El artista responde a la desaparición de su intervención en el histórico jardín de Valencia con una reflexión sobre el carácter efímero del arte callejero. «Creo en la impermanencia de las cosas», afirma, y defiende lo que denomina «gimnasia del desapego».


El derribo del antiguo quiosco del Parterre de Valencia ha dejado una imagen llamativa: una obra de arte urbano todavía visible en un muro mientras las máquinas demolían la construcción que la sostenía.
La intervención pertenecía a The Photographer, creador que había utilizado una de las paredes exteriores del establecimiento como soporte para su trabajo artístico.
El quiosco, situado junto al Palacio de Justicia, llevaba más de diez años cerrado y ha sido demolido dentro de una actuación municipal para recuperar el espacio del jardín.
Pero la desaparición del inmueble también implica la pérdida de una creación que formaba parte del paisaje urbano.
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La obra seguía visible entre los escombros
Las fotografías tomadas durante la demolición muestran parte de la construcción reducida a escombros.
Entre los restos permanece visible un fragmento de pared revestida de azulejos con una figura en blanco y negro.
Se trata de la intervención artística de The Photographer.
La imagen resulta especialmente significativa porque muestra el contraste entre una obra creada sobre un elemento urbano y la desaparición física de ese mismo soporte.
¿Qué opina el artista de que destruyan su obra?
Consultado directamente sobre el derribo del quiosco y la desaparición de su intervención, The Photographer no ha expresado una protesta por la pérdida de la obra.
Su respuesta ha sido una reflexión sobre la naturaleza del arte urbano.
«Creo en la impermanencia de las cosas y por tanto, este derribo es parte de esa impermanencia. Está en el ADN del arte urbano».
El artista considera que la transformación de los espacios forma parte de la realidad de quienes deciden trabajar en la calle.
«Gimnasia del desapego»: aprender a dejar desaparecer las obras
The Photographer utiliza una expresión propia para definir esta filosofía.
«Por otra parte es una práctica de lo que yo llamo “Gimnasia del desapego” cuya práctica es diaria desde el momento en que he decidido que la calle sea el lienzo donde se desarrolla mi obra».
Con estas palabras, el creador explica que realizar intervenciones artísticas en espacios públicos supone aceptar que no siempre permanecerán.
La calle no es una galería donde las obras se conservan necesariamente durante años.
Es un espacio cambiante, donde las paredes se pintan, los edificios se transforman y las construcciones desaparecen.
Un quiosco cerrado desde hace más de una década
El antiguo establecimiento del Parterre llevaba más de diez años sin actividad.
El Ayuntamiento de Valencia ha decidido demolerlo para recuperar la superficie que ocupaba y mejorar la integración del espacio en el jardín.
Los trabajos se han desarrollado junto al Palacio de Justicia, en pleno centro de la ciudad.
La retirada de la construcción supone también la desaparición de uno de los soportes utilizados por artistas urbanos para sus intervenciones.
La fotografía conservará lo que la ciudad ha perdido
Aunque la obra desaparezca físicamente, las imágenes tomadas durante el derribo permiten documentar su existencia.
Las fotografías muestran el último estado de la intervención y el momento en que el edificio que la sostenía estaba siendo desmontado.
La escena se convierte así en un testimonio de la transformación del espacio urbano.
Lo que durante un tiempo formó parte del paisaje cotidiano del Parterre quedará conservado en imágenes.
El arte urbano también tiene fecha de caducidad
La desaparición de la intervención abre una reflexión sobre el valor del arte callejero.
A diferencia de otras disciplinas, muchas obras urbanas se crean sin garantías de permanencia.
Su existencia depende de las paredes, los edificios y los espacios donde se realizan.
The Photographer asume esta circunstancia como una parte fundamental de su trabajo.
Para el artista, aceptar la desaparición de sus creaciones no significa restarles importancia, sino comprender el entorno en el que nacen.
El derribo del quiosco del Parterre se lleva una obra de arte urbano, pero deja también una reflexión de su autor: la ciudad cambia, las paredes desaparecen y el arte que vive en ellas forma parte de esa misma transformación.






