Hoy resultaría difícil de imaginar, pero durante buena parte del siglo XX en España se comercializaron vinos quinados que se presentaban como productos reconstituyentes y se publicitaban incluso para los niños.
Marcas como Kina San Clemente, Quina Santa Catalina o Sansón formaron parte de los recuerdos de varias generaciones. Sus anuncios hablaban de energía, apetito y fortaleza, en una época en la que la percepción social del alcohol era muy distinta a la actual.
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“Da unas ganas de comerrrr…”
Uno de los casos más recordados fue el de Kina San Clemente, un vino quinado producido por López Hermanos, en Málaga.
Su gran éxito publicitario llegó con Kinito, un personaje infantil de dibujos animados creado para promocionar la bebida. Aparecía caracterizado de diferentes maneras y terminaba sus intervenciones con una frase que quedó grabada en la memoria colectiva:
“¡Da unas ganas de comerrrr!”
La publicidad llegaba a presentar el vino quinado como apropiado tanto para adultos como para niños y lo asociaba directamente con el aumento del apetito.
Quina Santa Catalina: “Es medicina y es golosina”
Otra de las marcas más populares fue Quina Santa Catalina.
Su lema no dejaba demasiado lugar a dudas sobre cómo pretendía posicionarse el producto:
“Es medicina y es golosina”.
La frase llegó incluso a registrarse como marca publicitaria en 1962. Los vinos quinados se presentaban entonces como tónicos o reconstituyentes, una tradición que se remontaba a finales del siglo XIX.
La quina procedía de la corteza del árbol de la cinchona y su componente más conocido, la quinina, tuvo durante mucho tiempo importancia médica por su utilización contra la malaria.
Pero una cosa era la quinina como medicamento y otra muy diferente aquellos vinos dulces comercializados como reconstituyentes.
Sí: llevaban alcohol
Este es quizá el detalle que más sorprende actualmente.
Aquellos productos no eran simples jarabes infantiles. Eran vinos y, por tanto, contenían alcohol.
Fuentes que han estudiado aquella publicidad sitúan algunos de estos vinos quinados alrededor de los 13 a 15 grados de alcohol, cifras comparables a las de muchos vinos actuales.
Aun así, durante los años cincuenta y sesenta podían encontrarse anuncios que los recomendaban expresamente para los más pequeños.
Visto desde la perspectiva actual resulta extraordinario.
Cuando una copita se consideraba un remedio doméstico
En numerosas familias españolas quedó el recuerdo de una pequeña copa de quina antes de comer cuando un niño estaba “desganado”.
También existen testimonios sobre mezclas de vino quinado con yema de huevo, leche u otros alimentos, consideradas entonces una especie de reconstituyente casero.
No era una extravagancia aislada.
Durante décadas existió una percepción mucho más permisiva del consumo infantil de pequeñas cantidades de alcohol. Prácticas como dar pan mojado en vino o permitir que los niños probaran determinadas bebidas no tenían la consideración social que tendrían actualmente.
Una publicidad que hoy sería impensable
La historia de Kina San Clemente constituye además un curioso ejemplo de cómo ha cambiado la publicidad.
Kinito era directamente un personaje infantil utilizado para vender vino.
Algunos anuncios mostraban el producto acompañando incluso la merienda de los niños. Una campaña de estas características sería hoy incompatible con las normas de protección de menores y con los conocimientos actuales sobre los efectos del alcohol.
La imagen de un niño bebiendo una copa mientras una madre sonríe puede parecer actualmente una recreación humorística, pero refleja una costumbre y, sobre todo, una publicidad que realmente existieron.
De remedio familiar a recuerdo de otra España
Con el paso del tiempo, estos productos fueron desapareciendo de la vida cotidiana infantil y cambiaron radicalmente las recomendaciones sanitarias.
Hoy sabemos que no existe un consumo de alcohol considerado seguro para los menores.
Pero los viejos anuncios de Kinito, las botellas de Kina San Clemente y el famoso lema de Quina Santa Catalina permanecen como documentos extraordinarios de una España que veía la alimentación, la infancia y la salud de una manera muy diferente.
Para quienes vivieron aquellos años, basta escuchar una frase para volver inmediatamente a aquella época:
“¡Da unas ganas de comerrrr!”
Y seguramente más de uno todavía recuerda aquella pequeña copita que aparecía en la mesa antes de comer.






