Hubo una época en la que comprar una golosina no significaba únicamente comérsela. Por unas pocas monedas, muchos niños podían llevarse a casa un pequeño juguete de plástico lleno de diminutas bolitas de colores con sabor a anís.
Eran sencillos, baratos y hoy despiertan una enorme nostalgia entre quienes crecieron durante las décadas de los 60, 70, 80 e incluso los primeros años de los 90.
Animalitos, sifones, chupetes, sonajeros, pequeñas botellas, pistolas, escopetas o curiosos recipientes transparentes servían como envase para aquellas pequeñas grageas de colores.
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Una golosina y un juguete al mismo tiempo
Parte de su atractivo estaba precisamente en elegir el recipiente.
Los niños podían pasar varios minutos delante del expositor del quiosco buscando el modelo que más les gustaba. Después comenzaba un pequeño ritual: agitar el juguete, escuchar cómo chocaban las bolitas en su interior y comerlas poco a poco.
Cuando desaparecía la última golosina, el envase no acababa necesariamente en la basura.
Para muchos comenzaba entonces una segunda vida como juguete.
Las pequeñas pistolas podían utilizarse en los juegos infantiles, los animales se incorporaban a colecciones improvisadas y los recipientes más originales terminaban guardados en cajones durante años.
Aquellas pequeñas bolitas de colores
Las golosinas eran minúsculas y generalmente tenían una cubierta dura de azúcar, con colores muy llamativos.
Uno de los sabores que muchas personas recuerdan especialmente es el anís, aunque existieron diferentes versiones dependiendo del fabricante y de la época.
No era necesario que hubiera una gran cantidad. El atractivo estaba en el conjunto: la golosina, el recipiente y la sorpresa de estrenar un juguete nuevo.
El quiosco como centro de la infancia
Estos productos pertenecen también a una época en la que el quiosco del barrio ocupaba un lugar fundamental en la vida cotidiana de los niños.
Con unas monedas se podía comprar una bolsa de pipas, regaliz, chicles, caramelos, cromos o alguno de estos pequeños juguetes con golosinas.
La elección se convertía muchas veces en una decisión importantísima.
¿El sifón? ¿El animal? ¿La escopeta? ¿El chupete?
El contenido era prácticamente el mismo, pero el recipiente podía marcar la diferencia.
Juguetes imposibles en la actualidad
Algunos de aquellos diseños llaman especialmente la atención vistos desde la perspectiva actual.
Era habitual encontrar golosinas dentro de reproducciones de pistolas o escopetas de plástico, algo que entonces se comercializaba con absoluta normalidad como juguete infantil.
También había silbatos, pequeñas herramientas y numerosas formas que hoy resultarían difíciles de encontrar en los expositores destinados a niños.
Son objetos que permiten comprobar cuánto han cambiado no solamente las golosinas, sino también la propia concepción del juguete infantil.
Pequeños objetos que hoy son piezas de colección
Con el paso de los años, muchos de aquellos juguetes acabaron desapareciendo.
Precisamente por eso los ejemplares conservados despiertan ahora interés entre coleccionistas de juguetes antiguos, envases y objetos publicitarios.
Lo que en su momento costaba unas pocas pesetas puede convertirse décadas después en un pequeño objeto de colección y, sobre todo, en una máquina de despertar recuerdos.
Porque basta contemplar uno de aquellos recipientes transparentes lleno de bolitas multicolores para regresar mentalmente al quiosco de la esquina.
A las monedas en el bolsillo.
A la indecisión frente al expositor.
Y a aquella época en la que una simple chuche podía proporcionar también horas de juego.
¿Tú también las recuerdas? ¿Cuál comprabas: el chupete, el sifón, el animalito o la escopeta?






