En el lenguaje político cotidiano es habitual escuchar que la izquierda es «progresista» y que la derecha es «conservadora». La comparación sirve para orientarse, pero simplifica demasiado una realidad política mucho más compleja.
En términos generales, el progresismo suele estar asociado a la izquierda porque defiende cambios sociales, nuevas regulaciones y ampliaciones de derechos. El conservadurismo, por su parte, suele relacionarse con la derecha porque concede más importancia a la continuidad de determinadas instituciones, tradiciones y formas de organización social.
Pero izquierda, derecha, progresismo, conservadurismo y liberalismo no significan exactamente lo mismo.
Índice de contenidos
Qué significa ser progresista
El progresismo parte de la idea de que la sociedad debe evolucionar y que las leyes e instituciones pueden modificarse para adaptarse a nuevas circunstancias.
Habitualmente se relaciona con cuestiones como la ampliación de derechos civiles, la igualdad entre distintos grupos sociales, la protección de las minorías o una mayor intervención pública para corregir desigualdades.
Por ese motivo, la mayoría de los partidos de izquierda actuales se definen, directa o indirectamente, como progresistas.
Sin embargo, ser progresista no implica necesariamente defender todas las propuestas económicas tradicionalmente asociadas a la izquierda.
Qué significa ser conservador
El conservadurismo concede un mayor valor a la continuidad, la estabilidad y las instituciones que han ido conformándose a lo largo del tiempo.
Eso no significa necesariamente oponerse a cualquier cambio.
Un conservador puede aceptar reformas, pero normalmente defenderá que se produzcan de forma gradual y evitando transformaciones que considere demasiado rápidas o que puedan alterar instituciones que considera fundamentales.
La familia, la seguridad, la propiedad privada, la tradición o la estabilidad institucional suelen ocupar un lugar importante dentro de las distintas corrientes conservadoras.
La derecha no es únicamente conservadora
Aquí aparece una de las principales confusiones.
Dentro de la derecha existen corrientes muy diferentes.
Una persona puede ser conservadora en cuestiones sociales y liberal en economía. Otra puede defender posiciones sociales relativamente abiertas pero reclamar menos impuestos, menor intervención pública y más libertad empresarial.
Por eso existen términos como derecha liberal, derecha conservadora o centroderecha.
¿Y qué significa liberal?
El liberalismo coloca la libertad individual en el centro de la organización política y económica.
En el terreno económico suele defender la propiedad privada, la competencia, la iniciativa empresarial y una menor intervención del Estado.
Pero históricamente el liberalismo también ha defendido libertades civiles, libertad religiosa, libertad de expresión y límites al poder político.
Esto explica por qué algunas personas pueden ser económicamente de derechas pero socialmente progresistas.
Izquierda y derecha tampoco son bloques homogéneos
La izquierda incluye desde posiciones socialdemócratas relativamente moderadas hasta corrientes que plantean transformaciones profundas del sistema económico.
Lo mismo sucede en la derecha, donde pueden convivir conservadores, liberales, democristianos, nacionalistas y otras tendencias.
Además, una persona puede adoptar posiciones diferentes según el asunto.
Puede defender más intervención pública en sanidad y, al mismo tiempo, menos regulación empresarial. O apoyar determinados cambios sociales mientras mantiene posiciones conservadoras en otros ámbitos.
¿Dónde queda el centro?
El centro político intenta situarse entre ambas grandes familias.
Los partidos de centro suelen combinar propuestas asociadas a la izquierda y a la derecha, intentando adoptar posiciones moderadas en economía, cuestiones sociales e instituciones.
De ahí surgen también conceptos como centroizquierda y centroderecha.
La centroizquierda suele aceptar la economía de mercado, pero defiende un Estado del bienestar amplio y políticas redistributivas.
La centroderecha también acepta el Estado del bienestar, aunque acostumbra a defender menor presión fiscal, más iniciativa privada y posiciones sociales más moderadas o conservadoras.
¿Y los extremos?
Cuando las posiciones se alejan considerablemente del centro aparecen las denominaciones de extrema izquierda y extrema derecha.
La extrema izquierda suele defender transformaciones económicas y sociales mucho más profundas que la izquierda convencional, cuestionando en algunos casos elementos fundamentales del sistema capitalista.
La extrema derecha suele poner un fuerte énfasis en cuestiones como la identidad nacional, la inmigración, la autoridad, la seguridad o la soberanía, adoptando posiciones más radicales que la derecha tradicional.
Una división que nació hace más de dos siglos
Los términos izquierda y derecha tienen su origen en la Revolución Francesa.
En la Asamblea Nacional francesa, quienes defendían posiciones más favorables a transformar el sistema político se sentaban a la izquierda, mientras quienes defendían posiciones más próximas al orden existente se situaban a la derecha.
Aquella distribución física terminó convirtiéndose en una de las formas más utilizadas para describir la política moderna.
Más de dos siglos después seguimos utilizando esas dos palabras, aunque las ideas situadas dentro de cada bloque han cambiado enormemente.
Por eso, decir simplemente que la izquierda es progresista y la derecha conservadora puede servir como primera aproximación, pero no explica por completo las numerosas corrientes políticas que existen actualmente.







