, fueron acogidos por nobles manos de misericordia. Casi trescientos años de excelsa humanidad.

A.P.R.S.: Archivo privado de Rafael Solaz

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3 Responses to "Recuerdo de la Casa de la Misericòrdia. El amparo de los más débiles"

  1. Javier Luna  2 de octubre de 2013 at 22:27

    Los relatos con los que nos acostumbra a obsequiar/deleitar Rafael Solaz cuentan con temáticas diferenciadoras que pueden satisfacer, en mayor o menor grado, los gustos de quienes los leen.
    En el referente al de la “Casa de la Misericòrdia” no cabe más que una valoración incuestionable y que no es otra que la de reconocer que supo atender, con los medios de aquel entonces, las necesidades de los más débiles.
    Que, con independencia de nuestra creencia religiosa, no perdamos nunca la capacidad de ser misericordiosos, que es la más alta/significativa demostración de nuestra compasión, ternura y bondad.

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  2. Julio Cob Tortajada  5 de octubre de 2013 at 00:45

    Independientemente de las creencias religiosas de cada uno, el reconocimiento a las instituciones devotas en la Fe está más que justificado por su labor en ayuda de los necesitados que han venido realizando desde siglos. Sirva de ejemplo la Casa de la Misericordia cuya historia en Valencia nos desmenuza Rafael Solaz dentro de su variada temática como fruto de su interés por todo lo referente a nuestra ciudad. Puede que sea sorprendente su capacidad de conocimiento sobre nuestro pasado histórico, pero quienes tenemos la fortuna de conocerle, sabemos de su infinito saber de nuestra Valencia, cual mejor de los maestros siempre dispuesto a enriquecernos gracias a su incondicional desprendimiento.

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